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DUOS XXXVII |
SEÑOR SALVADOR Me untaba vaselina en el ano, y me penetraba acabando casi inmediatamente, después me volteaba boca arriba y me penetraba otra vez para acabar también muy rápido
Yo siempre le fui fiel, aclarando que fuera de la cama y ante la gente, mi vida
era heterosexual pero al momento del sexo yo buscaba a este señor.
Hasta los 22 años (edad en que me casé) mantuve relaciones sexuales con la
persona que me desvirgó una noche que pedía aventón, era un señor de unos 50
años aproximadamente. Durante todo ese tiempo yo siempre le fui fiel, aclarando
que fuera de la cama y ante la gente, mi vida era heterosexual pero al momento
del sexo yo buscaba a este señor, Salvador es su nombre.
En el transcurso de todos esos años me pude dar cuenta que yo no era el único
con quien él tenia relaciones, ya que varias fueron las ocasiones en que le
llamaba y después de muchos timbres él me contestaba bastante agitado y cambiaba
la hora de nuestros encuentros hasta varias horas después, también me tocó
llegar muchas veces a su casa nos minutos antes de nuestras citas y ver a
muchachos de mi edad saliendo de su casa y cuando yo entraba él ya estaba
cansado y solo se dejaba hacer.
También en ocasiones cuando ya estábamos en plena actividad sexual sonaba el
teléfono y después de varios timbres el contestaba y ponía citas calculando la
hora en que yo me iba a ir.
Durante todos esos años lo fui conociendo y me di cuenta que el ya era un
homosexual declarado, toda la gente lo sabía y así era su forma de vida, ya que
varias veces que me citó me tocó encontrar que tenia convivios con amigos de él
también homosexuales y cuando yo entraba todos callaban, él me tomaba de la mano
y me llevaba a su recámara presumiendo a todos que iba a coger.
Nuestras relaciones eran monótonas, todos esos años siempre fue igual: en su
recamara y de pie él me desnudaba y besaba todo el cuerpo, se arrodillaba frente
a mí y me mamaba el pene durante varios minutos con la intención de que acabara
en su boca, lo cual nunca consiguió, después él se desnudaba, me hacia que me
arrodillara y se la mamara solo unos minutos por que rápidamente sentía que
acababa, después me acostaba en la cama boca abajo, me untaba vaselina en el
ano, y me penetraba acabando casi inmediatamente, después me volteaba boca
arriba con mis piernas en sus hombros y me penetraba otra vez para acabar
también muy rápido.
Después se acostaba boca abajo y yo lo penetraba durante un buen rato hasta
acabar. Esos eran nuestros encuentros sexuales 2 o 3 veces por semana durante 8
años.
En cierta ocasión que llegué a su casa él ya estaba desnudo, me llevó a su
recamara y tenía las cortinas cerradas, y la luz apagada, estaba completamente
oscuro. Como siempre me desnudó, pero esta ocasión me acostó en su cama,
encendió la televisión y la luz me dejó ver que había alguien más acostado en la
cama también desnudo.
Él se acostó también en la cama, quedando yo en medio de los dos. Yo me sentía
muy desconcertado por que a pesar de que intuía que él tenia mas parejas siempre
lo respeté y creí merecer su respeto, pero no fue así, yo estaba mudo y sin
moverme tratando de asimilar la situación bastante incomoda por cierto, así que
cada quien tomó una de mis manos y se las colocaron en sus respectivos penes
haciendo que los masturbara.
El pene de la otra persona ya estaba completamente duro, no era muy grande y
estaba arqueado hacia arriba, el pene del señor Salvador estaba flácido pero se
endureció en mi mano y una vez erecto me dijo que se lo mamara, así que me doblé
hacia su pene y le di una mamada mientras con la otra mano seguía masturbando a
la otra persona.
Después de unos minutos me dijo que me detuviera y que se la mamara a su
compañero pero yo me negué y me acosté de nuevo lo cual esta persona aprovechó
para sentarse sobre mi pecho, se inclinó hacia enfrente y me clavó su pene en mi
boca. De verdad que fue desagradable sentir que durante todo ese tiempo que
estuvo el pene en mi boca no dejó de salir liquido seminal, el cual tuve que
tragar.
Después de un rato quitó su pene de mi boca, se levantó de mi pecho, me volteó
boca abajo y se acostó sobre mi colocando su pene en la entrada de mi ano,
inmediatamente quise quitarme pero entre él y el señor me detuvieron con fuerza
hasta que logró penetrarme lubricado solo con la saliva que yo le había dejado
en el pene.
La penetración fue muy dolorosa pero ya una vez adentro mi ano se acostumbró
rápidamente ya que ese pene no era grande ni grueso, pero esta persona era un
salvaje y empujaba con mucha fuerza hasta el fondo, era muy desesperado, metía y
sacaba su pene a gran velocidad, no dejaba de gritarme insultos, con su mano me
pegaba en las nalgas, en fin... estaba vuelto un loco cogiéndome. Yo estaba con
la cara metida en la almohada y solo la levantaba para ver con mucha tristeza la
cara del señor Salvador admirando el cuerpo del semental que me estaba cogiendo,
era una persona de unos 25 años, moreno, de rasgos toscos, bastante fornido y
con aspecto de macho bronco.
Después de unos minutos separa mis nalgas con sus manos y me mete el pene hasta
el fondo, su cuerpo se queda tenso y sin moverse siento como me empieza a dar
chorros de esperma dentro de mi, mientras me clava las uñas en las nalgas,
después del primer chorro de semen grita de placer y con puras malas palabras
anuncia que estaba acabando y lo bien que se sentía, ante la felicitación y
hasta aplausos del señor Salvador. Después de varios chorros de esperma en mi
interior se acuesta boca abajo en la cama a descansar, lo cual aprovechó don
salvador para masajearle la espalda y preguntarle que si le había gustado,
contestando que había estado delicioso y le dio las gracias.
Mientras yo me masturbé un poco para que se me parara el pene, y una vez erecto
me coloqué sobre esta persona, quien inmediatamente se quitó enojado, me empujó
diciendo que él no era ningún maricón, que él solo se cogía a don Salvador. Así
que don salvador al ver que podía haber problemas, me dijo que ya me fuera y que
le llamara más tarde para ver cuando nos veíamos, él tampoco quiso que lo
penetrara. Nunca lo volví a ver, ya no regresé y me enteré que esta persona era
el semental favorito de don Salvador...
Autor: Michelle Banks