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UNA NOCHE ME VOLVÍ LOCO Fue cuando pude apreciar en todo su esplendor, completamente depilada verga, así como su gran tamaño, que de inmediato sin querer la comparé con el tamaño de la mía
El siguiente relato me lo confió, un cliente, al que conozco desde hace tiempo,
del cual jamás hubiera sospechado, ni en broma. Que hubiese pasado, por todo lo
que me contó. Tomando en cuenta que se encuentra casado, es padre de varios
niños, comerciante de excito y lo que podríamos llamar todo un pilar de la
sociedad y de la iglesia. Después de que me realizó una consulta, relacionada al
pago de una factura, pasó a relatarme unos hechos que se relacionaban con la
consulta, después de escuchar su relato, le pedí permiso para escribirlo, pero
con la condición, desde luego. Que no revelaría su nombre, ni detalles
personales que lo pudieran identificar.
Ya era un día viernes, cuando salía de mi oficina, como de costumbre y ya casi
eran las ocho de la noche. Me dirigía a una reunión especial de los Caballeros
del......, cuando uno de mis camaradas me llamó para indicarme, que la reunión
había sido cancelada. En vista de eso decidí irme a casa, pero en el camino me
acordé que mi mujer y mis hijas, se encontraban en otra ciudad en casa de los
abuelos. Mientras que mis hijos se encontraban pasando el fin de semana en casa
de mi familia. En condiciones normales, es decir se hubiera dado la reunión,
hubiera salido casi a las doce de la noche, al llegar a casa, me acostaría de
inmediato, para al día siguiente antes del atardecer, pasaría buscando a mi
mujer y a mis dos hijas menores. Pero cuando me di cuenta de lo temprano que
era, como cosa rara decidí irme a tomar un trago al club náutico, con el fin de
despejarme un poco el estrés, de un fuerte día de negocios.
Al llegar a la barra del club, me pareció raro el que no hubiera otras personas,
digo para ser viernes por la noche, pensaba que estaría a reventar. Solamente se
encontraba el cantinero y un joven mesero, que se dedicaba a limpiar algunas
copas. Después de que me di el primer trago sucedió algo bien raro, no se por
que motivo, razón, causa o circunstancia, comencé a ver al joven mesero
insistentemente. Es más, hasta lo llegué a visualizarlo completamente desnudo.
Por lo que algo asustado pagué la cuenta y me marché del local, pensando que
quizás me habían llegado a poner algo en mi bebida, pero preguntándome a mi
mismo que me sucedía, como era posible que pensara en tales cosas.
Ya justo antes de salir del club, un par de jóvenes como de unos veintitantos
años, se encontraban solicitando que los sacasen del área del club y los
llevasen a la ciudad, que de por si se encuentra algo retirada. Aunque no los
conocía, decidí hacerles el favor de sacarlos del club, ya de camino a la ciudad
Paco y Hugo me comentaron que eran marineros, en uno de los yates de lujo
anclado en el club, que pensaban ir a la ciudad para pasar un rato y luego
regresar a su nave que zarpaba al día siguiente.
Fue cuando Paco a modo de agradecerme el que los llevase a la ciudad, me invitó
junto con Hugo a tomar unas copas, al principio decliné la invitación, pero
nuevamente de momento sucedió algo raro en mi, ya estaba a punto de dejarlos
frente a un bar de mala muerte, cuando fui yo el que los invitó a un local de
mucho mejor categoría, no es que conociera dicho lugar, pero se encontraba en
una mejor zona, por los comentarios que había escuchado en mi negocio, el sitio
era bastante especial.
Para entrar necesitas una tarjeta de crédito dorada, de cualquiera de las firmas
principales. Una vez que mostré las mía mis invitados y yo entramos, ya dentro
me di cuenta que el decorado era bastante suntuoso, el servicio de primera y
estaba lleno de homosexuales, lo que me espantó, al punto que casi me retiro al
momento de darme cuenta, después me enteré que ese club dedica el primer viernes
de cada mes a su clientela gay. Tratando de ser lo más discreto posible, hasta
estaba pensando disculparme con mis dos invitados, cuando para mi sorpresa Hugo
y Paco se han dado un tremendo beso frente a mi, lo que me dejó sin palabras, ya
decididamente había pensado en marcharme, cuando me sucedió lo mismo que me
había sucedido en el bar del club y ni siquiera me había dado un trago.
No era que me imaginase a los dos chicos desnudos, es que los visualizaba de esa
manera, para colmo no era a ellos dos solamente, sino a cuanta persona tenía
frente a mis ojos, mejor dicho a cuanto hombre pasaba frente a mi, a las mujeres
creo que ni las notaba, o simplemente ni les ponía la menor atención.
Bastante nervioso por lo que me estaba sucediendo, el primer trago que me sirvió
una exuberante mesera rubia pero de tez aceitunada. Me lo tragué el trago de un
solo viaje, cosa rara en mí ya que no acostumbro a beber de esa forma o manera.
La mesera que atendía la mesa a penas se dio cuenta, de que mi vaso se
encontraba vacio, nuevamente sin tan siquiera preguntarme me trajo otro trago.
Fue cuando me fijé más en ella, como ya les dije alta rubia, de tez morena como
color aceituna, con unos hermosos y grandes senos, que estaban por salirse del
pequeño vestido que usaba, que de paso, no dejaba mucho a la imaginación. Pero
al escuchar su gruesa voz, fue que me di cuenta de que realmente no era del todo
una chica.
Eso me impactó de tal manera, que de inmediato no se como, se me ocurrió agarrar
su mano y solicitarle que nos acompañase en la mesa. Discretamente la o el
mesero de manera muy fina se disculpó, diciendo que no podía confraternizar con
los clientes, a menos que no pidieran una botella de champaña. Lo que sin
pensarlo dos veces hice y no pedí una sino que pedí dos botellas, una para mis
recién conocidos y la otra para nosotros dos. Cuando Irene, que fue así que me
dijo que se llamaba la mesera regresó con las dos botellas de champaña, tanto
Hugo como Paco me dieron las gracias, ya que habían salido a celebrar su primer
año de estar viviendo juntos, cosa que yo hasta esos momentos desconocía, desde
luego.
Cuando Irene tomó asiento a mi lado, me sentía como en las nubes, su manera de
vestir tan seductora y al mismo tiempo tan especial, que me tenía con la boca
del todo abierta, sus enormes senos parecían que fueran a salirse del
pronunciado escote que usaba, sus largas y bien torneados muslos apenas
cubiertos por esa pequeña falda invitaban a que los tocase lo mismo que sus bien
formadas nalgas, por lo que discreta y tímidamente al principio, coloqué mi mano
sobre su rodilla, temiendo que me la fuera a quitar, pero contrario a eso tomó
mi mano y la fue llevando lentamente hasta de bajo de su corta falda. Hasta que
sentí su miembro entre mis dedos, a sabiendas de que era lo que me había
encontrado, seguí manoseándolo, al punto que se fue poniendo bastante duro y
caliente. Irene en esos momentos, de la misma manera discreta que introdujo mi
mano bajo su falda, la fue sacando al tiempo que su boca y la mía se unieron en
un profundo beso, en el que sentí como su lengua se introducía dentro de mi
boca.
Cuando nos separamos Hugo y Paco nos observaban asombrados, en esos momentos
Irene me preguntó sí me gustaba bailar, a lo que algo ya más suelto le respondí
que con ella si. En la pista de baile que se encontraba a media luz, había otras
parejas, mayormente de otros hombres que bailaban entre sí, por lo que el bailar
con Irene me pareció lo más sublime que me pudiera pasar. Ella es un poco más,
por no decir bastante más alta que yo, por lo que su cosa me presionaba la parte
baja de mi barriga. Bailábamos completamente abrazados, su lengua jugaba con mis
orejas, llegando a excitarme tremendamente, mi cara se enterraba entre sus
grandes y hermosos senos, los que prácticamente tenía dentro de mi boca.
En cierto momento Irene de manera bien discreta me preguntó, si estaba dispuesto
a pasar la noche con ella, a lo que de inmediato le pregunté que debíamos hacer
para lograrlo. Ella me dejó en medio de la pista de baile por un corto momento,
al regresar, me tomó de la mano y de manera seductora me pidió que la siguiera,
subimos por una oculta escalera, yo nada más tenía ojos para ese hermoso par de
bien formadas nalgas.
Hasta que llegamos a una pequeña habitación, en la que había algo así como un
sofá pero de dimensiones más grandes que las usuales, una hielera con otra
botella de champaña y un par de copas. Aparte de una decoración bastante
sugestiva, de cuerpos de mujeres desnudas, manteniendo relaciones entre ellas.
Irene de inmediato destapó la botella, y llenó el par de copas, las que nos
tomamos de inmediato. Nos comenzamos a besar y acariciar, hasta que yo estaba
tremendamente excitado. Tanto ella como yo nos fuimos quitando toda la ropa,
hasta quedarnos del todo, desnudos.
Fue cuando pude apreciar en todo su esplendor, completamente depilada verga, así
como su gran tamaño, que de inmediato sin querer la comparé con el tamaño de la
mía. Como que ya estoy cansado de decirlo, pero no se que me pasó, que de
momento me encontré, con ese grueso miembro completamente dentro de mi boca.
Yo le chupaba lentamente su colorado y palpitante glande, que se deslizaba por
completo entre mis labios, hasta que no tan solo era su glande lo que tenía en
mi boca, sino que también gran parte de su grueso miembro. De manera
desesperada, seguí chupándoselo, en esos momentos pensaba que era la cosa más
divina que me pudiera estar pasando. Hasta que Irene, me detuvo y viéndome
directamente a la cara, con sus achinados ojos negros me preguntó, si yo deseaba
que ella me penetrase. La sola imagen mental que me hice en esos momentos de
verme sometido por ella, como que me excitó mucho más todavía, por lo que sin
decir una sola palabra, me coloqué sobre el sofá a su lado boca abajo, con mis
piernas abiertas.
Esperando que en cualquier momento, la bella Irene me penetrase con su grueso
miembro. Pero no sucedió de inmediato, ella se levantó y a los pocos segundos
regresó con una pequeña vasija llena de agua y un par de pequeñas toallas, con
las que dulcemente me comenzó a limpiar mis nalgas, yo procuraba estar lo
suficientemente relajado, esperando sentir su verga sobre mi esfínter en
cualquier momento, pero a penas me introdujo uno de sus dedos, me puse tan tenso
que yo mismo me di cuenta.
Fue su suave vos la que me fue diciendo que me relajase, al tiempo que
suavemente Irene metía y sacaba algunos de sus dedos dentro de mis nalgas, por
lo que poco a poco me fui sintiendo más relajado. Era la primera vez que una
persona, que no fuera mi medico me hacía eso. Nuevamente me volvió a pasar las
toallas mojadas entre mis nalgas y volvió a introducir no uno sino tres de sus
dedos a la vez, embadurnados en no se que crema los que con suavidad seguía
metiendo y sacando, hasta que los extrajo. De momento sentí su caliente y húmeda
lengua, abriéndose camino entre mis nalgas.
No lo podía creer, el placer que Irene me proporcionaba con su lengua dentro de
mi culo era algo infinito, nunca llegué a pensar que me fuera a sentir así, o
estar así con alguien que me estuviera haciendo eso tan divinamente. Yo me
sentía por completo en la gloria, cuando Irene dejó de lamer mi culo y con toda
su calma se fue colocando tras de mi, sentí su colorada cabeza sobre mi
esfínter, lentamente ella comenzó a presionarlo contra mi hueco, el que sin
ofrecer resistencia alguna cedió bajo la presión que ella o él realizaba.
El ir sintiendo poco a poco, como me iba penetrando con su inmenso miembro, para
mi fue algo increíble. Sus manos me tomaron por las caderas y me apretaron
contra su cuerpo, claro que si sentí dolor. Pero era tanto el placer que a la
vez sentía y que recorría todo mi cuerpo, que casi ni le puse atención. Una vez
que sus manos me apretaron completamente contra su cuerpo, era tal mi alegría,
que no se ni como, se me ocurrió comenzar a mover mis caderas de un lado al
otro, como buscando sentir más dentro de mi su verga. Irene me mordía suavemente
mi nuca, cosa que hacía que mi cuerpo como que se quebrase entre sus brazos. Yo
pensaba que ese ya era el colmo del placer, cuando una de sus manos, me agarró
los testículos y comenzaba apretármelos, para luego dedicarse a masturbarme al
tiempo que divinamente me seguía dando por el culo.
La verdad es que no tengo la menor idea del tiempo que permanecimos dentro de
esa pequeña habitación, pero cuando Irene comenzó acelerar sus embates contra mi
cuerpo, yo ya me había venido entre sus dedos. Ella me preguntó si quería que me
viniera dentro de mí o fuera, de manera golosa le dije que lo quería todo
dentro, lo que hizo al pie de la letra, sus embates aceleraron hasta que poco a
poco se fue deteniendo.
Después de otro largo rato que permaneció acostado sobre mí, extrajo su verga.
Su cara se acercó a la mía y me volvió a dar otro largo y profundo beso de
lengua. Después de eso en un pequeño baño al que me condujo al otro lado de la
habitación me lavé y expulsé lo que Irene tan sabrosamente me había dejado
dentro.
Después ambos nos vestimos, nos terminamos la botella de champaña y decidimos
bajar agarrados del brazo hasta nuestra mesa, donde Hugo y Paco nos esperaban,
Irene de manera muy cortes se me acercó al oído y me dijo que cuando quisiera
nos podíamos poner de acuerdo para vernos fuera del local, que mi manera de ser
le había encantado. Tras lo cual, nuevamente me dio otro sabrosos beso y se
despidió, dejándome una tarjeta con su teléfono.
Fue después de que ella se marchó que Hugo, el más indiscreto de los dos
marineros me preguntó. ¿Te gustó como lo hizo?, a lo que yo, no se por que
razón, quise dar la impresión, de que fui yo quien le había comido el culo a
Irene, por lo que le dije que si. Él siguió con sus indiscreciones, hasta que
afirmando dijo, que Irene debía tener una verga inmensa y que si me había dolido
mucho cuando me lo metió.
Algo cortado le respondí que no me había dolido tanto y que si era grande su
verga, fue cuando Pablo comentó se nota por la manera en que caminabas, cuando
se fueron caminaba normalmente pero cuando regresaron, caminabas como sí
tuvieras todo el culo abierto. Tras escucharlo decir esas palabras, no se ¿por
qué? pero me han causado un ataque de risa, del que se contagiaron ellos dos.
Tanto Paco como Hugo se terminaron una de las botellas de champaña, mientras que
la otra nos las llevamos al carro, ya que se me ocurrió el llevarlos hasta el
club náutico, en el camino hablamos de todo un poco hasta de mi lancha.
Cuando llegamos al club, Paco me pidió que le mostrase mi embarcación, después
de estacionarme, cuando nos dirigíamos a pie hasta ella, pasamos al lado de un
tremendo yate de yo no se cuantos pies o metros de eslora, lo que se es que mi
lancha, que es de unos diez metros de largo, cabe como tres veces en ese yate.
Al llegar a mi lancha les ofrecí un trago, para después comenzar a mostrárselas
detenidamente. Mientras que ellos dos la miraban detalladamente por fuera, yo
bajé al camarote principal, aunque eran como las tres de la madrugada, sentí un
calor tan sofocante, que aproveché para cambiarme de ropa, simplemente me quité
toda mi ropa y me puse unos pantalones cortos, cuando mis invitados después de
ver el par de motores diesel, que mueven mi lancha bajaron al camarote.
Al verme en broma y en serio comenzaron a halagar mi cuerpo, fue cuando Hugo
nuevamente soltó una de sus indiscreciones, a las que ya me estaba
acostumbrando, llamando a Paco por su apodo, diciéndole. Mira tres patitas, ven
para que veas lo grande que es esta cama. Al escuchar a Hugo llamar a su
compañero por ese tan peculiar apodo, no me quedó otra que preguntarle al mismo
Paco el por que Hugo lo llamaba de esa manera. La verdad es que Paco se quedó
algo cortado y como tardaba en responderme, el mismo Hugo me dio la explicación,
mientras que él solo muerto de la risa decía. Es que aquí el joven, no tiene dos
piernas como la mayoría de nosotros, el tiene sus dos piernas normales y entre
ellas tiene la tercera pero sin dedos.
Sin perder tiempo, Hugo se acercó a Paco y como si fuera la cosa más natural del
mundo, bajó la cremallera del pantalón de su compañero y tras luchar un poco con
el slip, extrajo una verga en reposo, que nada más de verla asustaba. Nuevamente
me sentí sumamente raro, hasta creo que comencé a sudar frío, cuando vi
semejante cosa. Pero de la misma manera que me impresionó el miembro de Paco, yo
actuando con toda naturalidad, me le acerqué a Paco, al tiempo que le preguntaba
a Hugo sí él no era celoso.
Hugo con una picara sonrisa en su rostro me respondió que no, siempre y cuando
él también participase. Ya les digo, no se como me comporté de esa manera,
simplemente me arrodillé frente a Paco, quien se quedó de lo más tranquilo,
mientras que yo todavía bastante asombrado, me dediqué terminar de extraer su
enorme verga del pantalón. Una vez fuera, se la seguí tocando y acariciando al
tiempo que la fui dirigiendo directamente a mi boca, en cosa de segundos después
de que mis labios tocaron su glande, la inmensa verga tomó cuerpo, emulando lo
dicho en la obra de Cirano de Bergerag.
No era un hombre con una gran verga, era una gran verga a la que estaba pegada
un hombre, bueno algo así más o menos decía la novela. Al ver ese impresionante
miembro entre mis dedos y tocando mis labios, no dudé ni un momento en
introducirlo dentro de mi boca. A medida que toda mi boca y mi lengua jugaban
con su glande, Hugo sin perder mucho tiempo, me bajó los pantalones cortos que
momentos antes me había puesto, dejando con mi colaboración por completo mis
nalgas al aire.
Comencé a sentir los dedos de Hugo hurgándome sin perder tiempo el hueco de mi
culo. Yo para al mismo tiempo que le mamaba y lamía la verga a Paco, levanté mis
nalgas. Casi de inmediato sentí su caliente verga penetrándome entre las nalgas,
la sensación de placer que sentía era tremenda, en mi vida había pensado que eso
me fuera a gustar tanto a mí.
Mientras le chupaba insistentemente la enorme verga de Paco, al mismo tiempo
restregaba mis nalgas contra el cuerpo de Hugo. En cierto momento pude ver en
uno de los espejos del camarote, el reflejo de nuestras imágenes, en lo único
que se me ocurrió pensar fue que yo parecía un pollo a la vara, atravesado del
culo a la boca por dos buenas vergas. Después de un buen rato de estar mamando
la verga de Paco este se vino por completo dentro de mi boca, aunque esperaba
con ansias locas, el que eso sucediera, en parte me sorprendió y en gran parte
terminé por tragarme una buena cantidad del semen de Paco.
Quizás lo que Hugo estaba haciendo y viendo, lo hizo que a los pocos segundos
también se viniera completamente dentro de mi. Yo quedé completamente agotado en
esos momentos, mientras que Hugo y Paco se terminaron de quitar toda su ropa y
se acostaron a mi lado, en cosa de segundos los tres, a pesar de lo agotado que
me sentía, nos pusimos a jugar. Mejor dicho yo era el centro de atención
nuevamente de ellos dos.
No fue hasta que Hugo de manera maliciosa me preguntó, si me gustaría meterme la
enorme verga de su compañero dentro de mi culo. A lo que yo golosamente, le
respondí que si. Pero antes a pedido de Paco entré al baño a descargar todo lo
que Hugo había dejado dentro de mí. Cuando regresé a la cama, Paco y Hugo
estaban practicando el condenado 69. Pero apenas me les acerqué, Hugo se
levantó, mientras que Paco, se había quedado acostado sobre la cama, con su
hasta completamente erecta.
Yo tomé posición sobre él, con mis propias manos fui conduciendo su enorme verga
hasta mi abierto culo, no se sí sería por que ya era la tercera vez que me
penetraban en ese día, pero no sentí dolor alguno, la enorme verga de Paco casi
entraba y salía por completo de entre mis nalgas. Mientras que a los pocos
segundos nuevamente me encontraba mamando, pero a Hugo que no quería quedarse
solo. Hugo realmente se vino bastante rápido, pero Paco y yo duramos un largo
rato teniendo relaciones, en par de ocasiones cambiamos de posición,
originalmente me encontraba con las piernas bien abierta sentándome sobre la
gruesa y larga verga de Paco, disfrutando todas y cada una de las penetraciones
que me daba por mi abierto culo.
Luego me lo sacó por unos instantes, me acosté boca arriba mientras que él me
tomaba por los tobillos, separó mis piernas y pude ver como ese enorme miembro
entraba y salía de mi culo como si fuera la cosa más normal de la vida. Durante
todo ese tiempo no dejaba de disfrutar lo que estaba sucediendo. Finalmente me
puse en cuatro patas y paco me siguió penetrando a gusto y gana, hasta que se
vino a pedido mío dentro de mí. La verdad es que me debí quedar dormido, ya que
no me acuerdo de haber visto que Paco y Hugo se marchasen. Cuando me desperté a
pesar de lo mareado y confundido que me encontraba, sabía de sobra que me había
comportado como nunca lo había hecho en mi vida hasta esa noche. Entré a la
ducha, me bañe y expulse todo de mi cuerpo.
Al finalmente vestirme, no quería volver a verlos a ellos dos, me sentía raro,
un sin fin de emociones luchaban dentro de mi. Me sentía a avergonzado y molesto
conmigo mismo por todo lo que había hecho, desde tener relaciones con la tal
Irene, dejando que me diera por primera vez en mi vida por el culo, hasta la
pequeña orgía de tres que tuve con los dos marineros. Pero al mismo tiempo el
solo recuerdo del placer sentido, al estar en los brazos de otro hombre mientras
me daban por el culo, era algo que difícilmente podré olvidar aunque quiera.
Después de esa loca noche, más nunca he sentido el deseo de acostarme con otros
hombres. Al salir de mi lancha, por suerte el yate no se encontraba en el
muelle, por lo visto había zarpado bien temprano como dijeron ellos dos.
Autor: Narrador narrador (arroba) hotmail.com