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AMATEUR XXXIV |
EJERCICIOS EN LA OFICINA Tener el culo lleno de verga, mientras mi pija llena el culo de otro es una sensación que no puede ser descrita, hacia atrás sentir el pene de Miguel Ángel y hacia adelante el calor del culo de Enrique
Para satisfacer su curiosidad les voy a seguir relatando lo que pasó en la
siguiente visita a la oficina de Enrique.
Pocos días después de mi primer encuentro con Enrique, acordamos repetir tan
excitante sesión de ejercicios. Cuando llegué a la oficina, la cara de Enrique
me indicó que algo no estaba bien, su socio en la firma también estaba
trabajando hasta tarde, y no tenía intenciones de irse pronto. Que gran
desilusión, no nos quedó más remedio que posponer los ejercicios para el
siguiente miércoles.
Cuando llegué a la oficina ese miércoles, me cruce en la puerta con el socio de
Enrique que afortunadamente se iba. Intercambiamos saludos y enfiló hacia los
ascensores. Finalmente había tenido la oportunidad de verlo con más detalle, era
un hombre elegante y muy atractivo, de aproximadamente 36 años, su 1.92m lo
hacía un poco más alto que yo, algo que siempre me impacta porque no es
frecuente encontrarse con alguien que sobrepase mi 1,86m.
Lamentablemente Enrique me había comentado sobre su condición de mujeriego
incontrolable, así que ni un mal pensamiento cruzó mi mente.
Al entrar a la oficina de Enrique, su cara invitaba a iniciar nuestra sesión de
ejercicios. Nos acercamos lentamente y mientras nos besábamos con el hambre
acumulada durante todos esos días, nuestros manos buscaban afanosamente
desabrochar botones, hebillas, cierres hasta quedar medio desnudos.
No podía creer que de nuevo tenía ese grueso y húmedo pene entre mis manos, fui
bajando lentamente lamiendo cada centímetro del cuerpo de Enrique hasta que su
pene estuvo a la altura de mi cara. Pasé mi lengua delicadamente buscando no
dejar sin aprovechar ni una gota de la gran cantidad de líquido preseminal que
salía, que sabor inundaba mi boca.
Decidí comerme ese rico pene, pero resultaba algo difícil poderlo introducir
completamente en mi boca. Poco a poco mis mandíbulas se fueron ajustando y podía
metérmelo completamente. La respiración de Enrique se hacía cada vez más
entrecortada, anunciando que se iba a venir pero él se retiró dejándome con las
ganas de probar su rico nectar.
Enrique se sentó en un confortable sillón de cuero que forma parte de la
elegante decoración de su oficina. Le restregué por la cara mi verga hasta que
él con un rápido movimiento logró metérsela en la boca. Que maravilla, la boca
de Enrique me transmitía todo tipo de vibraciones, su lengua rodeaba mi glande,
mientras yo me cogía esa caliente boca.
Cuando sentí que estaba a punto de venirme saqué mi pene y me volteé para
sentarme en ese trono de placer que tenía Enrique entre sus piernas.
Al voltearme, Enrique comenzó a mordisquear mis nalgas y a lamer mi ano en
preparación a la gran entrada que estaba por suceder. No puede aguantar y me
senté de una sola vez. Coño que dolor tan intenso, fue tanto que casi acabo en
el acto.
Poco a poco mi esfínter se ajustó a tan grueso intruso haciendo que valiese la
pena el intenso dolor inicial. Me estaba volviendo loco, el placer se había
convertido en uno de los mayores placeres que yo haya sentido.
Mientras subía y bajaba por ese tronco, Enrique me masturbaba haciendo que el
nivel de excitación superase cualquier placer bien complementada por su hermosa
verga. Me paré y le pedí a Enrique que se volteara y se inclinara hasta apoyarse
en la poltrona, así su culo quedaba abierto para mi. Me agaché hasta tener su
ano a la altura de mi boca y le di la mejor mamada de culo que yo podía dar.
Enrique temblaba de placer y miedo porque, como me había dicho, la única vez que
había sido penetrado el dolor fue tal que no pudo disfrutarlo. Así que me
dediqué más a él que a mi mismo, con su ano bien humedecido introduje poco a
poco, y uno a uno mis dedos, dejando que su ano se adaptara. Enrique jadeaba y
con voz entrecortada me suplicó que lo penetrara de una vez.
Me puse en posición y mi glande fue lentamente abriéndose paso por el esfínter
de Enrique. Estuve estático por un rato esperando que aquel dolor inicial que se
siente se convirtiese en ese indescriptible placer que solo se obtiene al ser
penetrado.
Los quejidos iniciales de Enrique se estaban convirtiendo en jadeos de placer
por lo que empecé a bombear mi pene lentamente. Yo me doblaba sobre el cuerpo
para abrazarlo y hacerle sentir todo mi calor y el cariño que le estaba dando.
De verdad que el momento era sublime, dos hombres entregados al máximo placer
hasta que...
En forma intempestiva sentí como bruscamente alguien me tomaba por mis caderas.
No atinaba a saber que estaba pasando cuando sentí que un inmenso glande se
abría paso por mi ano. Fue tal, la magnitud de la embestida que yo caí sobre
Enrique haciendo que mi pene entrase con tal fuerza que le arrancó un grito de
placer y dolor.
Una gruesa y varonil voz dijo suavemente, tranquilos que todos vamos a gozar
mucho. Esa voz no me era familiar, sin embargo Enrique si la conocía y no pudo
menos que gritar: ¡Miguel Ángel!. Era su socio quien me estaba haciendo sentir
de maravillas. Tener el culo lleno de verga, mientras mi pija llena el culo de
otro es una sensación que no puede ser descrita, simplemente hay que hacerlo.
Una vez recuperados de la sorpresa inicial, buscamos sincronizar nuestros
nmovimientos hasta que finalmente quien llevaba la batuta era yo. Hacia atrás
para sentir el pene de Miguel Ángel hasta que sus bolas rozaban mis nalgas, y
hacia adelante para sentir el calor y estrechez del culo de Enrique. Este vaivén
se fue acelerando hasta que logré que Miguel, entre gemidos y exclamaciones,
lanzara su cálido semen hasta llenar por completo mi culo.
Embriagado por ese intenso momento de placer, yo descargué todo mi semen en el
culo de Enrique, mientras éste llenaba el sofá con el producto de la
masturbación que se había estado haciendo mientras yo lo penetraba.
Finalmente pude voltearme y ver de frente a ese atractivo hombre que hacia
minutos me había tomado a la fuerza y cuyo semen escapaba de mi ano y corría por
mis muslos. Lo que pasó después lo dejaré para un próximo relato.
Espero que este le haya gustado.
Autor: Dakota