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Mini relato:

No; yo no entendía nada; pero me mantenía expectante y en el borde de la impaciencia. Si Martín sabía de algo que me pudiera sacar de mi situación de entonces, pues que lo dijera de una vez, sin tanto rodeo. No tenía por qué hacerme estar tan ansioso, sabiendo que lo único que me importaba en ese momento era él y poder liberarme de todo el dolor que me causaba mi familia. Así que ya con tono de apremió lo insté para que dijera todo de una vez y él no tuvo más remedio que dejar de lado sus rodeos.

A ver. Te voy a explicar, pero si no te gusta me dices y lo dejamos así. ¿Vale?

Dímelo de una vez, por favor – le dije con voz suplicante.

Bueno; estas personas hacen películas con chicos; y ahora están necesitando un chico como tú, que sea bien como maricón pasivo…. ¿No te enojas?

Claro que no me enojaba; yo ya estaba acostumbrado a que me trataran de esa forma, por que todos los chicos con que había estado, a excepción de Felipe y Martín, no me llamaban de otra manera cuando me ponían a mamarles la verga o cuando me estaban rompiendo el culo. Hasta me causaba cierto morbillo que Martín me llamara así; siempre me gustaron los chicos bien machos y mandones y aunque lo que me había enamorado de él eran su ternura y su exquisita dulzura, extrañaba que me tratara con algo de dureza cuando lo estaba complaciendo. Así que le hice un gesto para indicarle que no me importaba que me tratara de esa forma y lo insté para que continuara.

Pues ellos ya tienen a un chico que no es maricón, sino que le gusta actuar haciéndose el muy macho y muy mandón. Y esas personas quieren hacer una película con ese chico y otro que le obedezca en todo siendo como el esclavo de ese chico; y claro que el que haga de esclavo tiene que ser bien maricón y pasivo, así como tú.

No me extrañó que Martín pensara en mí de esa forma, considerándome un maricón pasivo y obediente que bien podría someterse como un esclavo ante otro chico. Todo lo que sabía de cómo me trababa mi familia y en especial Julián, no distaba mucho de lo que me estaba proponiendo y aunque me sentí humillado nuevamente, lo verdaderamente importante para mí en ese momento era solucionar mis problemas, sin importarme lo que tuviera que hacer. De lo único que estaba seguro era de no querer seguir siendo el esclavo de mi odiado hermano menor, así me viera obligado a someterme ante otro chico; y de todas formas sólo sería un película.

Instando por mí, Martín me contó algunos detalles que eran vitales para que yo comprendiera que su idea me sacaría definitivamente de mis problemas. La paga era fabulosa para mí: el equivalente a 5.000 dólares por algunas tardes de trabajo, que tal vez me resultaran hasta placenteras por que a decir de mi amado, el otro chico era guapo, y aunque sólo tenía 14 años ya tenía bastante experiencia en ese tipo de actuaciones. Esa suma me permitiría irme de casa, alquilar algún lugar y tener tiempo para conseguir un empleo que me ayudara a sobrevivir. Sólo me inquietaba una cosa:

¿Y por qué en vez del otro chico no vas tú? Así yo sería tu esclavo – le pregunté a Martín.

Pero él esquivó mi mirada y me contestó lacónicamente que no estaba dispuesto a hacerlo, que no podía hacerlo, que no quería hacerlo…se mostró evasivo y yo no quise presionarlo para no hacer que se sintiera mal. Así que tomé mi decisión y se lo dije a él; pero aún tenía otra inquietud y quería absolverla de una vez, por que no quería que ganarme unos billetes para salir de mis problemas, me fuera a significar perderlo, me fuera a dejar sin lo más bello y preciado que había tenido en toda mi vida: mi adorado Martín.

Bueno, yo lo haré y te doy las gracias por ayudarme. Pero me da miedo….me da miedo que ya no quieras seguir conmigo…

Sonrió con dulzura y me pasó la mano por la cabeza con mucha ternura. Eso me convenció que ya nada nos separaría y por poco me echo a sus pies llorando de gratitud. No podía amarlo más de lo que lo amaba. Martín era todo para mí; mi salvador, mi amigo, mi alegría…era lo único bueno de mi vida…y a decir verdad, era el sol que alumbraba mis días….nada me separaría de él; no habría nada que me obligara a dejar de amarlo…

Martín me explicó algunas cosas más que yo debía tener perfectamente claras para que las cosas salieran bien. Me dijo que Andrés, que así se llamaba el chico con el que yo haría la película, era el consentido de las personas que producían el filme; por lo que sería él, Andrés, el que finalmente tomara la decisión sobre si la hacía conmigo o no. Según Martín, el chico era supremamente exigente y yo debía esforzarme al máximo por satisfacerlo si quería de verdad ganarme esos billetes. El chico estaba acostumbrado, como ya me había dicho Martín, a hacer ese tipo de películas y exigía de su compañero de set que fuera completamente sumiso y se mostrara como un verdadero esclavo; y si no era así, simplemente se quejaba con la producción y entonces tenían que buscarle a un nuevo candidato que lo complaciera plenamente.

Tendría que pasar una primera tarde con Andrés, durante la cual el chico me probaría para saber si yo lo satisfacía plenamente. No sería nada especial, me dijo Martín; pero debía esforzarme al máximo y mostrarme todo lo sumiso y todo lo obediente de que fuera capaz. Si pasaba la prueba, ya se me comunicaría la decisión de Andrés y volvería a encontrarme con él para filmar algunas escenas fuertes que serían el eje central de la trama; luego de ello, las misteriosas personas de las que hablaba Martín editarían la película y al cabo de algunos días más me darían la paga. Entonces yo sería libre….libre y feliz…

No hubo nada que me extrañara en todo lo que me contó Martín. No tenía ningún motivo para albergar la más mínima duda. Antes por el contrario, aquella oportunidad que me brindaba mi amado me hacía sentir exultante y quería que fuera en ese mismo instante que empezara la filmación. Pasaría la prueba, de eso estaba completamente seguro; y cuando tuviera esos billetes en mis manos no esperaría ni un segundo para largarme de casa para siempre.

Aunque tuve que esperar aún unos días para poder ir a que Andrés me probara, por que entre tanto Martín debía arreglar algunos detalles; entre ellos tomarme una muestra de sangre para examinarla, por que según me dijo mi amado, la producción no se arriesgaría a que yo tuviera alguna enfermedad que pudiera dañar a su preciado actor. Pero conté con suerte por que incluso una inesperada intervención de Julián me ayudó a que papá me diera permiso de salir de casa, según le dije yo: a buscar cupo en una escuela nocturna para continuar con mis estudios.

¡Que estudios ni que nada! – dijo el viejo – Tú eres un bruto y un vago y mejor que te acostumbres a ser un sirviente toda tu miserable vida.

Déjalo papá. Déjalo que vaya. A lo mejor hasta le aprovecha y aprende algo que le ayude a ser mejor sirviente – dijo el canalla de mi hermano mirándome a la cara y con una sonrisa en sus labios.

Como era obvio, papá se plegó a los deseos de mi odiado hermano y fue así como la tarde convenida con Martín, pude ir a encontrarme con él para que me condujera al sitio donde Andrés me probaría para ver si me consideraba digno de ser su esclavo en la película por la cual me darían el dinero suficiente para salir de mi humillante vida. Y vaya paradoja, pensaba yo mientras iba a la cita con mi amado, tener que convertirme en esclavo para dejar de ser sirviente; pero esa idea sólo me hacía sonreír. Estaba verdaderamente feliz por que la hora de mi liberación estaba muy próxima; al menos así lo creía en ese instante.

Y aunque llegué muy puntual a la cita, Martín ya me esperaba y parecía estar muy impaciente. Me tomó del brazo y sin decir una palabra me fue llevando por la calle hasta que pasó un taxi que abordamos y en el cual nos dirigimos a las afueras de la ciudad. Llegamos a una especie de villa campestre donde fui introducido por mi amado casi a tirones. Allí parecía no haber nadie, excepto un tipo que me pareció de lo más extraño. Era negro, con su cabeza rapada y muy alto, y sin embargo parecía que su edad no superaba los 18 años. Temí que ese fuera Andrés, aunque ya Martín me había dicho que el chico con el que actuaría sólo tenía 14 años. De todas formas traté de tranquilizarme y pensé que sólo estaba allí con el propósito de ganar el dinero suficiente para irme de casa; así que me sometería a lo que fuera con tal de lograr mi objetivo; y ni siquiera me arredraría si tenía que hacerle de esclavo a ese negro tan feo.

Pero por fortuna para mí, es chico no era Andrés y estaba allí para darme algunas instrucciones, prepararme y filmar. El chico que la haría de mi Amo aún no había llegado. Juba, como dijo el negro que era su nombre, empezó a explicarme todo lo que debía hacer aquella tarde, instruyéndome sobre cómo debería ser mi comportamiento para lograr que Andrés me aceptara en la película. Las instrucciones del negro no eran precisamente tranquilizadoras para mí, además que entre él y Martín empezaron a prepararme para la sesión que empezaría tan pronto llegara Andrés.

Me hicieron desnudarme completamente, lo cual me causó una enorme vergüenza y sobre todo un sentimiento de indefensión que me provocaba algo de ansiedad y miedo. Luego Martín me entregó una especie de camiseta elástica muy pequeña, sin mangas y sin cuello, que se ajustaba perfectamente a mi delgado torso. Sin embargo de la cintura para abajo seguí desnudo, con mi culo respingón y mis bolas y mi pito al aire. Juba me advirtió que en el instante mismo en que llegara Andrés, empezaría mi actuación; no habría lugar a saludos, ni a presentaciones ni a nada que se asimilara a un gesto de cortesía. Desde el principio hasta el final yo sería un esclavo sumiso, obediente y concentrado únicamente en la comodidad, la satisfacción y el placer de mi Amo.

Me mantendría con ese ridículo atuendo que tenía puesto y para completar debería estar todo el tiempo en cuatro patas, como si fuera un perro, a menos que Andrés me ordenara adoptar otra postura. Y así, en cuatro patas, debería estar al lado de la puerta esperándolo y en el momento que él entrara, yo debería inclinar mi cabeza y a modo de saludo le lamería sus zapatos, comportándome como un verdadero perro que saluda a su Dueño. En ningún momento, a menos que él me lo ordenara, debía verlo a la cara; mi mirada debería permanecer fija en sus pies. Tampoco hablaría a menos que él me lo ordenara, o sólo lo haría para responder a alguna pregunta suya y dirigiéndomele en los términos más respetuosos: "Si Amo o no Amo, gracias Amo…"

Todo aquello me parecía algo ridículo y sobre todo muy humillante para mí; pero mantenía fija mi mente en el propósito de ganarme el dinero que me permitiera largarme de mi casa de una vez por todas; así que haría mi mejor esfuerzo para satisfacer a Andrés, sabiendo que de él dependía mi libertad. Haría lo que fuera para decidirlo a filmar la película conmigo; no me importaba cuán bajo tuviera que caer; apenas sería por breves horas; en cambio, si no lo conseguía, tendría que soportar toda una vida de humillaciones y dolor al lado de mi cruel familia, y tal vez hasta tuviera que terminar arrastrándome a los pies de mi odiado hermano menor y a eso no estaba dispuesto por nada del mundo. Julián era mi peor enemigo y algún día la vida me depararía la oportunidad de desahogar todo el odio que sentía por él. Entonces lo que hiciera esa tarde sólo sería un paso hacia mi liberación y hacia mi futura venganza. Si Andrés esperaba que fuera su mascota en esa tarde, yo lo sería sin ningún remilgo. Lo convencería de aceptarme para ser su esclavo en la película.

Sin embargo, los preparativos a que me sometían Juba y Martín parecían quebrar mi decisión por momentos. Mientras el negro seguía dándome instrucciones sobre cómo debía ser mi comportamiento con "Amo Andrés", me llevaron a una habitación situada en el sótano de la villa. La decoración me sobrecogió de inquietud, pues todo parecía indicar que aquella habitación estaba dedicada a sesiones de crueles torturas.

Había cadenas que colgaban del techo y de las paredes; gabinetes que contenían una serie de instrumentos que yo no había visto nunca, pero que seguramente servirían para causar terribles dolores; sobre una pequeña mesa pude ver toda una colección de fustas, varas y látigos de todos los tamaños y formas; también vi maderos formando una x, (luego supe que eso era una cruz de San Andrés), en cuyos extremos había argollas metálicas que seguramente serían muñequeras y tobilleras para fijar a una persona a ese instrumento.

Había además dos andamios de madera con forma de potro, en cuyas patas estaban dispuestas algunas correas y cadenas, que también tendrían el propósito de fijar allí a alguna persona. En fin, aquella habitación debería parecerse como una gota de agua a otra a las salas de suplicio de la inquisición medieval, aunque con algunos instrumentos más refinados y seguramente más terribles que los usados por los sádicos inquisidores; todo lo cual, unido a la penumbra que reinaba en el recinto, me hizo pensar que la prueba a la que me sometería Andrés tal vez consistiera en torturarme cruelmente.

No obstante, me tranquilizaba la presencia de Martín; él no dejaría que me pasara nada malo. Confiaba en él más que en mí mismo y en ese instante podría poner mi vida en sus manos. Mi amado Martín me protegería contra cualquier mal que quisieran causarme. Y si me había llevado allí era sólo para brindarme la oportunidad de liberarme de mi cruel familia. Martín estaba conmigo y eso me borraba cualquier inquietud. Y sin embargo, no podía dejar de hacerme preguntas, que se me quedaban sin respuesta, por que no me atrevía a preguntarle nada en frente de ese negro que a veces parecía tan severo y adusto.

Me hicieron tender boca abajo sobre uno de los potros de madera pero sin sujetarme con las correas ni las cadenas; a cambio de ello, Juba se situó cerca de mi cabeza y puso sus manos sobre mi espalda y cuello, como para sostenerme y evitar que me levantara súbitamente. Martín me tranquilizó con una tierna sonrisa y me explicó que me prepararía para cualquier contingencia, por que si a Andrés se le ocurría cogerme, yo no querría que el chico me encontrara sucio. Con lo azorado que estaba, no entendí muy bien a qué se refería ni imaginé lo que se proponía hacerme; pero me dejé llevar con mansedumbre.

Juba le indicó uno de los gabinetes y Martín fue hasta allí y extrajo algunos instrumentos que no pude ver por que ya el negro me impedía levantar mi cabeza. Luego se dirigió hacia mí y se situó cerca de mi culo, que se mantenía levantado y completamente expuesto. Sentí que posaba algo frío y delgado en la entrada de mi ano y de un momento a otro empujó con fuerza, penetrándome hasta el fondo con esa especie de tubo flexible, que luego me enteraría que era una cánula. Me debatí por la sorpresa, aunque la penetración no me había hecho daño; pero el negro me sostuvo sin dejar que me levantara.

Sentir aquel instrumento sembrado en mis entrañas me causaba una especie de cosquilleo que me resultaba muy incómodo. Pero aquella sensación cambió radicalmente cuando Martín empezó a bombear un líquido tibio a través de la cánula; sentí que mis tripas se estaban llenando con ese fluido y no puedo ahora expresar si lo que me provocaba era placidez o angustia, placer o dolor, satisfacción o miedo. El caso es que en muy poco tiempo creí que la presión del líquido haría que mis entrañas se estallaran. Entonces él acercó algo, que debía ser un recipiente, a mi culo y haló de la cánula sacándomela de improviso. No sé que me pasó pero me vacié a chorros, expulsando aquel líquido junto con el contenido de mis tripas. Juba hizo presión sobre mi cintura, seguramente para que acabara de vaciarme y cuando ya creyeron que había expulsado todo el líquido, Martín volvió a introducirme la cánula y repitió la operación anterior, pero dejándome aquel líquido tibio por alguno minutos; seguramente para lograr que de esta forma, mi interior quedara complemente limpio y dispuesto para recibir la verga de Andrés si a él le apetecía follarme.

Debo confesar que todo aquello me causaba una gran excitación, por que me parecía demasiado morboso que precisamente Martín, mi adorado Martín, me estuviese preparando de semejante forma para que otro chico me rompiera el culo; algo que él mismo no había hecho aún, por que nuestra relación se había limitado en lo sexual a las mamadas que yo le hacía. Seguramente por ello ni siquiera me pregunté cómo era que Martín parecía un experto en esos procedimientos, a tal punto que luego de haber hecho que vaciara mis tripas por segunda vez, le preguntó a Juba:

¿Le aplico lubricante?

No, de todas formas no creo que él lo folle hoy – le respondió el negro; y luego agregó: Creo que así está bien, ya está listo. Él no tarda ya en llegar y mejor que lo llevemos afuera para que lo reciba como debe ser.

Me sacaron de aquella habitación y me condujeron a lo largo de la villa hasta que llegamos al vestíbulo. Ya allí, Juba me indicó que me pusiera al lado de la puerta; debía permanecer en cuatro patas, dispuesto a dar mi primera prueba de sumisión lamiéndole los zapatos a Andrés, que no tardaría en llegar. Y allí me estuve, vestido apenas con esa pequeña camiseta elástica que se adhería a mi cuerpo, con mi pito y mis huevos al aire y con mis tripas debidamente vacías y limpias, para recibir la verga del Amo sin correr el riesgo de ensuciársela por si a él se le ocurría follarme. Me estuve de ese modo por largos minutos, tratando de mantener fija mi mente en el dinero que iba a ganarme y lo que eso representaría, si era que aquel chico que aún no conocía me aceptaba como su esclavo para la película.