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MIS RELATOS ME LLEVARON A UNA AVENTURA Se quitó el preservativo y se colocó justo delante de mí y masturbándose con deleite dio un grito y miró la salida tan esperada de la presa de sus huevos, esos chorros atravesaron mi garganta

 

 

Esto me sucedió un miércoles, me encontraba almorzando (cerca de la 1:00 PM), en el comedor de la compañía donde trabajo, había poca gente, normal cuando se trata de día de pago salarial, si acaso estábamos siete personas éramos mucho, en un sitio donde lo normal es encontrar más de cincuenta personas, pero era agradable el silencio, la tranquilidad y el momento. Unos minutos (como diez) después, vi entrar a Omar, un compañero de otra dependencia, con quien de saludos y despedidas no pasábamos, casi siempre nos encontrábamos al ingresar o salir del mismo edificio, y uno que otro encuentro por los pasillos, pero sin importancia.

Además de almorzar (sólo por supuesto), me encontraba revisando mis nuevos y viejos relatos escritos e impresos, buscando faltas ortográficas y gramaticales, éstos los tenía guardados en una carpeta, además los quería publicar por Internet, así que era doblemente placentero mi alimento, me concentré mucho en este trabajo y continué así, el tiempo avanzó sin darme cuenta de ello, provocando pasarme del tiempo permitido para almorzar, por tanto, tuve que correr a lavar mi plato y resto de cosas propias del almuerzo.

Resulta que al finalizar de lavar mis cosas, salí apresuradamente hacia mi oficina, no quería que mi jefe me fuera a llamar la atención, máxime que me había visto salir para almorzar, dejando olvidado la carpeta sobre la mesa, y a pesar de los compañeros presentes nadie me advirtió que estaba dejando olvidado mi carpeta.

Llegué a la oficina, asegurándome de no pasar percibido, afortunadamente mi jefe no estaba, en cuanto me acomodé me di cuenta de tan grave error “¡mis relatos!” grité en mis adentros, me levanté para salir, en eso que lo voy a hacer, entra mi jefe, al verme tan preocupado me pregunta por lo sucedido, le dije que debía ir inmediatamente al comedor, pues había dejado mi billetera, con esta excusa me dejó salir, corrí, llegué al comedor, no había nadie, pero no vi en la mesa donde almorcé y sus alrededores mi carpeta, busqué en el basurero (pensando encontrarla allí), pero no fue así, comencé a preocuparme más, si alguien las leía se darían cuenta de muchas cosas de mi vida, además de convertirse en motivo o causa de despido, me frustré, no sabía qué hacer más, me resigné y con notable preocupación en mi rostro salí nuevamente para dirigirme a la oficina.

Era evidente mi estado de ánimo, mis compañeros comenzaron a preocuparse por mí, creían que me había pasado algo terrible como la pérdida de un familiar, no recuerdo qué les decía, pero me sentía agobiado, perdido, nada más me quedaba esperando la llamada de la oficina de Recursos Humanos, casi no me pude concentrar el resto del día en mi trabajo, mi jefe me preguntaba por lo que me sucedía, pero yo le decía que era un problema familiar, luego me preguntó por mi billetera, la cual mostré diciéndole que efectivamente la había encontrado, agradeciéndole su preocupación.

Esperé con desesperación la llamada, pero no sucedió, como era la hora de salida, recogí mis cosas y me marché a mi casa, siempre con mi mirada perdida, casi no miraba a nadie.
Llegué a mi casa, me alisté un buen trago, pensé en lo estúpido que había sido, lo descuidado, distraído, deseaba ser tragado por la tierra, me imaginaba todo el lío por venirse, los comentarios de los compañeros y lo peor de todo el tener que regresar a recoger mis cosas con las miradas juzgantes del personal, en fin, mi reputación por el suelo.

Al día siguiente me presenté a trabajar, trataba de no aparentar preocupación alguna, pues no quería más comentarios y preguntas de los compañeros, simulé muy bien porque nadie me volvió a decir nada, las horas iban pasando, regresé al comedor a la hora del almuerzo con el temor que sería allí donde estallaría todo, más todo transcurrió con normalidad, esto me hizo pensar en que seguramente alguien recogió la carpeta y en cuanto leyó un poco de seguro lo desechó, comenzaba a sentirme más tranquilo, me aferré a esa idea, mi estado de ánimo fue mejorando poco a poco.

Otra vez en la oficina, había pasado como una hora después del almuerzo cuando un compañero me llama para decirme que durante el almuerzo me habían llamado de la oficina de Recursos Humanos, querían que me presentara lo más pronto posible, casi me da un infarto al oír esas palabras, más tomé valor y me dirigí para allá.

Me presenté, mi compañera Laura me hizo pasar, al verme me dice: “Qué dicha que vino, no ves que tengo un problema con la máquina (computadora), no sé qué le pasó, me puede hacer el favor de revisármela, es que estoy atrasada por ese problema”, ¡les juro que volví a la vida!, nunca me imaginé que me llamaron para algo así, encontré el problema del equipo y lo corregí, luego de asegurarme de quedar bien resuelto me retiré. Una vez más mi estado de ánimo fue cambiando, ya por lo menos comenzaba a sonreír.

Finalizó la jornada laboral, me fui para la casa, un poco más tranquilo, dormí mejor que la noche anterior, pidiéndole a Dios que tuviera misericordia de mí y me ayudara a salirme del problema.

Tercer día, viernes, último día laboral de la semana, día más apreciado de todo el personal, especialmente cuando uno trabaja de lunes a viernes. El día iba pasando como siempre, atendiendo equipos, compañeros con errores cotidianos, preguntas por aquí, por allá, un día corriente como todo viernes. Al llegar la hora de almuerzo me fui para el comedor, busqué un lugar, tratando de quedar solo como suelo hacerlo, porque había muchos compañeros almorzando. ¡De pronto!, se me aparece Omar, me saluda y me dice: “Tengo entendido que usted arregla computadoras”, -sí- respondo, continúa él: “es que tengo un problema serio con la máquina de mi casa y me urge que la revisen, usted cree que hoy pueda hacerlo después de que salimos del trabajo”, respondí nuevamente con un si. Quedamos entonces de vernos en el parqueo principal de la compañía, él me esperaría en la entrada del sótano para tomar su automóvil e irnos a su casa, la cual ignoro del lugar donde vive.

Durante el camino conversábamos sobre cosas sin importancia, él casi no hablaba, se concentraba mucho manejando sobre la autopista, la cual es muy transitada, más a estas horas (5:00 PM en adelante), quería formarme una idea del problema del equipo, pero él me decía que mejor cuando llegáramos, una vez encendido su equipo me explicaría con más detalle. No quise insistir más para no caer pesado.

Llegamos a un condominio, no muy lujoso, pero igual deben costar mucho dinero, Omar vive sólo, parqueó su auto y nos dirigimos al ascensor, él está en el piso número 7, entramos a su apartamento, muy bonito, acogedor, ordenado, con una vista increíble, muy agradable por ser fresco (buen clima), me quedé sorprendido de ver tanta belleza, ¡Qué maneras!, vivir así es como soñar sin despertar.

Después de que Omar me mostró el lugar (por eso lo detallé un poco), me invitó a tomar un trago, me preguntó por cuál apetecía, por lo que escogí un “Whisky” en las “rocas”, servido el trago nos fuimos a la sala, nos sentamos en sus sillones muy confortables, comenzamos a platicar de cosas sin importancia, pregunté nuevamente sobre lo que le pasaba al equipo, me dijo que pronto lo vería, está en su habitación (la cual faltaba por mostrarme), -disfruté el trago, después que terminé lo voy a dejar a su casa- dijo él, continuamos hablando un poco más sobre nuestras vidas, se levantó para prepararme otro trago, el cual anuncié sería el último pues debía trabajar, después de dármelo se sentó junto a mí, estábamos más al frente uno del otro.

En eso Omar toma la palabra y me dice: Nos hemos visto varias veces en el comedor, cierto, -cierto respondí-, siguió él -pues fíjese que un día dejó olvidado una carpeta que recogí-, aquí me sorprendí y comencé a sudar, él siguió -la verdad no iba a ver su contenido, pero el viento que entró hizo que se abriera la carpeta y volaran algunas hojas, las cuales recogí, leí una parte y me sorprendí, acondicioné la hoja (están numeradas y por título de relato), al acomodarla y encontrar el título me llamó la atención y quise leer más, le juro que desde que comencé a leer no me pude detener, se hizo tan interesante y me fui imaginando cada escena que me excité sin darme cuenta, no tiene idea de cómo voló mi imaginación, nunca en mi vida me había excitado tanto, he visto algunas películas y me han provocado, pero estas lecturas me introdujeron en cada relato, cada párrafo lo saboreé cuando comprendía que no era sólo sexo, sino la descripción tan detallada de las emociones, los movimientos, gemidos, sudores, poses, lugares, uno ve una película y se calienta, le gusta y a veces no le gusta lo que ve, en cambio estos relatos van contando lo sucedido con detalles que uno no mira en las películas, devoré esos relatos como no tiene idea, el primero que leí fue “Historia en un Taxi”, luego “Un encuentro feliz”, “Relato de un Fotógrafo” ¡está genial!, “Una Experiencia Inesperada” increíble”- y así me mencionó los nombres de otros relatos los cuales guardo en esa carpeta. Ya no sabía cómo me sentía, él me habló con tanta emoción, que mejor esperé, luego continuó: ¡Mae!, necesito hacerle unas preguntas:

-¿Usted es gay?- ¡por qué no lo aparenta para nada! Yo nunca he tenido una experiencia de ese tipo, ni imaginármelo siquiera, siempre me han gustado las mujeres y he tenido sexo con ellas, pero con un hombre, ¡qué va!, ¡eso no! Tampoco lo voy a juzgar por eso, cada uno tiene derecho a estar con quien quiera y ser lo que quiere.

-Respondí- Bueno, la verdad, si se podría decir que soy gay, además de tener experiencia también con mujeres, ellas lamentablemente no me han brindado el grado de excitación que me provoca estar con un hombre.

-Siguió él- Pero entonces, ¿es verdad?, que con un hombre se vive más intenso, ¿puede existir más placer con un hombre que con una mujer?

-Continué- Pues, no sé qué responderle en ese sentido, tendría usted que probar, si no le gusta simplemente no lo vuelve a hacer y listo, no pasó más.

-Siguió preguntando- ¿De dónde sacó esos relatos? porque yo quiero conseguirme esta colección, la verdad le digo, como éstas ninguna, además las guardaría con mucho recelo porque no me gustaría que fueran a parar en manos de otros y que vayan a pensar diferente de mi.

-Respondí- Miré no sé qué decirle, esos relatos que usted encontró y le gustaron mucho por lo visto, no pertenece a ninguna colección por ahora, aunque me gusta la idea, ya que éstos los escribí yo, aunque le parezca mentiras.

-Exclamó él- ¿Cómo? ¿Qué? ¿De verdad? ¿Usted los escribió? ¿No me está vacilando? ¡Mae! ¡No le creo!, usted no tiene cara de escritor y menos en esta línea.

-Le dije- De verdad, los escribí yo, son míos, cada relato es mío, cada uno de ellos que están en esa carpeta, más los que aún no he pasado a la computadora, porque tengo como unos diecisiete en total, unos los tengo impresos y otros los tengo en borrador, más me quedan los que guardo en mi mente.

-Siguió él- Mae, no lo puedo creer, o sea, sí le creo, pero nunca me imaginé que esto saliera de usted, y menos como los describe, pero dígame una cosa, ¿Son reales? ¿Son Fantasías? ¿Son inventados? ¿Qué son?

-Respondí- Eso se lo dejo a gusto de los lectores, yo quiero que ellos disfruten de mis relatos como los he disfrutado yo escribiéndolos, quiero que cada uno de ellos sean parte de cada escena, sea el personaje que sea, que tengan oportunidad de imaginarse cada episodio, cada detalle, que los motive, que los inspire a vivir experiencias, que se sientan bien.

-Interrumpió él- Pero, ¿Cómo? ¿Cuáles lectores? ¿De qué me habla?

-Volví a hablar- Bueno, resulta que yo mandé a publicar unos relatos por Internet, viera qué buena aceptación ha tenido, me han llegado correos de muchas partes de América y Europa, nunca me imaginé llegar a algo así, es más, nunca pensé en que esto iba a desatar tanta comunicación, la verdad me siento tan contento, por eso es que quiero seguir compartiendo mis relatos.

-Continuó- Pero, ¿Cómo es eso? ¿Dónde están? ¿En qué sitio? ¿Me puede enseñar?

-Le dije- Vamos a su máquina y le muestro todo, de paso le reviso el problema que tiene.

-Se sonrió y me confesó- Lo de la máquina fue un pretexto para traerlo, no quería tratar este tema en la oficina y mucho menos en el edificio, donde podrían escucharnos y armarse un burumbum (escándalo), ni quiera Dios, meternos en un lío.

Nos dirigimos a su habitación, un sitio precioso, halagador, con un aroma a flores exquisito, el cual me di cuenta se trataba de esos aromatizantes eléctricos, una cama matrimonial normal, bien tendida, dos almohadas, una ventana grande con una vista preciosa, se podía apreciar montañas y parte de la ciudad, qué ganas de pasar una noche aquí, pensé, con todas las comodidades para descansar.

Encendimos la computadora y esperamos a que se cargara el sistema operativo y los otros programas, luego abrimos el navegador de Internet, yo iba guiando a Omar, cuando estaba cargada la página por omisión, le dije que escribiera la dirección la cual le di y ¡listo!, comenzamos a explorarla hasta llegar a los relatos eróticos y que fueran gay, Omar se sorprendió de lo bien que conocía el sitio y lo rápido que llegaba al destino.

Le mostré el lugar donde están mis relatos y se dio cuenta de la gran cantidad de lectores que han visitado el sitio, me sorprendí también al ver el incremento de los lectores, le mostré el relato de “Enfermero”, al darse cuenta que efectivamente se trataba de un relato mío comenzó a leerlo, yo me quedé a su lado y lo contemplaba conforme avanzaba en la lectura. Hizo una pausa para ponerse más cómodo, me dijo, por lo que se fue a cambiar de ropa, entró a un vestidor, regresó con un pantalón buzo y una camisa sin mangas algo pegadita a su cuerpo, fue la primera vez que miré con atención a Omar, era para comérselo, unos brazos bien formados que le hacían juego con su pecho bien marcado de tanto ejercicio y entrenamiento, su musculatura era digna de ser esculpida, conforme se me acercaba me hacía sentir que había cambiado o transportado de época, porque en mi mente se transformó en la mitología, donde Omar se convirtió en Hércules, así como el actor que hace el personaje de la serie de televisión, fue como mejor comparé los cuerpos de ellos, así voló mi imaginación.

De nuevo Omar se encontraba frente a la computadora y seguía leyendo el relato, estaba concentrándose en la lectura, me dijo que cualquiera se templaría si otra mano le toca su pene, haciendo referencia a una parte del relato, de pronto noté cómo su pene iba creciendo debajo de ese pantalón, se tocaba de vez en cuando, pero continuaba leyendo, pasaron los minutos y llegó justo al día tercero, donde comienza más la acción, me di cuenta que poco parpadeaba, su vista estaba fija en la pantalla, sabía que esa parte de la lectura lo calentaría más, ahora era más notorio el tamaño alcanzado por su pene, se tocaba más seguido, luego su mano se separó para tomar el “mouse” y avanzar la página, sin pensarlo más le puse encima mi mano sobre su pene y apreté un poco, él se asustó, y puso su mano sobre la mía, pero no la quitó, luego levantó su mano y la puso sobre su muslo derecho, con mi mano le hice unos movimientos, luego fui subiendo mi mano y tratar de sacar el pene de su jaula, Omar no ponía resistencia, a como pude logré sacar apenas el glande, hermoso, con signos de gotas preseminales, las cuales recogí con mis dedos y me la llevé a la boca, para saborear lo que vendría.

Le pedí a Omar, me dejara quitarle o bajarle el pantalón, lo cual él mismo hizo, ahora si , ya tenía en frente de mí, toda la majestuosidad de su miembro, calculo yo mediría unos 19 centímetros, circunciso, un glande grande como de forma de hongo, y esos huevos que colgaban plácidamente como si fueran unas peras, me coloqué en medio de sus piernas, debajo de la mesa, para no estorbarle a Omar en su lectura, pero él también me miraba, cuando su mirada estuvo sobre la mía le di el placer de verme dirigir hacia su miembro abriendo mi boca como si se tratara de la puerta al placer, la dimensión desconocida por mi compañero Omar, sólo escuché un suspiro fuerte y el movimiento de la silla la cual se hizo un poco más hacia atrás, por eso pude ver cómo se encontraba Omar en ese instante, con sus ojos cerrados, su boca abierta y una expresión casi indescriptible del inmenso placer ejercitado en ese momento, le entregué una de mis mejores mamadas, como las detalladas en los relatos, quería que el mismo comprobara la veracidad como se describen las cosas.

Después de unos minutos de brindarle la mamada, le sugerí nos fuéramos a su cama, él aceptó, mientras íbamos se iba quitando el pantalón y las medias, le dije que se acostara boca arriba y que abriera las piernas (¡Uyuyui!), verlo así encendió en mí, esos deseos de devorarlo, saborearlo para comérmelo, exprimirlo, ¡qué rico!, se veía increíble, en buena hora que mis relatos me llevaron a una nueva aventura, después de todo valió la pena no el hecho de haberlos perdido si no de haberlos encontrado y vaya forma como celebraría el acontecimiento. Me subí a la cama y comencé a explorarle sus piernas, bien torneadas, todo un adonis de muchacho, fui subiendo poco a poco besando cada parte de ellas, cuando llegué a su hermoso instrumento, me convertí en buen músico y me deleité tocando, bellas melodías salían, ritmos calientes, música excepcional que sólo una buena boca puede brindar, cada succión se asemejaba a una nota, lo increíble de este único instrumento era que se podía convertir en cualquiera, por ejemplo, una flauta, por lo dulce de la melodía, un saxofón, porque iniciaba con algo no muy pequeño y terminaba con una parte muy ancha (sus huevos), con ambas manos podía imitar el toque de las teclas, y los sonidos salían producidos por ambos con nuestros gemidos.

Aún Omar tenía puesta su camiseta, por lo que me di a la tarea de comenzar a explorar la parte faltante, poco a poco fui subiéndole la camiseta, tenía vellosidad mediana desde su pene hasta el pecho, un pecho mágico, bien desarrollado, marcado por las horas de trabajo y ejercicio diario, esto me dio la idea de reposar sobre el y quedarme dormido, pero por ahora ese no era mi objetivo, sus pezones con grandes aureolas rosadas y demostrando excitación por su dureza me invitó a lamerlos y chuparlos, esto le provocó a Omar exclamar un fuerte grito de placer, el cual me gustó mucho escuchar, también observar cómo se retorcía, su cuerpo adquirió una firmeza muy notable y al mismo tiempo una agilidad al mismo tiempo, esto me indicó que su excitación estaba al límite del placer.

Quería que Omar gozara enormemente, por lo que me detuve un momento para preguntarle sobre sus deseos, Omar por su excitación y confusión de su primera vez, no sabía qué responder, entonces le pregunté si se atrevería a penetrarme, lo cual me dijo que si, saqué de mi salveque (mochila) el lubricante a base de agua que llevaba conmigo, así como un preservativo ultra sensitivo, se lo coloqué con mucha picardía, conforme iba cubriendo el largo de su pene, Omar se excitaba con mayor fuerza, lo lubriqué bastante, así como me lubriqué mi ano el cual se encontraba un poco dilatado, yo mismo me introduje dos dedos para preparar el camino, Omar se levantó de la cama y me dio su lugar, yo me coloqué en posición de perrito, abriendo lo más que pude mis piernas y mis nalgas lo hice utilizando ambas manos. Omar se fue acercando poco a poco, me puso su glande en la entrada de mi ano y suavemente introdujo su glande, yo me agarraba de los bordes de la cama, mordía con fuerza sin tener nada en la boca, cerré mis ojos y esperé a que Omar continuara su paso en la cavidad de mi recto, se detuvo al llegar al límite y comenzó a bombear muy suavemente acelerando sus movimientos conforme pasaban los segundos, luego se convirtieron en minutos de ese vaivén, ambos gemimos juntos, Omar estaba degustando una nueva experiencia sexual de su vida y yo por supuesto me sentía contento de ser su primera vez.

Mientras estuvimos así, fui recordando algunos de mis relatos como por ejemplo, Historia en un Taxi, Relato de un Fotógrafo, Enfermero, Clases de Baile, El Disfraz, Experiencia Inesperada y otros relatos donde tuve el privilegio de ser la primera vez de cada uno de ellos que hago mención, por mi mente pasaron nuevamente las escenas descritas en cada uno de ellos, pero me fue interrumpido los recuerdos al escuchar a Omar decir que pronto terminaría, sus gemidos se hicieron más fuertes y seguidos, Omar me preguntó de dónde podía regarse, a lo que respondí que fuera según sus deseos, entonces me dijo que quería hacerlo en mi boca, ya que él mismo quería ver con detalle la expulsión de su leche, sacó de inmediato su pene de mi adolorido ano, se quitó el preservativo y se colocó justo delante de mí y masturbándose con deleite dio un grito y miró la salida tan esperada de la presa de sus huevos, esos chorros atravesaron mi garganta, como si hubiera apuntado directamente o jugando tiro al blanco, porque algunos chorros tocaron mi muda campanilla y ésta cedía el paso para que continuaran su camino, otros chorros menos fuertes quedaron en mi boca, y alrededor de mis labios, me acerqué a Omar hacia su boca y al estar de frente me dirigí para besarlo, preparado para el rechazo, pero Omar me detuvo sólo para recoger con su lengua los que se encontraban pegados donde mencioné y después nos besamos, dándole yo el resto de su propia leche para que probara, él las tragó y le gustó por ese ¡Mmmmm!, que exclamó él, ¡qué maravilla! (como dice un buen amigo mío) pensaba yo, ojalá le haya gustado su propia leche, y haya disfrutado de su primera práctica.

Aún faltaba yo, por terminar, comencé a masturbarme delante de él, ¿quieres probar? -Le pregunté- me dijo -si quiero- él se inclinó abriendo su boca y aprendió a mamar como un bebé, lo hizo magistralmente, qué rico succionaba, qué sonidos más admirables emitía de la fuerza de su chupada, la música siempre nos acompañó, sin duda alguna este Hércules que imaginaba yo aprendió bien el arte de mamar, vaya forma de descubrirlo, Omar estaba bien concentrado como lo hizo cuando leía el relato, sus suaves movimientos de labios y boca cubriendo mi preciado miembro, me daban placer como todo un experimentado, pero recordaba que yo ¿era su primera vez?, dudé un momento, mejor esperaba poder hablar con él e interrogarlo un poco, si esto era verdad.

Comencé a sentir que ya me venía, le avisé, él seguía entretenido mamando, no aguante más y solté como fuentes de leche, llenándole su boca engalanadamente, cuando acabé del último chorro, se levantó mostrándome cómo tragaba mi manantial brotado y no me dejó siquiera saborearlo, hasta sus labios humedeció en señal del gusto recibido.

Ambos orgasmos fueron intensos, nos quedamos un rato acostados en su cama, recobrando fuerzas, aire y liberando excitaciones. Me acomodé un poco más junto a él, colocándome en la suavidad de su pecho para luego propinarle un beso, que no rechazó, un beso lleno de pasión, en esto me pareció que era mejor, sus besos eran largos, suaves por sus labios, llenos de sentimiento.

Le pregunté lo que pensaba ahora que vivió lo leído, me respondió: Es mejor vivirlo que contarlo, y me besó nuevamente, me preguntó si él había hecho bien su papel, porque nunca antes había hecho algo así, y temía quedar mal, pero por suerte tuvo un buen maestro de relatos el cual le enseñó como lo debía hacer, además de afirmar que el sabor de la leche de hombre es más gustosa que la leche de animal.

El tiempo había pasado rápido sin darnos cuenta, la noche llegó mostrando una luna llena, su resplandor atravesaba la ventana como invitando a salir a contemplarla, le hice esa observación, entonces nos vestimos solo con nuestros pantalones y salimos al pequeño balcón de su habitación, donde pasamos unos minutos más. Le avisé la hora y que mejor me retiraba para no llegar tan tarde a mi casa, entonces él me invitó a quedarme a pasar la noche con él, no lo dudé un instante, llamé a casa para avisar que no llegaría para que no se preocuparan.

Omar llamó a un servicio de comida a domicilio, colocó unas velas en la mesa del comedor, el cual tenía puesto un hermoso mantel, bajó la intensidad de la luz, colocó los platos y las herramientas que usaríamos, esperamos la llegada de la comida. Pasaron como veinte minutos y llegó el servicio Express, nos entregaron la orden, cancelamos la cuenta (ambos por igual), nos acercamos nuevamente al comedor, Omar como anfitrión encendió las velas y sirvió la cena, además trajo una botella de vino tinto, ¡que hermosa velada romántica!, con música instrumental de fondo y un juego de luces de una lámpara que expedían figuras de estrellas y lunas a nuestro alrededor.

Parecía mágico el lugar, un buen momento para celebrar tan caluroso encuentro, no se si Omar en alguna oportunidad lo llegó a preparar así, pero todo salió en forma tan natural, que me impresionaba, me sentí verdaderamente como estar viviendo un sueño, pero no, gracia a Dios no fue así.

Espero les haya gustado, si quieren me escriben sus comentarios, positivos y negativos son bienvenidos siempre.

Hasta una próxima...

Autor: Alfonso genius_guest (arroba) hotmail.com