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ORAL XXV

 

 

MI FUTURO CUÑADO AARON 2

Tardé cerca de una semana en volver a ver a Aarón. Fue en el cumpleaños de su madre, y no tuvimos tiempo para estar a solas y hablar de lo sucedido. Mi relación con Laura comenzaba a desmoronarse, yo aún la quería, pero me sorprendía a mi mismo dándola malas contestaciones y rehuyéndola cuando me llamaba para salir. Sabía que ella estaba sufriendo, y no me atrevía ni a contarle la verdad ni a dejarla con cualquier otra excusa. Sin embargo, lo nuestro ya no iba a ninguna parte, y lo mejor era cortar cuanto antes.

Estaba hecho un lío, y aunque sabía que a Aarón le faltaba madurez para ayudarme a resolver la papeleta, una mañana me escapé del curro y fui a su casa, sabiendo que a esa hora estaría solo. Me abrió la puerta en gallumbos, como de costumbre, y tuve que hacer verdaderos esfuerzos por no arrodillarme allí mismo. Creo que él también se alegró de verme, literalmente.

Estuvimos un rato hablando de lo que había pasado, aunque Aarón no estaba demasiado comunicativo. Quedamos en que seguiríamos así de momento, hasta que Laura se hartara y decidiera dejarme. Por suerte o por desgracia, ese día no tardó en llegar.

Mis futuros suegros habían salido a cenar con unos amigos, y volverían previsiblemente tarde, y como tenía suficiente confianza con ellos y eran bastante liberales, me quedé a dormir con Laura y Aarón. Alquilamos un par de pelis, pillamos algo de cena, y nos fuimos a dormir, yo con Laura, y Aarón solo en la habitación de al lado. Desde lo que había pasado con su hermano, ella y yo no habíamos vuelto a acostarnos juntos, y se ve que tenía bastantes ganas. Sin decir nada, comenzó a pajearme por encima de la ropa interior. Yo no estaba muy animado, y me costó mucho conseguir que se me pusiera dura. Me puse un condón y tratamos de follar, pero de nuevo perdí la erección y fue imposible hacer nada.

Aunque suene a tópico, realmente era la primera vez que me pasaba, y Laura encima se mosqueó mucho conmigo, diciéndome que ya no me ponía, que si había encontrado a otra que lo hiciera mejor y no se cuantas cosas más. Yo, que no tenía ganas de broncas a las horas que eran, me bajé al salón y me tumbé en el sofá. Estaba ya casi dormido cuando noté que alguien me acariciaba el pelo. Al principio que era Laura pidiéndome perdón por el numerito que me había montado, pero resultó ser Aarón, que había oído todo y vino a pedirme que durmiera con él. Pensé que tampoco tenía nada de sospechoso, así que accedí.

Laura parecía estar ya dormida, y nosotros nos acostamos sin hacer demasiado ruido. Yo solo quería dormir, pero cuando me quise dar cuenta, Aarón me estaba comiendo la polla como si le fuera la vida en ello. El cabrón lo hacía de puta madre, y tuve que morder la almohada para no despertar a Laura con mis gemidos. No tardé en correrme en su boca por primera vez, y el chaval se lo tragó todo sin decir nada.

A tientas busqué su polla, y comencé a pajearle a toda leche. A mi eso me provocaba orgasmos brutales, así que decidí hacérselo así. Se ve que a él también le gustaba, pues aunque hacía todo lo que podía, era incapaz de reprimir su respiración agitada. Llegué a temer que Laura nos oyera, pero tenía un sueño bastante profundo.

Con la mano izquierda busqué su culo, y comencé a acariciarle la entrada del ano con un dedo mojado en saliva. No puso ninguna pega, así que me animé y acabé por meterle el dedo todo lo despacio que pude, sin dejar de pajearle en ningún momento. Antes de que pudiera empezar a meter el segundo, un chorro de lefa bañó mi mano derecha. Sin embargo, no paré de pajearle hasta que no me aseguré de que había terminado del todo. Le limpié un poco con la lengua, y me dormí besándole en la boca.

A la mañana siguiente fue Laura quien tuvo que despertarnos, y fue a partir de ahí cuando comenzó a sospechar de nosotros. A fin de cuentas, no era muy normal encontrarse a su novio abrazado a su imberbe hermanito, ambos en ropa interior, y con mi mano izquierda agarrada sospechosamente a su culo. No nos dijo nada, pero estoy seguro que empezó a atar cabos desde ese momento.

Los dos meses siguientes transcurrieron sin más novedad, Laura y yo estábamos cada vez más distanciados y éramos incapaces de hacer el amor en condiciones, y mi relación con Aarón, disfrazada de amistad como decía la canción, se fue haciendo cada vez más estrecha. Solía irme con él al cine, venía alguna vez a la tienda a darme conversación, quedábamos para ver juntos algún partido de fútbol... No podíamos tener relaciones muy a menudo, pero nos las apañábamos como podíamos.

Yo no me sentía nada bien con ese doble juego, pero poco más podía hacer. Laura seguía mosqueada con nosotros, pero como no tenía pruebas y aquello era demasiado fuerte como para ni siquiera insinuarlo, trataba de hacer como si nada. Pero claro, Aarón y yo nos confiamos y corrimos demasiados riesgos.

El definitivo fue una tarde de sábado que decidimos ir al cine los tres. En principio íbamos a ir Laura y yo, pero el chaval se empeñó en acompañarnos. Sus colegas le habían dejado tirado, y no tenía ganas de tirarse toda la tarde solo en casa. Laura acabó accediendo, y yo no pude negarme.

Todo fue bien hasta que entramos a los cines. Tras tener que enseñar el DNI en la puerta para demostrar que tenía más de 13 años, Aarón dijo que quería ir al baño, y me pidió que le acompañara. Sabía que se traía algo entre manos, pero la verdad es que me estaba meando y la película duraba más de dos horas. Nada más entrar al servicio, me empujó a uno de los urinarios que tienen puerta y comenzó a meterme mano.

Intenté decirle que parara, que no había tiempo porque la película iba a empezar, pero el capullo se puso a pajearme a toda leche y ya no pude negarme. Por suerte me tenía cogido el punto, y en un par de minutos le llené la mano de leche. Se limpió un poco y me enseñó lo dura que tenía la polla, intentando que le devolviera el favor. Como pude me escapé de allí, no era plan de que su hermana sospechara de que tardábamos mucho.

Ni corto ni perezoso, el tío salió del baño detrás de mi con la polla montándole una carpa descaradísima en el pantalón de chándal, aunque creo que Laura no se dio cuenta, gracias a que entramos rápido a la sala. La película ya había empezado, y me senté entre los dos, a petición como no de Aarón, que decía que con Laura se aburría. Como casi siempre que elegía ella, la peli era un tostón romántico, donde desde el principio se sabe que el chico acabará conquistando a la chica.

Apenas llevábamos media hora sentados cuando Aarón me agarró la mano y me la llevó a su paquete, que seguía duro como una piedra. Como vio que yo no hacía nada, comenzó a moverme la mano, como pajeándose con ella. Pese a que él llevó la iniciativa, reconozco que me dio mucho morbo la idea de cascarle una paja a mi cuñado con mi novia en la butaca de al lado. Le metí la mano dentro del pantalón, y para mi sorpresa, no llevaba ropa interior, supongo que porque lo tenía ya todo previsto. Comencé a cascársela, no sin antes cerciorarme de que Laura estaba ensimismada en su película. Yo no llevaba pañuelos, y Aarón tampoco, pero ya se nos ocurriría algo.

Notaba su polla más dura que nunca, se ve que a él también le gustaba el riesgo de ser descubierto. La oscuridad de la sala nos escondía, pero el ruido de frotar de la tela se oía demasiado. Tampoco era plan de que se la sacara allí en medio, así que seguimos como estábamos, aunque algo más despacio para no levantar sospechas, sobre todo de Laura. Si hubiéramos tenido dos dedos de frente nos hubiéramos ido al baño a terminar, pero aquella situación nos ponía más que volver al olor a ambientador barato del servicio del cine.

Pese a que no iba demasiado deprisa, tardó poco en correrse, pringándome la mano, y poniéndose perdido el pantalón. Se me pasó por la cabeza hasta pedirle un pañuelo a Laura, pero lamentablemente no nos hizo falta. Un apagón cortó en seco la película, dejando nuestros jueguecitos a la vista de mi novia. Tengo que agradecerle lo discreta que fue, pues simplemente me cruzó la cara y salió corriendo del cine con lágrimas en los ojos, mientras que Aarón y yo nos miramos como el portero y el defensa que acaban de encajarse un gol en propia meta.

La habíamos liado gorda, llegué a pensar incluso que en cuanto se enteraran sus padres me jugaba incluso la denuncia por pervertir a menores. Por suerte para mi, Aarón estaba por encima del límite que marca la ley para esos casos, y ni siquiera llegó a haber denuncia. Simplemente, y para evitar males mayores, decidimos dejar de vernos en ese mismo momento, no podíamos seguir juntos y destrozarle aun más la vida a su hermana. Ambos la queríamos demasiado como para hundirla así.

Al mes siguiente me surgió la posibilidad de trasladarme a la nueva sucursal que iba a abrir mi empresa a más de cien kilómetros, y decidí aceptar para evitar la tentación de cruzarme con Aarón y no poder evitarle. Ni siquiera le dije que me iba. Le quería, y mucho, pero lo nuestro no podía llegar a ningún sitio en esas circunstancias y era mejor que no nos viéramos más.

Lo pasé mal durante unos meses, sobre todo al pensar el calvario que debería estar soportando Aarón en casa, al tener que seguir conviviendo con Laura. Poco a poco fui rehaciendo mi vida, nueva ciudad, nueva casa, nuevas amistades...Conocí también a otros chicos, aunque no llegué a nada serio con ninguno. Y aunque me faltaba algo, diría que volví a ser de nuevo feliz.

Pero todo dio un vuelco hace un par de semanas...