Webcams Online: Chicos  
Emitiendo ahora
Idiomas que habla:
Español Ingles
Emitiendo ahora
Idiomas que habla:
Español Ingles Italiano
Emitiendo ahora
Idiomas que habla:
Español Ingles

Chico guapo. Fotos de sexo gay totalmente gratis. El mejor sexo gay lo podrás encontrar aquí. Miles de fotos y videos gay gratis

Aquí podrás ver cientos de videos y chat en directo con nuestros chicos, y programas de sexo en total EXCLUSIVA en total ANONIMATO y sin Tarjeta de Crédito.... 

ENTRAR

 

MAS FOTOS....? ENTRA

 

VOLVER A LA PAGINA PRINCIPAL DE FOTOS GRATIS GAY

  FOTOS GAY VIDEOS GAY SEXO GAY SEXO GAY FOTOS GAY  

TERAPIA DE RECUPERACION Mis instintos de macho empiezan a reaccionar de modo casi salvaje y mi cuerpo convulsiona ante su provocación lujuriosa.

 

 

Ya no aguantaba más las ganas de volver a la piscina. Desde que esa noche torpemente caí por las escaleras de la casa de campo debido a la poca luz de los faroles, no logré conciliar el sueño pensando que la fractura de mi pie me impediría volver por un buen tiempo a disfrutar más que a practicar mi deporte favorito.

Y así fue. Después de pasar por la pequeña sala de emergencia en el hospital del pueblo, y después de radiografías, yesos y muletas siguió lo más aburrido para mí: la terapia de recuperación. Cuando ya crees que estás bien para caminar sin problemas te surgen mil dudas de desesperación, pues a veces uno cree que quedará cojeando o con algún tic especial al caminar. Sin embargo como paciente muy paciente y debido a mi trabajo que no me procuraba mayores movimientos dentro de mi oficina, pude satisfactoriamente volver a caminar como siempre lo había hecho. Y por eso volví a nadar.

Tenía esa felicidad de adolescente cuando empieza a disfrutar de la bicicleta nueva, tratando de romper record de velocidad. Así volví a la piscina con la idea de acostúmbrame al ritmo de trabajo de todo mi cuerpo que exigía mucha energía. Poco a poco comencé a practicar mi simple rutina de varios estilos.

Aunque mi mayor preocupación eran los calambres en el agua, estaba seguro de contar con ayuda inmediata pues en el club donde practico natación hay personas salvavidas que por turnos cubren todo el horario de servicio desde bien temprano hasta la hora de cierre. Así procedí como siempre y luego de pocas piscinas, en los primeros días, pasaba a la ducha para quitarme el olor del cloro y luego entraba en la zona húmeda de steam room al cuarto de área seca y caliente que a veces es conocida como sauna. El área interna era amplia y permitía a varias personas poder estar acostadas en los 3 niveles internos como grandes escalones.

El vapor siempre abundante lograba llenar todo el espacio hasta arriba. Así poco se podía distinguir quien estaba adentro y las siluetas en medio del vapor daban para imaginar que hombres atléticos o no estaban disfrutando de un momento de relax como yo después de haber hecho un poco de ejercicio, tal vez en el gimnasio, o después de haber jugado squash o tennis o tal vez football o basketball. Así desde mi lugar podía ver esas siluetas ir y venir hacia mí pues algunos preferían caminar dentro de la zona húmeda. El lugar exigía estar desnudos soportando solamente una toalla, pues cualquier otra cosa puesta era inútil.

El espectáculo de ver la anatomía masculina era gratuito y no exigía mayor esfuerzo. La zona húmeda no era muy frecuentada después de las 8 de la noche, pues entre semana había siempre mil cosas por hacer y solo los deportistas aprovechábamos para descansar aquí sin complicaciones y lo mejor de todo era tener el tiempo para perderlo aquí, así el descanso era merecido y justificado.

Me llamó la atención alguien que entró pocos minutos después y pude observar su estado físico. Alto y delgado, presentaba un cuerpo esculpido por esfuerzos obligados de rutinas en el gimnasio. Éramos él y yo dentro de esta zona de vapor. Yo traté de adivinar más de su anatomía, pero cuando empezó a rotar pude observarlo con detenimiento, desnudo y sin timidez lucía su cuerpo tratando de hacer alguna rutina de aeróbicos. Me incorporé para sentarme y verlo mejor.

Interrumpió mis pensamientos preguntándome si me molestaba que él hiciera movimientos de flexibilidad y estiramiento. Respondí negando con mi cabeza y logró continuar. Así me interesé directamente en ver como se movía. Todos sus músculos en armonía cambiaban con las posiciones. Seguía sentado y traté de imitar algunos de sus movimientos. El me dijo que si quería podíamos sincronizar los ejercicios, era una buena terapia de descanso sin mayores esfuerzos. Me puse de pie y confirmé que era tan alto como yo, aunque yo era más pálido de piel. En algunos movimientos rozábamos nuestros brazos y manos. Cambiando de lugar a veces rozábamos brazos y espalda.

El vapor fluía entre nosotros y nos cubría con un manto de misterio y complicidad. Yo me empecé a excitar y mi miembro empezó a despertarse de su letargo. Mi oponente tuvo la misma reacción. Nos miramos y nos sonreímos cuando nos acercamos a la puerta para ir a las duchas. La presión del vapor exigía una pausa obligada. Así en el corto espacio hacia las duchas pude observarlo completamente y él no tuvo reparos en detenerse detrás de mí mientras me veía entrar a una de las duchas.

Él se ubicó en otra frente a la mía, pero no cerró la cortina. La mía quedó entreabierta y pude ver que me miraba bajo el agua que caía sobre su musculoso cuerpo. Su cuerpo ardía en deseos, tenía esa impresión. Su miembro lo delataba pues estaba completamente empalmado. Yo no sabia que hacer. Traté de olvidarlo y cerré la cortina. Fue inútil. Aprovechando que no había nadie por ahí, decidió entrar en mi ducha y abrazarme. No sabía que hacer. Cerré mejor la cortina. Me opuse, pero sentí sus brazos fuertes sobre mi cuerpo. Sentí su respiración junto a mi pecho. Mi miembro se tropezó con el de él. Era inútil escapar. ¿Para dónde? Porque no experimentar algo nuevo. Así decidí quedarme quieto para ver que más sucedía. El notó que mi cara de preocupación empezó a cambiar de actitud y fue así como sonreí espontáneamente.

Respondí a su abrazo y nos apretamos cuerpo a cuerpo. Estábamos ansiosos y también con ganas de explotar. El silencio era nuestro enemigo, porque nuestra piel pedía a gritos ser tocada, sentida y probada. Nuestros miembros como sables luchaban entre si. Él empezó a tocar mi miembro, duro y venoso, con una cabeza brillante y ancha. No intentaba hacer nada, solo sentía lo que mi rival me producía. Subí los brazos en actitud de requisa, para que requisara mi cuerpo, palmo a palmo. Sus manos venosas y fuertes tocaban mi pecho, se detenía en mis tetillas y luego procedían a bajar, a recorrer mí estómago y pasar por el ombligo, provocándome un cosquilleo.

Con mis ojos cerrados empecé a volar porque la excitación estaba sobrepasando mis límites. Unas manos diferentes a las mías, llenas de lujuria y ardor me hacían estremecer. No sabía si resistir a sus deseos, no sabía si responder en igual forma atreviéndome a jugar con mis manos en su cuerpo. Solo me dejaba ir, así simplemente. Un corrientazo cruzó mi cuerpo por completo cuando tomó mi miembro, iba en aumento. No intentaba siquiera despegar su boca de mi pene. Sabía que podía venirme en cualquier momento, pero no quería acabar todavía. Quería resistir o mejor quería saber hasta cuando podía resistir esa sensación de dulzura lujuriosa y pasión desenfrenada que este atleta me propinaba.

Mi campeón anónimo me mantenía en vilo y me provocaba con su hambre de sexo. Su cuerpo de macho se va incorporando poco a poco. Ha soltado mi miembro que permanece como una lanza. Su cuerpo ahora esta paralelo al mío. Me abraza de nuevo. Me besa el cuello y mis tetillas. Me obliga a permanecer de pie y mi espalda choca con la pared de la ducha. El se voltea y se posiciona frente a mí.

Mi miembro toca sus glúteos. Mis hombros coinciden con los suyos y sus brazos ahora no trabajan. Mis brazos se dirigen a lograr abrazarlo y lo consiguen. Se deja abrazar. Se deja apretar. Mi pecho se tropieza con su espalda. Mis caderas y mi miembro están detrás de sus nalgas. Y él me aprieta. Y mi miembro comienza a desesperarse. Parece luchar, pero no encuentra su oponente. Esta del otro lado. De este lado tropieza con esas nalgas peludas y esa ranura vertical se agita y parece tener espasmos.

Toma el jabón líquido del dosificador y comienza a introducirlo en su trasero. Se pierde dentro. Toma una nueva porción de jabón y repite el procedimiento. Mi miembro ahora esta enjabonado, lo frota, lo acaricia, lo masajea. Empiezo a pensar que pasara ahora y me preocupo de nuevo. Mi atleta quiere ser penetrado con mi miembro. No había hecho esto antes en mi vida. Supongo que porque mi vida sexual habitual con las novias que había tenido no me daban lugar a pensar en otras situaciones pues disfrutaba plenamente el sexo con ellas y ellas conmigo.

Este hombre atlético quiere sentir mi pene y esta decidido a hacerlo. Yo no opongo resistencia. No se que hacer. No se que decir. Me dejo llevar por el. El coordina todos los movimientos. Sigue su rutina y cada paso, con satisfacción y sin afanes, logra llevar a cabo su programa. No me habla. No hace falta. Me ha seducido. Me ha buscado. Me tiene en sus redes. Me tiene a su antojo. Y yo le obedezco. Yo sigo sus insinuaciones. Sin protestar. Lleno de emoción experimento cosas nuevas. Mi miembro ha experimentado nuevas sensaciones y mi cuerpo también.

He sido deseado de modo diferente. La lujuria ha cambiado de protagonista. Ahora es él. Es un macho que arde en deseos por mí. Por un hombre corriente, eso creo yo. Pero él piensa lo contrario. Mi físico le ha provocado mil sensaciones y ahora seguirán más.

Estaba absorto en mis pensamientos cuando siento que mi pene se siente apretado. Luchando por entrar en un lugar desconocido, extraño, diferente. Un lugar lleno de pasión y de deseo, en un cuerpo ajeno. En el cuerpo de un hombre atlético y lleno de vida, lleno de sexualidad frustrada, incompleta. Esa caverna oscura se va abriendo a mi miembro. Va entrando con dificultad. Se esta adaptando a esa nueva forma, a ese orificio inexplorado. Y él me apresa y me hace fuerza. Me encuentro entre la pared y su cuerpo. Como un sándwich. Mitad carne y mitad cemento.

Mi pene sigue auscultando esa zona desconocida. Empieza a ser contraído. Empieza a ser obligado a trabajar. A dar pasión y a provocar excitación. Ese orificio hambriento de sexo y de lujuria empieza a moverse dirigido por su propietario. El dirige toda la operación. Sabe como y cuando debe moverse. Yo solo logro poner mis manos en su pecho y empiezo a acariciarlo. Me encuentro en la zona superior, trabajando con mis manos. Mi anónimo hambriento se encuentra trabajando en la parte inferior de su cuerpo. Y lo disfruta. Más que yo. Trata de gemir, pero se contiene. Tapa su boca con su brazo y lo muerde. Sabe que no puede emitir un gemido, ni una palabra. Protesta matando los gritos en su piel, en la carne de su brazo.

Poco a poco el ritmo impuesto por su trasero, hacen que mi miembro se empiece a agitar dentro de esa cavidad. Me esta provocando de nuevo. Y a su ritmo. Me quiere hacer venir, me quiere hacer terminar en su cavidad. Veo como logra girar un poco su cara hacia mi y mueve su cabeza como afirmando lo que quiere. Esta confirmando sus deseos. Pide mi permiso, desea mi complicidad. Yo enmudecido muevo mi cabeza confirmando su orden y su deseo. Enseguida toma mi mano y la lleva a su miembro que quiere ser masturbado. El ya lo hace con mi miembro en su rajadura. Sigo siendo masturbado por su trasero. Y yo comienzo a masturbarlo.

Al comienzo con algo de dificultad pero luego adivino el ritmo al que esta acostumbrado su pene y continuo a esa velocidad. El por su parte dirige de nuevo su ritmo con mi pene dentro de su cuerpo. El clímax comienza a llegar. El clímax esta produciendo reacciones impensadas. Su cuerpo pide más acción. Su rajadura pide ser llenada y lubricada con mí leche. Mis instintos de macho empiezan a reaccionar de modo casi salvaje. Su miembro esta a punto de reventar. El mío también. Mi cuerpo convulsiona ante su provocación lujuriosa. Mi pene esta listo para descargar. Él aprieta siempre en cada impulso mi pene en su trasero.

La velocidad aumenta y la respiración se acelera. Siento mi corazón lleno como mi miembro lleno de sangre, pues esta duro y empieza a reaccionar. A descargar su carga de leche acumulada. Chorros y borbotones de líquido blanco llenan el orificio de mi atleta seducido por mi miembro. Convulsiona de emoción. Se estremece. Se retuerce y lo disfruta. Me disfruta como nunca cuando lo castigo llenándolo con mi leche. Era su deseo. Era su necesidad. Le faltaba para completar su dicha.

Al mismo tiempo mientras llenaba su orificio mi mano estrangulaba su pene, haciéndolo vomitar. Su leche caliente salpico la cortina varias veces. Jadeando de dicha se sentía pleno. Lleno por dentro por mi leche y vaciado su miembro por mi masturbada ordenada por el mismo. Recupero su leche con la mía. Equilibro su líquido vital. Estaba satisfecho. Estaba feliz, lo sentía. Sentía su cuerpo palpitar como un caballo desbocado. Como si hubiera ganado la carrera del gran derby. Era el, lleno de lujuria que empezaba a sonreírme de nuevo.

Ya no estábamos conectados. Ya no dependíamos el uno del otro. Ya nuestros deseos sexuales estaban satisfechos. Más los suyos que los míos. Aprendí que podía ser excitado de forma diferente a la habitual. Su cuerpo sudaba. Había perdido miles de calorías en el doble ejercicio de ser poseído y de autosatisfacían obligada por sus órdenes, por mi mano y mi pene.

De nuevo vuelvo a ver su rostro. Lleno de emoción y alegría. Parecía que seguía volando de emoción. Yo estaba tan extenuado como él. El agua seguía cayendo sobre nuestros cuerpos. Por fortuna el agua seguía siendo algo más que tibia. Perdí la noción del tiempo. No se cuanto tiempo viví esta emocionante aventura. Mi atleta volvió a sacar jabón líquido del dispensador y empezó a jabonar mi cuerpo, comenzando con mi pene. Yo hice lo mismo. La espuma caía verticalmente por nuestros cuerpos. El perfume del jabón dejaba huella en nuestra piel.

Mis manos lo acariciaban nuevamente pero ya no había lujuria. Había admiración. Estaba tocando de nuevo su cuerpo pero en actitud de contemplación. Más musculoso que yo, pero tan hombre y tan guapo como yo. Seguí deseándolo en mi mente. Mis manos me delataban, pues no lo quería dejar ir. Sentí una palmada en mi mejilla y supe que debía dejarlo ir. Al menos hasta la otra ducha donde había dejado su toalla. Había terminado todo por ahora.

Mientras nos vestíamos, acordamos ir a cenar juntos para recuperar la energía perdida y a programar como podríamos vernos nuevamente. La idea de volverlo a tener y poder obedecer sus deseos hizo que mi miembro se despertara nuevamente.

La alegría de verlo con frecuencia en el Club nos permitió iniciar una amistad diferente, llena de encanto y misterio. A la sombra de nuestros amigos y de nuestras vidas personales.

Habíamos iniciado una relación íntima llena de aventuras y retos.

Autor: vagabond500