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DOS POLICÍAS Hacía tiempo que no sentía tanto placer por una penetración anal, en este caso significó que de un momento a otro cada vez el placer era más intenso, yo seguí limpiando las vergas de los dos policías

 

 

Lo que les voy a contar hoy, es una fantasía hecha realidad. Siempre me habían atraído, a la vez que repelido, los policías. Donde vivo es una ciudad lo suficientemente grande, para que en ella existan varias seccionales de policía, suceden muchas marchas y manifestaciones, existe un cuerpo de policía montada, etc., etc. Cuestión es que muchas veces me he cruzado con uniformados de esta fuerza, y siempre me he encontrado mirándolos con deseo, salvo en oportunidades donde los he visto reprimiendo, y ese deseo sexual se invierte. Bien, en esta oportunidad estábamos con unos amigos celebrando el final de año, habíamos tomado muchas cervezas, y el efecto propio de ello implica borrar ciertas barreras inhibitorias, que lleva a que uno haga lo que desea, sin medir muchas veces el peligro, o sin siquiera importarle demasiado en qué terminará la situación por uno generada. En definitiva, ya cerca de las tres de la mañana, decidimos con un amigo regresar caminando a nuestro barrio, ya que él vive cerca de mi casa, y solo nos separaban del bar donde estábamos, apenas unas trece o catorce cuadras.

Después de transitar por una avenida, nos desviamos media cuadra hacia la casa de mi amigo, la charla había tenido un alto contenido sexual, en que no podía dilucidar si mi amigo estaba contándome experiencias de su adolescencia con aclaraciones muy precisas, sobre prácticas con otros chicos del mismo sexo, con intención de que suceda algo entre nosotros, o eso era solo parte de mi deseo, producido en gran parte por el alcohol ingerido. Luego de estar parados en la calle conversando en ese lugar durante más de media hora, decidimos seguir y cada uno dirigirse a su casa. La sorpresa se da cuando al retroceder sobre mis pasos y llegar nuevamente a la avenida, me encuentro que a media cuadra hay un patrullero estacionado en un lugar algo oscuro.

Esa media cuadra estaba en el sentido contrario a la dirección de mi casa, pero sentí una gran excitación de pasar por al lado del patrullero y ver si podía mantener algún tipo de contacto. Así fue que pasé por la vereda oscura, llegué a la esquina, y regresé pasando nuevamente junto a ellos. Cuando me ven venir, bajan del patrullero, me paran y me piden muy amablemente si les puedo entregar el documento de identidad. Eran dos policías, una mujer y un hombre. La mujer toma mi documento y se dirige a la patrulla a corroborar mis datos. El policía empieza a justificarse del por qué me están parando, él no se daba cuenta que yo en realidad estaba gozoso de la situación. Tardó mucho en volver la mujer policía, mientras yo empecé a interrogarlo sobre si se daban situación de sexo en la oscuridad de la noche entre personal de la fuerza.

Él, un tanto incómodo, me contestó que sí, aunque parecía que le gustaba tratar el tema con un desconocido. Me comentó que no siempre, pero que la noche daba para todo... Me agarré de ese "para todo" y le seguí preguntando, por ejemplo, si también había algún tipo de práctica con varones, mientras que en ese momento me rozó con su mano mi bulto, que a decir verdad, por el tamaño que sobresale un poco de lo normal y por el pantalón de tela fina, de verano, dejaba ver una notable erección. El policía se sonrió e irónicamente me dijo: -"me parece que vos sos medio putito... ¿me equivoco?".Yo le devolví la sonrisa, y le dije: -"sucede que frente a un uniformado todos somos medios putitos, y se nos hace agua la boca de solo imaginar qué se esconde debajo de esos pantalones...".

En eso llegó la mujer policía quien había corroborado que todo estaba en orden. Me devolvió el documento y se retiró a la patrulla, mientras el policía me recomendó que llegue a mi casa a descansar, al otro lado del parque, y que lo atraviese sin miedo, que en ese parque de noche no sucede nada, mientras se despidió frunciendo la boca, como si me tirara un besito al aire, a la vez que se sonreía, y ahora era él quien se acariciaba el paquete.

Toda la situación había movilizado mi morbo, y ¡estaba más que excitado!!! Hacía calor, estaba ebrio, nada me impedía atravesar el parque de cuatro manzanas que se interponía ante mí. Este parque tiene algunos caminos internos, donde suelen ingresar autos de día, pero de noche no son calles que sean transitadas, y es lo suficientemente grande para que la gente no lo atraviese caminando de noche, pues está no del todo iluminado y algunas zonas quedan totalmente a oscuras.

Iba caminando, distraído a la vez que concentrado en lo que había sucedido, cuando la voz de "Alto, policía" me detuvo, y una luz sumamente potente me encandilaba desde unos pasos adelante y al costado mío. Esa era una de las zonas oscuras existentes en el parque, que la policía estaba utilizando para agarrar desprevenidos a los peatones nocturnos. Intenté ver algo, pero la luz del reflector era tan potente que prácticamente me encandilaba. Distinguí dos voces masculinas que me ordenaron darle mis espaldas y levantar las manos. Si bien al inicio me asusté un poco, pues esta vez no era una situación por mi programada, enseguida supuse que algo bueno podría sacar a mi favor de ese momento.

Se me acercó por detrás uno de ellos, me metió sus brazos por debajo de los míos, podría decir que me manoseó de sobremanera en el pecho y el abdomen a la vez que me preguntaba rozándome con su boca mi cuello y mi oído, -"¿vamos a ver si estás cargado, si?". Metió tanta mano que luego se deslizó por delante de mi verga, que seguía muy excitada, y luego siguió por mis nalgas y mis muslos, y llevó a que se dirija al otro oficial, diciéndole: -"fijate vos Gutiérrez, para que veas qué te parece. El oficial Gutiérrez se acercó y prácticamente hizo lo mismo, al terminar me pellizcó la cola y me dio un chirlo, que sonó mucho, ya que el pantalón era de tela muy delgada, de esos que se ajustan solo con un elástico de la cintura.

Ante el chirlo, yo reaccioné con un quejido, mitad dolor mitad placer, y ellos se dieron cuenta. Así fue que me ordenaron que me dé vuelta, que baje los brazos y que le diga que hacía a esa hora ahí. Le dije que me dirigía a mi casa. Me preguntaron porque estaba así de excitado, mientras uno de ellos se refregaba la bragueta sin disimulo. Ahí sentí que mi fantasía estaba por cumplirse. Le respondí que mi fantasía era poder chuparle la pija a un uniformado.

Me ordenaron que me baje los pantalones, y al darse cuenta que no usaba calzoncillos, se rieron socarronamente y con uno de esos palos de goma que usan, me hicieron bambolear la verga y los testículos. Luego me pidieron que me de vuelta, y ponderaron mi culo, metiendo la punta de su palo de goma, entre los cachetes a la altura de mi ano. Yo ya tenía una erección plena y me costaba mucho esfuerzo no tocarme la verga con alguna de mis manos. Ellos se dieron cuenta, y empezaron a insultarme, con frases tales como: -"habías resultado muy putito... ¿quién lo hubiera dicho?", -"Seguro que sos un chupa pija profesional", -"más que putito, me parece que sos una putita, ¿a ver?", y ahí me pegaban un chirlo que yo aprovechaba para darles la razón.

En otro momento uno me tomó de los pelos y me tiró hacia atrás, a la vez que me hacía sentir su aliento a alcohol y me pedía que repitiese lo que él decía: -"vamos, reconócelo, decinos con tu propia voz: 'soy una putita chupa pija'", y yo como un autómata repetía: "soy una putita chupa pija". Los dos policías eran muy, pero muy lindos, tendrían unos 35 a 40 años, y el bulto que ambos exhibían hacían prometer que esa noche no la iba a pasar nada mal... Luego, el otro me agarró y apretando mis genitales con su mano me obligó a pedirle: -"¡Por favor, quiero chuparles las pijas!!". Mientras que burlonamente Gutiérrez dijo: -"por supuesto, estamos para servir a los ciudadanos. ¡Vamos, arrodíllate y empezá!!", ordenó uno de ellos dándome un empujón y tirándome al suelo.

Allí, al primero que estaba empecé por desabrochar su cinturón y bajar sus pantalones, le sobé un poco la verga por encima de su calzoncillo y la saqué, saliendo cual si tuviera un resorte, y generándome una sorpresa sin igual ya que era un poquito más grande que la mía, llegando a unos 20 cms. con unos huevos espectaculares. Sin hacerlo esperar empecé a chuparla con una ansiedad como nunca antes lo había hecho. El otro policía empezó a tocarse por encima del pantalón y a los minutos estaba también con su hermosa verga al aire, meneándosela con su mano. Al ver esto estiré mi mano, y mientras chupaba una, con mi mano pajeaba la otra verga.

El dueño de la verga que tenía en mi boca, no paraba de suspirar y de decir cosas morbosas, tales como -"se ve que sos experto en esto", "debes de llevar toda una vida chupando vergas, puto reventado", "¿cómo te debes de tragar la leche?, ¡debes ser un adicto a la leche de macho!!!", "también te debe gustar sentirla adentro del culo, ¿no es cierto, puto, reputo?". Yo asentía como podía a todo lo que me decían, era un extraño placer por sentirme humillado. Con mis manos estaba apoyado en los borceguíes, y también era extraño el placer de acariciarlos o reparar atención tanto en ellos, como en su indumentaria, o en la funda de su revolver, o en el cinturón de cuero de donde colgaban las esposas. En mi cuerpo empecé a sentir una sensación de placer como nunca había sentido, algo como ligado a una plenitud inexplicable. Estuve yendo con mi boca de una pija a la otra durante un largo rato, intercalado con chupadas de los huevos respectivos, hasta que primero Gutiérrez y luego el otro oficial acabaron como pocas veces he sentido que acabara un varón.

Por una cuestión de cuidarme, siempre he sido reticente en mis prácticas sexuales a chupar pijas, por más que esa sea una de mis fantasías más preciadas. He chupado muchas, pero en sueños..., al despertarme he renegado por no haber sido esa situación real, y he intentado seguir soñando, para que al menos pueda generar un registro en mis recuerdos de alguna pija preciada desde mis deseos, ocupando toda mi boca. Acá, en el parque fue diferente, sabía que lo que estaba haciendo era peligroso para mi salud, pero sabía también que no estaba a mi alcance el poder poner algún tipo de límites a estos policías. Fue entonces que decidí disfrutar, y esperar que nada malo sucediera.

Ambos policías quisieron acabar en mi boca, no pude resistirme ya que con sus manos me tenían totalmente aprisionado, metiendo mi nariz en la mata de pendejos que poblaban la zona superior de sus genitales. Era todo muy, pero muy raro y placentero a la vez. Seguían repitiendo cosas que escuchadas en otro contexto sonarían ofensivas, pero que ahí solo lograban aumentar el grado de excitación que todos teníamos. Apretando sus borceguíes con mis manos, o sus glúteos, o acariciando partes de sus uniformes, fue que chorro a chorro mi boca empezó a llenarse de semen. Esta situación me recordó cuando años atrás un amigo heterosexual me ofreció su pija para que la chupase, y yo lo hice disfrutando como nunca lo había logrado, ya que en mi vida esa práctica es la más deseada y sólo dos veces la he podido concretar.

Disfrutar toda la verga de ese amigo dentro de la boca, hasta que después de un rato en el paladar a la altura casi de la garganta comenzás a sentir el líquido espeso que empieza a inundarte la boca, y vos sentís que incorporás dentro de ti sus espermatozoides, lo más profundo de ese ser, que de una u otra forma te atrae. Algo parecido sucedía con estos policías, el exquisito sabor de su semen te permitía disfrutar de esas cosas que uno no puede hacerlo cotidianamente, por cuestiones mínimas de prevención. Yo seguía con mi pija totalmente erecta, cuando escucho alguien que aplaude detrás de mí, y felicita por lo que está viendo. Era el policía que me había detenido la primera vez, y me había dado seguridad que nada me pasaría si cruzaba el parque a esa hora de la noche. Me dijo irónicamente: -se ve que sos bien mandado y obedeces las órdenes de la ley..., mientras se desabrochaba el pantalón. Ahí fue que se escupió los dedos, me dedeó en mi ano, y me prometió hacerme sentir lo que nunca había sentido.

Los otros dos, me obligaron a seguírselas chupando hasta dejárselas bien limpias, cosa que no podía decir que no. Enseguida fui penetrado violentamente por el policía que recién se incorporaba, la excitación y el alto grado de disfrute que tenía desde hacía ya un rato creo que fue lo que permitió una dilatación casi instantánea, y que nada me haya dolido, a pesar que también este policía era portador de una verga memorable. Me cepilló por un buen rato, yo aún no había acabado y mi verga seguía dura, durísima para ser más sincero. Hacía mucho tiempo que no sentía tanto placer por una penetración anal, en este caso significó que de un momento a otro cada vez el placer era más intenso, yo seguí limpiando las vergas de los dos policías que ya habían acabado cuando siento que dentro mío el policía estaba empezando a acabar, no solo lo sentía por las sensaciones de mis entrañas, sino también por los quejidos y gemidos y palabras que él pronunciaba.

En el mismo momento y sin tocarme también acabé yo, desparramando leche para todos lados y depositando gran cantidad de mis líquidos en los borcegos de los oficiales que tenía delante. Esa situación no le produjo demasiada simpatía por lo que me obligaron a lamerle los borcegos y dejárselos totalmente limpios. No pude resistirme a esa orden y lo hice, hasta que no quedó ningún rastro de mi semen en sus calzados. Al irse se despidieron irónicamente y me dijeron: -"Ya sabés, si te gustó la fiestita que te armamos hoy, podés pasar todos los días a esta hora, que algo vamos a tener para vos".

Esto fue lo que sucedió...

Autor: Ariel