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AMATEUR XXVIII |
Esta ha sido mi única experiencia con otro hombre, al cual le agradezco
el buen trato y la cordialidad con que llevó todo el momento. Vivo en
Bogotá, estoy casado con una gran mujer, tengo 38 años, Moreno, 1.70 m.
Siempre me han gustado las mujeres y esta experiencia que viví fue para
conocer.
Ya hace unos años, como seis, entré a la sección contactos de esta
página, ya que tenía curiosidad de poder experimentar una relación
sexual con otro hombre y que ojalá fuese mayor que yo.
(No hay nada mejor que la experiencia) Vi que un hombre de negocios
vendría a Bogotá desde Chile y quería conocer a una persona en Bogotá.
Me encantó la idea ya que sería algo discreto y no crearía ningún
vínculo. Nos contactamos y quedamos de encontrarnos en el hotel en el
cual se hospedaba. Así fue como llegó ese sábado, ya que en toda la
semana tuvo largas jornadas de trabajo y viajaba de vuelta el domingo
para su natal Santiago.
Llegué al hotel como a las 3:00 p.m. de acuerdo a la cita que teníamos y
me recibió muy cálidamente en su habitación. Se veía algo cansado por la
semana de trabajo, pero de muy buen ánimo. Calculo que Jorge (así lo
llamaré) tendría unos 50 años y por lo visto muy bien vividos.
Me invitó a tomar un whisky, el cual acepté de muy buena manera, ya que
es lo único que tomo y sabía que me calmaría los nervios que tenía.
Empezamos a charlar sobre el trabajo, como le había parecido la ciudad,
de nuestras familias y poco a poco llegamos al tema del sexo. Me
preguntó el por que de mi "curiosidad" y le contesté que deseaba tener
conocimiento, sentir lo que era estar con otro hombre y que yo fuese el
activo, aunque de acuerdo a como se dieran las cosas pasaría a ser
pasivo. De inmediato se levantó de su silla y me invitó a pasar a la
habitación para que estuviésemos más tranquilos en la cama.
Allí nos acostamos, seguimos charlando y poco a poco él empezó a
acariciarme. Me sentía muy bien ya que lo hizo de una manera muy
agradable. Empezó a quitarme la ropa y lo mismo iba haciendo con la
suya. Ya cuando me tuvo desnudo, en su cama y a su disposición empezó a
besarme por todo el cuerpo, aunque cuando trató de besarme en la boca,
no lo hice y él muy tranquilamente siguió con el resto.
Cuando llegó a mi verga, la encontró al tope de su tamaño y procedió a
darme una de las mejores mamadas que he recibido. Siguió por todo el
cuerpo el cual devoraba con una sed de macho, la cual me contagió y
empecé a sentirme muy bien. Empecé también a acariciarlo y por lo que me
pude dar cuenta, le gustó por que su verga empezó a levantarse muy
animadamente. Cuando terminó de besarme, se acostó de espaldas y me dijo
que me colocara encima de él, como la famosa postura del misionero.
Levantó sus piernas y las colocó en mis hombros y mientras tanto procedí
a ensalivar un poco mi verga, se abrió más de piernas y se la metí
lentamente, él se quejó al principio, me detuve unos instantes. Él me
decía, dámela toda, yo seguía disfrutando en cada sacada y metida que le
daba, estaba sudando al igual que Jorge, por lo que el ambiente de dos
machos sudando y teniendo sexo hacía del momento algo excitante.
Continuamos en esta posición y cada vez yo le daba más y más rápido y
Jorge me recibía más y más adentro. Desde mi posición era muy excitante
ver como mi verga entraba y salía y volvía a entrar en aquel anillo
rosadito y peludito que cada vez me recibía con más ganas y así tomé su
verga que estaba bien parada y empecé a hacerle una buena paja para que
disfrutara así como yo lo estaba sintiendo.
Duramos unos minutos, que no se cuantos fueron… 5, 10, 20 o más en los
cuales entraba y salía de una manera deliciosa. Cuando sentí que me iba
a venir, aceleré la paja que le estaba haciendo y llevaba mi mano hasta
mi boca para poderlo ensalivar y tratarlo de la mejor manera posible. Se
lo merecía ya que me estaba haciendo sentir muy bien.
Aceleré y él se empezó a venir, soltó una gran cantidad de lechecita que
le cayó en su estómago y en su pecho, por mi parte me concentré para
acabar dentro de Jorge, quien al sentir que ya iba a derramarme, me
pidió que lo hiciera dentro de él, a lo cual accedí de manera inmediata
y le descargué una buena ración de lechecita. Cuando sintió que había
terminado de correrme, me la sacó de su agujerito y se la llevó a su
boca, dejándomela limpiecita, coloradita y tranquilizada.
Después de un rato que nos estuvimos acostados, volvió a besarme el
cuerpo y retomó su papel de buen mamador, lo cual llevó a que me
empinara de nuevo y esta vez siguió con su boca hasta que me hizo acabar
en su boca.
Ya cansado me levanté y me llevó hasta la tina en donde me ayudó a
bañarme, secarme y vestirme, luego de lo cual nos despedimos y le
agradecí el momento que me había dado.
Nunca más pudo volver a Colombia, pero me quedó un gran recuerdo de lo
que es estar con un hombre maduro, quien te lleva y te enseña cosas que
jamás volví a experimentar.
Autor: Raúl692003