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PRIMER EXPERIENCIA Y CON EL MÉDICO MILITAR Sentí su pene duro en mi culo, solo gemí, y me dejé llevar por lo que estaba sintiendo, así, empezó a cogerme, metía y sacaba su pene, metiéndomelo cada vez hasta el fondo
Esto sucedió hace unos años, cuando tenia 19 años de edad, yo soy de México, del
puerto de Veracruz; había salido del bachillerato (preparatoria) y como todos,
debía seguir la universidad, así que uno debe buscar el colegio de acuerdo a lo
que queramos ser por el resto de nuestras vidas.
Siempre me ha llamado la atención la milicia y los aviones, así que decidí que
podría ser piloto aviador. De antemano debo aclarar que para ese momento, me
gustaban mucho y solamente las mujeres, con las cuales ya había tenido
experiencias sexuales.
Entonces, como les iba diciendo, con el afán de ser piloto aviador militar, fui
a realizar los exámenes de admisión, el cual, el primer examen, se trata del
examen médico, en cual pasas por todo tipo de exámenes, la vista, la presión
arterial, estatura, dientes, etc. etc. etc.
Pues fue ahí, donde tuve esta experiencia, y la cual me hizo adoptar otros
gustos sexuales, por que sucedió, que después de todos los exámenes médicos
mencionados, nos hicieron pasar en grupos de cinco, a un consultorio; en dicho
consultorio estaba un médico y un enfermero militares, al entrar el grupo de
cinco, lo primero que escuchamos, fue una voz gruesa, ordenándonos, ¡una fila y
firmes! a lo que inmediatamente respondimos siguiendo al orden; el médico estaba
por detrás de nosotros, lo sentimos caminar despacio hasta ponerse en frente,
cuando lo vi, me quedé como hechizado, nunca antes había visto a un hombre como
lo vi a él en ese momento, me pregunté, -¿qué le estoy viendo? - si es un
hombre.
Pero es que aquel hombre, era muy guapo en primer lugar, el porte del militar,
joven, alto, cuerpo atlético, y a eso le sumamos que su piel era blanca, con un
cabello negro crespo que brillaba, su rostro con las facciones más perfectas que
jamás había apreciado en un hombre, sus labios rojos y carnosos y sus ojos
verdes, contrastaban con su cabello, simplemente, no le podía quitar la vista de
encima, me sentí apenado, avergonzado por lo que estaba sintiendo, en ese
momento reaccioné, cuando nos ordenó que nos quitáramos la ropa, -¿toda?
preguntó un aspirante, y él respondió terminantemente, -sí, toda - enseguida
hicimos lo que nos ordenó.
Yo no soy tan guapo, pero no soy feo, mi piel es blanca, mi cabello castaño, sin
vellos en el cuerpo, estaba delgado en esos años sin ser un flacucho, pero
heredé de la abuela, unas nalgas bien carnudas y levantadas, muy blancas.
Todos desnudos por fin, nos fue revisando uno por uno, la columna, los pies, el
pene, los testículos, el ano, en fin, a cada uno nos revisó hasta las anginas,
de la fila de cinco, yo era el cuarto en turno a revisión, cuando empezó,
comencé a sentir mucho nervio, a medida que se acercaba, el nervio era mayor,
pero no solo era nervio, era excitación, y estaba tratando de controlarla,
pensaba en como ese médico militar se vería desnudo, pensaba que me gustaría
verme como él, y eso me estaba excitando, finalmente llegó mi turno, estaba yo
sudando, me miró a los ojos, con esos ojos verdes, y pude ver, que no solo eran
unos ojos verdes y un cabello negro, eran también pestañas muy negras y muy
rizadas.
Lo vi fijamente, me miró, y me preguntó - por que suda ¿nervioso? y le contesté
solo con movimiento de cabeza que si, se sonrió, se sonrió conmigo, y comenzó a
revisarme.
Cuando llegó a mi pene, estaba medio erecto, y él se dio cuenta, me miró
nuevamente y se sonrió otra vez, y me lo tocó suavemente, me bajó el pellejo
suave pero rápido, prácticamente masturbándome, tres veces solamente, tocó mis
testículos, me dijo como a todos los demás les había dicho, que me diera vuelta
para revisar mi ano, me indicó a mi también, que tocara con mis dedos la punta
de mis pies, y entonces sentí su dedo suave en mi ano, nunca había sentido lo
que en ese momento sentí.
Terminó de revisarme y revisar al último, les pidió a todos que se vistieran,
pero a mí me dijo, - usted quédese así, hay algo que debo revisar bien; le
indicó a los demás que eso era todo, y que se podían ir.
Nos quedamos solo él, su enfermero que hacia las anotaciones que él le indicaba,
y yo.
Me sentí inmensamente nervioso, se paró nuevamente frente a mi, y dijo,
-enfermero, anote-
Pero yo vi que el enfermero sonrió, y él dijo enseguida:
Muchacho de piel blanca, no mal parecido, muy caliente, pene blanco y carnoso,
testículos grandes, y muy suaves al tacto, procedes a ser exploración oral; y
dicho esto, se agachó y comenzó a chuparme mi pene, mientras lo hacía una mano
acariciaba mis testículos y otra subía y bajaba mi pellejo, el enfermero veía la
escena con una sonrisa, lo miraba a él y me miraba a mi, me la chupó hasta que
estuvo bien dura, yo seguía nervioso y sudando, nunca había hecho o permitido
que un hombre me hiciera algo así, pero me estaba gustando, me estaba excitando
mucho, y era muy agradable; pero eso no iba a ser todo.
Cuando mi pene estuvo bien duro, se levantó y me dijo suavemente, -te puedes dar
vuelta- ya no lo dijo con esa voz enérgica y ordenando, enseguida me dijo -
puedes tocar las puntas de tus pies con las manos- y yo sin replicar, lo hice,
quería sentir nuevamente lo que hace unos minutos había sentido, pero fue mucho
mejor, ahora no se fue su dedo, fue su lengua, húmeda, sentí riquísimo, y
perdiendo la cordura le dije -más, otra vez más- y me complació, lo hice mucho,
me mojó tanto, que su saliva escurría hasta mis testículos.
De repente, sentí que se alejó, escuché como se abría su pantalón, sentí como me
tomó por la cintura con ambas manos, sentí su pene duro en mi culo, sentí como
jaló hacia él con sus manos y como empujó su pene en mi culo, fue riquísimo, no
dije nada, solo gemí, y me dejé llevar por lo que estaba sintiendo, así, empezó
a cogerme, metía y sacaba su pene, metiéndomelo cada vez hasta el fondo, podía
sentir su vello púbico, y sus testículos golpeando en mi.
Era riquísimo lo que estaba sintiendo, pero no conforme con eso, vi al enfermero
bajo de mi, buscando afanosamente mi pene, y me lo chupó, me lo chupó hasta
hacerme correr, mis piernas temblaron, el militar que me cogía, era un semental
que no paraba, inmediatamente que me vine, el enfermero se levantó, sacó su
pene, que no era grande, pero estaba muy grueso, me lo puso en mis labios y me
dijo con voz de mando - chúpamelo hasta que termine, o te cojo yo también - pero
la verdad, el médico lo estaba haciendo tan rico, que no quise dejar de
sentirlo, así que como pude, enderecé mi cabeza, y se lo chupé hasta que
terminó, y al mismo tiempo que lo hizo el enfermero, terminó el médico, acabó
dentro de mi, y me sentí lleno y complacido.
Cuando me la sacaron los dos, uno de la boca y el otro del culo, caí de
rodillas, un poco avergonzado conmigo mismo por haber hecho lo que nunca había
hecho, y un poco cansado de mi boca y de mi culo, por la cogida que me habían
dado.
El médico acarició mi cabello, y m dijo - ya puedes vestirte, hazlo rápido o te
damos otra- y se rieron los dos.
Así inicié a vestirme, el médico se acercó, y antes que subiera mis pantalones
me sacó mi pene y me lo comenzó a chupar, pero muy suave, y me dijo que esa era
de despedida.
Salí del consultorio, pensando, si podría regresar al día siguiente a que me
hicieran nuevamente el examen médico militar.
Autor: Alex