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AMATEUR XXXII |
El CURITA Su grueso miembro taladraba mi culo, su rostro era de placer, no me quitaba la mirada como recriminándome algo, como que lo llevaba al pecado pero cerraba los ojos y jadeaba consintiendo aquel pecado
Era el verano, el mes de Marzo cuando conocí a Hilmer, un sacerdote de la
parroquia de mi barrio, era bajito, de cuerpo macizo y lucia un pecho velludo,
unos gruesos bigotes oscuros y unas enormes cejas pobladas que marcaban su
personalidad firme y segura, nos hicimos amigos porque el hacia obras de bien
social con los niños, a mi me gustaba verlo en ese plan atendiendo a las
personas y siendo siempre tan servicial, debe ser por ello que me fije en él...
Pero eso de usar sotana como que paraba mis deseos por él, además cada noche
fantaseaba haciendo el amor... era perturbador pensar que un ministro pueda
fornicar con alguno de su propio sexo, eso me atormentaba día a día y mucho más
cuando lo veía...¿pero que podía hacer?, así fueron pasando los días y seguíamos
trabajando juntos...hasta que una noche de sábado asistimos a una pequeña fiesta
de una de sus feligresas y bebimos un tanto, ya después del baile se hizo un
poco tarde y subí al auto para que me llevara a casa.
Manejando en la noche me comentó que tenia en la parroquia un vino que le habían
enviado de Italia...eso me sonó a invitación, la cual acepté sin
titubear...llegamos a la parroquia y en el despacho dispusimos de una mesa y del
mueble para acomodarnos y beber, allí conversamos tendido…así que entre charla y
charla me contó de un viejo amor que le rompió el corazón, una chica de su
pueblo a la que dejó al momento de ordenarse...
Sus ojos se llenaron de lagrimas y lo abracé, él también me correspondió
abrazándome fuerte...en ese momento sentí su cuerpo y no lo soltaría por nada
del mundo...ya sin remedio me acerqué a su rostro y nos miramos uno al otro por
unos segundos...él pronuncio mi nombre y no pude contenerme...lo besé sin parar,
sentí su saliva entrar en mi boca.
Sin parar de besarnos él bajó por mi cuello lamiendo cada parte de el, sentí
rozar sus gruesos bigotes por mi rostro, el jadeo me excitaba más y más, ya no
pude contenerme, mis manos bajaron hacia su cremallera y sentí su miembro
palpitando, sin decir palabra él se paró y bajándose los pantalones cogió mi
cabeza e introdujo su miembro en mi boca....
Estábamos pecando, pero era una oportunidad que no perdería, se sacó la camisa y
me miraba fijamente al rostro mientras manejaba mi cabeza a su antojo, yo
acariciaba sus pechos y presionaba sus pezones para excitarlo más...su miembro
alcanzó su máxima dureza gracias a mi lengua y mis labios que dibujaban su
enorme cabeza, sus vellos eran gruesos y oscuros como los de su bigote...
Me desnudé y sentado en aquel mueble Hilmer me levantó de piernas y empezó a
introducir su lengua en mi culo...el placer era indescriptible porque yo lo
deseaba mucho...me dejaba llevar por el momento a pesar del sentimiento de
culpabilidad que me generaba, él insistía con la lengua hasta hacerme gemir.
Con gran delicadeza me tomó de la cintura y se sentó en el sillón, me tomó de
las caderas y me llevó hacia su miembro, nuestros pechos se juntaron rozándose,
mi ano ya había sido lubricado para someterme a sus deseos...suavemente me fue
penetrando, sentía como de a pocos su grueso miembro se introducía en mi, yo
hacia presión para demostrarle que lo queria con fuerza, él no se movía...
Empezó a succionar mis pechos...yo acariciaba su rostro, era algo siempre
soñado, empecé a moverme suavemente para evitar que eyaculara, nos besamos y
luego me dijo...siempre quise acostarme contigo, ahora será nuestro
secreto...sintió que le debía el mundo entero.
Nos tomamos de las manos entrecruzando los dedos y así cogidos me fui echando
hacia abajo para hacer tensión entre su miembro y mi culo, no dejaba de moverme
para lograr hacerlo explotar, cada vez me obligaba a que me moviera más...
En verdad lo sentía dentro de mi...su grueso miembro taladraba mi culo...que más
podía pedir...su rostro era de placer, no me quitaba la mirada como
recriminándome algo, como que lo llevaba al pecado...pero cerraba los ojos y
jadeaba consintiendo aquel sacrilegio, mi espalda llegó hasta el suelo sin
perder el ritmo de la fricción de la penetración...
Era hermoso, era vibrante, luego me impulsé para volver hacia su pecho y nos
besamos, si, ya les contaré los otros....
Autor: SERGIO