ANAL XXI

 

 

 

LABIOS COMPARTIDOS

AMOR MUTANTE AMIGOS CON DERECHO Y SIN DERECHO DE TENERTE SIEMPRE , Y SIEMPRE TENGO QUE ESPERAR PACIENTE, EL PEDAZO QUE ME TOCA DE TI , RELAMPAGOS DE ALCOHOL LAS VOCES SOLAS LLORAN EN EL SOL HEN MI BOCA EN LLAMAS TORTURADA TE DESNUDAS ANGEL HADA LUEGO TE VAS.
 

LABIOS COMPARTIDOS , LABIOS DIVIDIDOS MI AMOR , YO NO PUEDO COMPARTIR TUS LABIOS, QUE COMPARTO EL ENGAÑO Y COMPARTO MIS DIAS Y EL DOLOR, YA NO PUEDO COMPARTIR TUS LABIOS, QUE ME PARTA UN RAYO , QUE ME ENTIERRE EL OLVIDO, MI AMOR PERO NO PUEDO MAS COMPARTIR TUS LABIOS , COMPARTIR TUS BESOS, LABIOS COMPARTIDOS
 

Otro amanecer, otra mañana que me despierto a tu lado, los dos completamente desnudos, con nuestros cuerpos entrelazados, las huellas de nuestra pasión aun siguen latentes, aun siento tus labios en mi boca, tus manos en mi piel, que cerca te tengo ahora mismo y sin embargo que lejos estamos. Otra vez he faltado a mi promesa, me había jurado no volverte a ver, olvidarte, ignorarte, sacarte de mi vida y de mi corazón de una vez por todas, sin embargo he vuelto a caer, me has engatusado de nuevo, con tu cara de niño bueno, y con esos ojos que son capaces de hacerme olvidar el mundo.

Suena tu despertador, es hora de volver al mundo real , la noche ha pasado y con ella mi oportunidad de tenerte a mi lado, durante el día fingiremos no conocernos, tal vez me cruce contigo por la calle, tu irás con tu mujer y con tus dos hijos pequeños, yo con mis amigos del instituto, puede que nuestras miradas se crucen un segundo, pero, los dos apartaremos la vista en seguida por miedo a ser descubiertos.

Esta situación ya lleva así demasiado tiempo, cada vez nos hacemos mas daño, cada vez las separaciones son mas dolorosas, y sin embargo aquí estamos, una mañana más, los dos tratando de hacer ver que no pasa nada, fingiendo felicidad para no preocupar al otro, tu me sonríes enseñándome esa dentadura perfecta, yo me limitó a darte el último beso, para luego fingir que vuelvo a dormirme de nuevo, te levantas sigiloso tratando de hacer el menor ruido posible, sacas un traje y una corbata del armario, te vistes deprisa, has hecho el remolón hasta el último minuto, como siempre, y ya vas con el tiempo justo, te quedas unos instantes quieto junto al umbral, no puedo ver lo que haces, pero, se que me estás mirando, tratando de retener mi imagen hasta el próximo encuentro, luego sales pitando.

Una hora después suena la alarma de mi móvil, sin embargo yo ya estoy despierto, nunca soy capaz de volver a conciliar el sueño cuando te vas, durante esta hora he tratado de poner mis ideas en orden, me he hecho mil promesas que romperé la próxima vez que me llames, algo que cada vez sucede con mas frecuencia, no puedo evitar preguntarme que te está pasando, te estás volviendo demasiado imprudente y no es propio de ti. Hago la cama y recojo un poco, ayer con tanta pasión lo pusimos todo patas arriba, y con lo desordenado que eres, sé que si no lo hago yo, se quedará así hasta el próximo día, después me marcho, esta mañana no tengo clase hasta las diez, pero, me resulta insoportable quedarme aquí solo, echo un último vistazo a nuestro escondite y cierro con mis llaves.

Estoy tomándome un café y ojeando unos apuntes en una cafetería próxima al instituto, he vuelto a mi vida real, soy un chico normal de veinte años que estudia informática, la gente dice de mi que para la edad que tengo soy muy maduro y responsable, pero que también peco de ser demasiado tímido y reservado. Mi nombre es Adrián, pero, mis amigos me llaman "Beto" un apodo que me viene desde el colegio, solo tu me llamas "Adri" en la intimidad. Ni mis amigos ni mi familia saben nada de nuestra historia, y eso que ya casi hace un año que nos conocemos, siempre lo hemos llevado en el mas riguroso secreto, al principio nos veíamos en móteles y pensiones, hasta que tu compraste el estudio, que desde hace ya seis meses se ha convertido en testigo mudo de nuestras noches de amor …

Yo siempre he sabido que había algo diferente en mi, pero, me daba miedo reconocerlo, a menudo me conectaba a algún chat para gays , pero, nunca me atrevía a darle mi número de teléfono a nadie y mucho menos a quedar, entonces apareciste tu, me pareciste especial desde el principio, a ti podía contarte mis dudas y preocupaciones, me escuchabas pacientemente y me hablas de tus propios problemas, me intimidaba tu edad, 34 años, y el hecho de que fueses un hombre casado y con familia, pero, ni siquiera eso impidió que te pidiera conocernos en persona, si, lo admito, yo fui el culpable, yo lo empecé todo, pero necesitaba verte en persona, ponerle voz y rostro a ese hombre que tanto me había ayudado, y tu aceptaste en seguida, también te morías por quedar conmigo.

Fue un diez de octubre, lo recuerdo como si hubiese pasado ayer, hacía mucho frío, algo fuera de lo normal para aquella época del año. Habíamos quedado en una pequeña playa a las afueras de la ciudad, yo te hablé de aquel sitio, porque era mi lugar favorito, y a ti te pareció una gran idea ya que con aquel tiempo estaría desierta, efectivamente así era. Cuando llegué no había rastro de vida en muchos kilómetros, tu tampoco estabas, creí que te habrías arrepentido en el último momento y habías decidido no aparecer, (eso hubiera sido lo mejor), entonces yo no sabía que sufrías de impuntualidad crónica y que siempre llegabas tarde a todos los lados, apareciste quince minutos mas tarde de la hora acordada. Me dejaste impresionado, eras mucho mas guapo de lo que aparentabas en las fotos que me mandaste, tu sonrisa y tus ojos me hipnotizaron al momento, fue un flechazo, me enamoré de ti nada mas verte, nunca llegaste a confesármelo, pero, creo que a ti te pasó lo mismo.

Nos sentamos en la arena a hablar un rato mientras observábamos el mar, los dos muy acurrucados el uno contra el otro, hacía mucho frío y esa era la excusa perfecta para la primera toma de contacto. Yo soy bastante tímido, te lo había dicho muchas veces, tu por el contrario eres una persona muy extrovertida y experimentada, conseguiste romper el hielo en seguida, me hiciste reír, lograste que me sintiera cómodo a tu lado.

Me preguntaste si podías besarme, a mi nunca me había besado otro hombre antes, tu lo sabías, yo te lo había contado, me dijiste que no me preocupara, que eras tu, que confiara en ti, no hizo falta que insistieras demasiado, yo también lo deseaba con todos los poros de mi piel, nos fundimos en un apasionado beso, mientras nos aferrábamos el uno al otro con desesperación. Me pediste ir a otro sitio, yo simplemente asentí y me subí a tu coche, contigo habría ido hasta el mismísimo infierno si hubiera hecho falta.

Entramos en aquella habitación de motel comiéndonos la boca como dos sedientos que por fin han encontrado su oasis, te miré a los ojos, esos ojos que me vuelven loco y me atontan como la mas potente de las drogas, y tu leíste el miedo en los míos, iba a ser mi primera vez y lo sabías, me tranquilizaste, me prometiste ir despacio, hacer solo lo que yo quería, pero, ese era el autentico problema, porque de ti lo quería todo, estaba a tu merced, ya era tuyo.

Fundidos en un interminable morreo, te deshiciste de mi sudadera y de mis vaqueros rotos, acariciaste cada centímetro de mi piel desnuda, luego abandonaste mi boca para besar mi cuello y lamer mis orejas, yo gemía bajo el peso de tu cuerpo aferrándome a tu ancha espalda, mientras tu boca descendía camino de mis pezones, los cuales chupaste y mordiste hasta que te cansaste, volviéndome loco de autentico placer, seguiste bajando por mi estomago, te entretuviste unos momentos en mi ombligo, yo no paraba de suspirar bajo tus expertas caricias, claro que lo mejor aun estaba por llegar, cuando sentí tu lengua en mi poya casi me desmayo, la saboreaste como si se tratase de un helado, succionando, lamiendo y chupando según te iba dando la gana, luego bajaste hasta mis huevos y creo que ahí ya perdí toda noción de realidad, no paraba de gemir, y tu simplemente chupabas sin dejar de mirarme ni un solo momento, no pude evitarlo y me corrí en tu boca, ni siquiera fui capaz de avisarte, pero, a ti no te importó, simplemente me abrazaste con fuerza y me diste un apasionado beso, compartiendo conmigo el sabor de nuestro primer encuentro sexual, el primero de tantos.

Tardamos una semana y dos días en volver a vernos, aquel tiempo se nos hizo interminable a los dos, pero, tu debías buscar el momento adecuado para no despertar sospechas en casa, teníamos que ser prudentes, esta vez fuimos directos a la habitación del motel, no había ni un solo segundo que perder, me abalancé sobre ti nada mas cruzar el umbral, te deseaba mas que a nada en el mundo, tu traje y tu corbata volaron por los aires, al igual que tu ropa interior, en esa ocasión fui yo quien devoró cada rincón de tu cuerpo, no tenía experiencia, pero, si muchas ganas de hacerte feliz, me metí tu poya en la boca, y la devoré imitando tus caricias de la vez anterior, tu te retorcías de gusto mientras no parabas de repetirme lo mucho que me deseabas.

- Me gustas mucho Adri – dijiste de repente – quiero que lo nuestro sea especial, que nos lo demos todo, necesito estar dentro de ti y que tu me hagas lo mismo a mi, enseñarte todo lo que sé, que descubras el mundo conmigo. – entonces tiraste de mi hacia arriba y nos fundimos en un apasionado beso.

Hiciste que me acostara boca arriba y te subiste sobre mi a horcajadas, frotando tu culo contra mi entrepierna con ese descaro tuyo que tan familiar me resulta ya, te la metiste hasta el fondo sin dejar de mirarme y luego empezaste a cabalgarme lentamente para luego ir aumentando el ritmo de forma vertiginosa, los dos jadeábamos como perros en celo, te pusiste a cuatro patas, y yo te follé sin descanso ni compasión mientras tu tenias serios problemas para mantener el equilibrio. Hasta que ninguno de los dos pudo mas y caímos en la cama abrazados, estábamos exhaustos y completamente empapados de sudor. En aquel momento éramos las dos personas mas dichosas de todo el mundo.

No todo podía ser felicidad, me di de morros con la triste realidad la primera vez que no te presentaste a una de nuestras citas, tu hijo pequeño se puso enfermo, y tu tuviste que llevarlo al hospital, afortunadamente se quedó en uno de esos sustos que dan lo niños sin mayores consecuencias, sin embargo, a mi me sirvió para comprender el lugar que ocupaba en tu vida, yo siempre sería algo secundario, secreto, prohibido, nunca pasaría dos noches seguidas contigo, jamás pasearíamos cogidos de la mano a la luz del día, no conocerías a mis padres ni yo a los tuyos, tampoco cenaríamos juntos en fin de año, los tuyos siempre serían unos labios compartidos. Esa fue la primera vez que me propuse olvidarte, y la primera de tantas que no lo conseguí.

Estabas desesperado porque no te contestaba al teléfono ni me conectaba al Messenger, no parabas de llamarme y enviarme mensajes diciéndome que me querías y no podías vivir sin mi, que me necesitabas, que yo hacía tu vida un poco mas soportable. Y como un idiota volví a caer de nuevo en tus brazos, esa fue la primera vez que te dejé entrar en mi, me lo llevabas pidiendo desde hacía tiempo, pero, yo no me sentía preparado, sin embargo aquel día algo cambió, no se que fue, tal vez la emoción de volver a tenerte cuando ya lo creía todo perdido.

Tu lengua entre mis nalgas me provocó un escalofrío de placer, lograste anular mi voluntad, tu siempre has sabido como conseguir lo que quieres, sentí como uno de tus dedos penetraba en mi y no opuse resistencia, noté cierta molestia, pero, te dejé hacer, confiaba en ti mas que en mi mismo, pronto un dedo no fue suficiente y me enterraste otro, yo me deshacía entre tus brazos, leíste la aceptación implícita en mis ojos, me pediste que me tumbase boca arriba, tu te situaste encima mía y haciéndote un hueco entre mis piernas comenzaste a empujar, no fue fácil, al principio no entraba y dolía, dolía horrores, no parabas de decirme cosas para tranquilizarme, lo mucho que me querías, cuanto me necesitabas, lo feliz que eras por haberme encontrado. Al fin tus esfuerzos comenzaron a dar resultado, conseguiste vencer la resistencia de mi virginidad y poco a poco me fuiste metiendo aquel trozo de carne, a mi se me saltaban las lagrimas con el dolor, sin embargo no quería que pararas, te necesitaba dentro. No se cuanto tiempo duró, a mi me pareció una eternidad, tu bombeabas muy despacio dentro de mi y yo me aferraba a tus hombros con desesperación, nunca me había sentido tan cerca de ti como aquella vez. Después aumentaste el ritmo y tuviste que taparme la boca para que mis gritos no se escuchasen en todo el edificio, hasta que por fin no pudiste mas y caíste exhausto sobre mi.

Los días han ido pasando y con ellos nuestros encuentros furtivos, los remordimientos y el sentimiento de culpa nunca se van, al igual que el gran amor que siento por ti, pero, la carga me resulta cada vez mas pesada, tu me haces inmensamente feliz, pero, anhelo otro tipo de vida, no tener que esconderme, no tener que mentir a mi familia y amigos, ahora sentado en esta cafetería observo a otras parejas que disfrutan de su amor sin miedo a ser descubiertos, yo también quiero eso para nosotros. No lo soporto mas, te llamo, se que no debo hacerlo, siempre tengo que esperar a que lo hagas tu, pero, ya estoy arto y me salto tus reglas, tu me respondes casi al momento, mi interrupción no parece gustarte demasiado.

- Adrián, ¿Cómo me llamas a estas horas? –contestas sin demasiado entusiasmo.

- ¿Adrián?, ¿Qué hay de Adri? – protesto yo.

- Ahora no puedo hablar… - dices cada vez mas nervioso.

- Pues entonces escucha, quiero verte ahora.

- ¿Qué?, ¿te has vuelto loco?, sabes que no puedo…

- Estoy cansado – interrumpo tu discurso de siempre – cansado de esperar, de tus excusas, de que no me dejes en paz cuando intento dejarte, así que decide o yo o el resto del mundo…

- ¡Estás nervioso!, ¿Por qué no lo hablamos con mas calma en el apartamento?, trataré de escaparme esta noche…

- O vienes aquí ahora o lo hablamos por teléfono, tu decides.

- Adrián, tengo que llevar a mis hijos al colegio, además acabamos de estar juntos… ¿no podemos posponer esto?

- ¡Estoy arto de posponerlo, está claro que yo siempre soy algo secundario para ti…!

- Adri, yo…, de veras que lo siento, pero, tengo una familia… - cuelgo el teléfono, tu ya has hecho tu elección, desgraciadamente yo también he hecho la mía.

Ni siquiera me llamas, supongo que crees que este es otro de mis enfados, habrás pensado que ya lo arreglarás mas tarde, ahora tienes una mujer y dos niños de quienes ocuparte, pero, esta vez te equivocas, he llegado al tope de mi paciencia, es curioso, creía que me sentiría mal y lo único que noto es un profundo alivio, como si por fin respirase aire fresco. Recojo mis apuntes, pago el café y me voy al instituto dando un paseo, necesito andar. Veo a mi grupo de amigos a lo lejos, apuro el paso y voy a su encuentro, de repente suena el teléfono, un mensaje tuyo, lo mismo de siempre, me necesitas, me quieres, soy lo mejor que te ha pasado en la vida, cuéntaselo a quien le interese, cojo el móvil y lo arrojo bajo las ruedas de un autobús que lo hace volar por los aires en mil añicos. Esta vez se acabó de verdad.