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SÚPER CALIENTE Me rozas con tu verga, está ahí, erecta y dispuesta, poderosa, te ofrezco mi trasero para tu regalo, me someto, me entrego, gozo porque me dominas, deseo que me ensartes, que me partas en dos
Escribí un relato. Se publicó en estas mismas páginas y contaba que paso por el
heterosexual típico, con esposa e hija encantadoras, pero que soy gay dormido y
estoy enamorado de Tomás, un compañero de oficina. Todavía no entiendo como me
atreví a abrirme así. Bueno, me ahogaba. Necesitaba hacerlo. Creí además, tonto
de mí, que contaría mi historia y punto. Y de eso, nada.
El otro día recibí un mail y agarré este calentón que me ha llenado de ascuas el
armario. No me ha hecho olvidar a Tomás. Al contrario. Por una de esas bromas
que gasta la vida, este también se llama Tomás. Dos Tomases a falta de uno. Vive
al otro lado del Océano. Leyó mi relato y sabe como pienso. Me ha calado. Se
confiesa homosexual activo y dedujo que yo lo soy pasivo. "Es lástima que
estemos lejos -decía el e-mail- porque podrías ser una buena amiga mía. Te gusta
sentirte mujer ¿verdad?". Cada palabra echaba leña al fuego de mi tremenda
erección. Me cautivaba su seguridad, su ¿por qué no decirlo? desprecio hacia mi
cobardía. Me deslumbró. Me encendió. "Te follaría y te la metería hasta el
fondo".
Ahora mismo interrumpo este ¿relato? ¿confesión? ¿streptease íntimo? para
acariciarme la verga que se ha vuelto piedra y reclama sus derechos. Claro que
me gustaría que me follaras… ¿A quién le amarga un dulce? Claro que me siento
mujer… Es cosa del diablo. Intento volver a escribir y vuelvo a tocarme. He de
hacerlo. Me quemo. Ojalá supiera traducir en palabras este fuego, estas ansias,
esta calentura. Más de uno reconocerá mi desasosiego. Es el que sentimos quienes
vivimos dentro del armario masticando oscuridad y frustración.
Me masturbo y querría que tú, que vives como yo la mentira de la
heterosexualidad, lo hicieras también, e imagino que mi mano es la tuya o que es
tuya la verga. Pero no debo ser vanidoso: yo no soy la madame, soy una puta más.
Estoy en el aeiou del erotismo. Mi erotismo no es una serie de posturas. Es
sensación oscura. Es impulso ciego. Y el nuevo Tomás seguía: "Serás mi amiga y
te llamarás Cindy. Me encanta ese nombre".
Soy Cindy. Es Cindy quien se pellizca lo pezones pensando en una verga dura y
caliente que, por su causa, se yergue al otro lado del Atlántico. Soy Cindy y,
antes de tener ordenador, compré en una sexshop una revista de hombres con
vergas gloriosas y tiesas que imaginaba chupar mientras me masturbaba. Escondía
la revista, entre paja y paja, en los lugares más insospechados, pero no vivía
tranquilo por si mi mujer la encontraba. Me pudieron los nervios. La eché en un
contenedor. Me supo mal: había unos cuantos tíos de toma pan y moja, pero no
aguanté la presión.
Estoy contento. Caliente, pero contento .Escribir un relato me ha permitido
entrever el exterior del armario. El interior ofrece oportunidades miserables:
Fugaces encuentros con desconocidos en cuartos oscuros o una mamada al chapero
de turno en los asientos del coche. Fuera es otra cosa. Nadie, antes, me puso
nombre. Ahora lo tengo. Soy Cindy y tengo un amigo, del otro lado del mar, que
querría follarme.
Me gustaría estar contigo, Tomás. No sé qué Tomás eres, si el de la oficina o el
del otro lado del Atlántico. Tampoco sé que Tomás quiero que seas, pero si
estuvieras aquí, me besarías. Sueño que me besas. Tu lengua se abre paso entre
mis dientes. Me excita el sabor de tu saliva. Abro la boca y te recibo. Me
abrazas fuerte. Las costillas me crujen. Soy nada ante tu fuerza. Abrázame más
recio. Rómpeme. O mejor: deja que te palpe la bragueta. Tengo hambre de tu
verga. Imagino su cabeza, dura y caliente. Me choca en la bóveda del paladar,
antes de que la acomode sobre la lengua.
Vuelvo a parar de escribir. Me masturbo con lentitud. ¿No habrá forma de
quitarme de encima este calentón? Me arrodillaría ante ti. Te lamería los
testículos. Te cosquillearía con la punta de la lengua a lo largo del tronco de
tu verga. Tú me dirías: "Así, Cindy". Tomás, dámela entera. Mi boca es estuche
de tu Stradivarius, vitrina en que guardar tu Kohinoor, funda para tu sable.
Acerca tu verga a mis labios. Necesito tragarla. Mamarla. Ensalivarla.
Lubricarla. Me arrodillaré luego. Me pondré a cuatro patas en el borde de la
cama. Tú estarás de pie detrás de mí. Pasarás los brazos abarcándome el vientre.
Así me dominas. Con un ligero movimiento, puedes acercarme a ti o alejarme según
te convenga. Me rozas en una nalga con tu verga. Me estremezco. Está ahí.
Dispuesta. Erecta y dispuesta. Poderosa. Soy Cindy. Te ofrezco mi trasero para
tu regalo. Soy yo también. Me someto. Me entrego. Gozo porque me dominas. Deseo
que me ensartes. Que me partas en dos. Me sueltas un momento. Diriges con la
mano tu verga hacia mi ojete. Se detiene el tiempo. Es un momento eterno.
La impaciente espera se resuelve en explosión. Me embistes. Me barrenas. Te
abres paso en mí a través de mí. Consumes en mí tu energía, tú, macho
triunfante, yo, macho rendido. Fóllame. Fóllate a tu Cindy. La puerta del
armario saltó hecha pedazos. To-más, to-más, adentro-afuera. Ese es el ritmo.
Soy tuyo. Soy tuya. Poséeme. Comunícame tu fuerza. Tu decisión. Tu energía.
Vacíate en mí. Lléname de tus jugos.
No es solo tu verga la que me golpea. Noto, al embestirme, el empuje de todo tu
cuerpo contra mis nalgas. Me gusta. Soy tu Cindy ¿sabes?. Soy tu amiga. Háblame
mientras hacemos el amor. Dentro del armario se hacen pajas. Fuera se hace el
amor. Ahondas en mi cuerpo. Me posees. Tal vez me desmaye. No estoy acostumbrado
a sentir tanto placer. Eres mi dueño. Puedes hacer conmigo lo que quieras.
Hazlo.
Nunca he sido tan yo como ahora. En este momento en que imagino que me posees,
me sé libre de habladurías y de miedos. Escribir me ha hecho salir, aunque sea
temporalmente, del armario. Sigo con mi masturbación. Soy homosexual Lo grito.
El interior del armario es oscuro y somos legión quienes vivimos en él. Me
masturbo a la salud de todos nosotros. Porque es bueno hacerlo, porque sigue
habiendo esperanza y porque seguirá habiéndola en tanto conservemos un algo de
rebeldía. Masturbaos conmigo, imaginando cada cual a su particular Tomás. De lo
contrario, acabaremos convertidos en perchas.
Sigo super caliente. Tengo un calentón de todos los demonios. Tomás ¿por qué te
escondes?
Autor: Trazada30