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PERDÍ LA BILLETERA Me metió su miembro, lo sacaba y lo volvía a meter, yo le gritaba, cógeme, comenzó a hacerlo con rapidez, hasta que sentí que se venía dentro de mi, era un gran placer sentir esa exquisita lubricación

 

 

Ni siquiera supe cuando la perdí... cuando revisé mi bolsillo me di cuenta de que no tenía mi billetera, miré a mi alrededor y no vi a nadie que pareciera sospechoso. Realmente no sabía que hacer, me encontraba en la calle, a las 12 de la noche, en una ciudad extraña y sin dinero suficiente para disponer.

Caminé durante unos minutos mientras meditaba acerca de mi desesperada situación cuando alcancé a ver a lo lejos un lugar cuyas luces alumbraban casi la calle entera, también pude alcanzar a ver unas personas afuera, en la puerta que parecían regular la entrada a lo que parecía ser un bar o un centro nocturno. Hola -dije- me preguntaba si adentro había un teléfono que pudiera usar. El hombre sin responder retiró una de las amarraduras de la cadena que "obstruía" la puerta y me permitió pasar. Una vez que estaba dentro pude ver algunas mesas llenas y un grupo musical arriba de un estrado, parecía un lugar común y corriente pero cuando miré mas detenidamente alcancé a ver a dos hombres abrazados de manera inusual. Ese cuadro me llamó la atención y di un vistazo a mi alrededor, alcancé a ver varias parejas homosexuales de hombres y algunas pocas de mujeres, no me importó el tipo de lugar en donde estaba pues mi preocupación era tan seria que ese detalle fue insignificante.

Me dirigí hacia un camarero y le pregunté donde estaba el teléfono, el mesero amablemente me respondió y fui directamente hacia donde me indicó. El teléfono estaba junto a los sanitarios y era de monedas, afortunadamente tenía algunas monedas en el bolsillo del pantalón, introduje una y marqué el número de un amigo que vivía en una ciudad cercana. Esperé a que respondieran pero nadie lo hizo... colgué el teléfono con enfado y lo levanté unos instantes después coloqué otra moneda y esperé a que contestaran, el resultado fue exactamente el mismo, desesperado colgué violentamente el teléfono, me dirigí hacia la barra y me senté en un banco esperando que en unos minutos mi amigo llegara a casa, el cantinero me miró y me preguntó si deseaba beber algo, yo lo pensé, pero recordé mi corto capital y moví la cabeza negativamente explicándole que solo estaba esperando para usar el teléfono.

Llevaba algunos minutos sentado, miré mi reloj y mientras pensaba si ya era tiempo de marcar nuevamente escuché una voz a mi lado que me saludó amablemente, cuando me volví para mirar me di cuenta de que el hombre que me había hablado era de aproximadamente unos 30 o 31 años, vestía traje y corbata y era bien parecido. Le contesté el saludo sin ningún interés particular y volteé nuevamente hacia el frente. ¿Te gustaría tomar algo conmigo? -preguntó-. No gracias, no soy lo que tu piensas, solo estoy esperando unos momentos para usar el teléfono pero gracias. No pensé que fueras un tipo particular de persona y lamento haber hecho que así lo entendieras, solo te invité a acompañarme mientras tomaba un trago.

Acepté la disculpa y me volví nuevamente hacia el frente, él pareció no molestarse por mi falta de interés y me dijo: Quizás no hayas venido aquí por tu voluntad, pero ¿cuántas cosas hacemos realmente porque queremos hacerlas?. Supongo que no muchas -le dije sin mirarlo-. Y ¿cuantas cosas que creemos no querer que sucedan, suceden, y cuando lo hacen se convierten en experiencias que nos gustan y nos hacen cambiar nuestra percepción de ellas?. Ahora me parece que me ofreces algo más que compañía -le dije algo molesto y con tono irónico-. Quizás -dijo- pero como todo lo que te pueden ofrecer en la vida, aceptarlo es, claro, tu prerrogativa. Tienes razón -dije secamente y me levanté hacia el teléfono-.

Él se quedó en la barra de pie y luego mientras yo marcaba nuevamente, se sentó en un lugar junto al mío. Nadie respondió del otro lado de la bocina, así que me dispuse a regresar hacia la barra pero al verlo sentado decidí sentarme en otro sitio. Él se puso de pié y se dirigió nuevamente hacia mi lugar y me preguntó: ¿esperarás más tiempo?. ¿Que buscas? -pregunté un poco molesto- no pareces un afeminado. ¿Qué buscas tú? -me respondió-. ¿De qué estás hablando?. Es muy simple, muy notorio, entras a un bar de gays, te sientas solo, finges estar haciendo unas llamadas y cuando alguien se te acerca lo rechazas... pero ahí no termina, porque ahora sabes que alguien te está acechando y continúas aquí sentado ¿y me preguntas que busco?, yo diría que eres tú quien busca algo.

No tengo por qué darte explicaciones, pero lo haré, estoy aquí porque me robaron la billetera en las inmediaciones y no hallé ningún otro lugar abierto, no estoy fingiendo usar el teléfono, lo que sucede es que no me responden, y si continúo aquí a pesar de tu notorio acecho es porque no tengo a donde ir... ¿satisfecho? -pregunté-. No quise molestarte - se disculpó- pero si no tienes dinero, razón mayor para que aceptes un trago, ¿no es así?. Medité un poco la proposición y le dije: está bien... sabes... siento haber sido rudo, pero dadas las circunstancias... bueno... No importa -dijo- todos tenemos malos ratos, ¿y como fue que te robaron?. No me di cuenta, primero traía la billetera, y luego ya no. Si, suele suceder en lugares grandes, ¿y por qué no tomaste un taxi y fuiste a casa?.

Bueno, no soy de la ciudad, solo venía de paseo y ya ves... Sabes -me dijo- no quise molestarte hace rato, lo que sucede es que me llamó la atención ver a alguien tan joven solo en lugar de tratar de conseguir algo de compañía. Lo que sucede es que no soy gay, como ya te lo he hecho entender. Ah, bueno, quizás porque nunca has encontrado el momento adecuado. ¿Y cuál sería adecuado?. Pues si observas tu situación y te das cuenta de que no tienes dinero y de que hay alguien interesado en ti...

Sabes, no pienses que con esa copa vas a comprometerme -dije algo sobresaltado-. No, no quiero decir eso, solo planteo un tema de conversación adecuado. ¿Y proponerme que me acueste contigo por dinero te parece un tema adecuado?. No te lo estoy proponiendo, y aunque lo estuviera haciendo, como ya dije antes, es tu decisión aceptarlo. Bueno, tienes razón -dije con cierta tranquilidad-. pero inmediatamente dijo una proposición sería: "Sabes, yo tampoco soy de la ciudad, y tengo una habitación en un hotel en donde me espera una botella de champán, ¿te agradaría la idea?". ¿Me lo estás proponiendo o solo lo planteas como ejemplo? -dije desconcertado-. Tómalo como una propuesta si, aunque fuera remotamente, la aceptarías. En ese instante no supe que decir, me quedé sorprendido por tal seguridad, pero en un instante respondí confundido: no soy gay, ya te lo he dicho. Esa no fue respuesta a mi pregunta, pero te propongo algo adicional, acompáñame, e iremos despacio, si algo no te gusta pues vas a donde tu quieras...

No supe si fue esa naturalidad con la que lo dijo, o el traje que llevaba puesto, o simplemente la curiosidad de probar algo nuevo, o su notable clase y elegancia, pero antes de pensarlo más le dije: creo que se me apetece algo de champán.

Jamás me había subido en toda mi vida a un auto tan lujoso como ese, me sorprendió. En el camino meditaba en silencio la decisión que había tomado, ¿quizás lo dije sin pensar? -me dije- y me dieron ganas de decirle que detuviera el auto, pero algo dentro de mí no me permitió hacerlo, y para para ser sinceros, en ese instante ni siquiera pensaba en el dinero, sino en lo que podría suceder en ese cuarto de hotel. El auto bajó la velocidad y se introdujo en un camino que parecía llevar a las puertas de un lujosísimo hotel, cuando llegamos a la puerta, se acercó un hombre y nos bajamos del auto, el hombre tomó las llaves y se llevó el auto.

Nosotros entramos, pasamos el lobby y llegamos al ascensor. Durante el camino no dijimos nada, pero él me miraba con una sonrisa en algunas ocasiones y luego desviaba su mirada. El ascensor se detuvo y salimos a un gran pasillo. Es la habitación que sigue -dijo- la 714. Mis pasos se hicieron torpes y me detuve frente a la puerta, al hacerlo, me volví hacia él y le di una sonrisa nerviosa. Abrió la puerta y en ese momento no supe si entrar, me dio algo de miedo, pero instantáneamente sentí una mano que tomaba mi cintura y me invitó a entrar con naturalidad. Yo entré adelantándome un poco, me paré junto a la cama y el junto a la puerta, después de cerrarla, muy inseguro de mi mismo le pregunté después de unos momentos de silencio: ¿y ahora qué sigue?. Él me dijo: toma asiento, ponte cómodo, yo mientras traeré esa botella de champán. Me senté. Respiré un poco aliviado, después de todo, si iba a necesitar un trago para hacer lo que estaba a punto de hacer.

Él llegó con dos copas y la botella en hielo, me dio una y me sirvió, luego se sirvió en su copa y se sentó en una silla que estaba a unos dos metros de la cama. Bebí un poco, y él también, nadie dijo nada. Ese silencio me parecía incómodo, porque el me miraba fijamente y parecía notar mi nerviosismo. No me di cuenta de lo rápido que bebí mi copa, y el me dijo: ¿te sirvo más?. Yo le dije que si. Él no se sirvió, seguí tomando su copa.

Yo comencé a decir: sabes, yo soy de... Pero el inmediatamente me interrumpió: sin nombres, seremos dos desconocidos, no quiero saber nada de ti que no sea lo que puedo averiguar en esta habitación, quiero tener a un extraño esta noche. Esas palabras me helaron, en ese momento me dí cuenta de que el quería alguien que hiciera lo que el pidiera, tal como lo hacen las prostitutas, pero su expresión de seguridad me dejó muy en claro que estaba dispuesto a pagar cualquier precio. Antes de que terminara mi segunda copa, él se levantó, caminó lentamente hacia mí, tomó la copa de mis manos y la puso en la mesita de luz, a un lado de la lámpara. Yo aún sentado lo miré con un poco de temor, pero él sonrió y me miró fijamente, entonces supe lo que debía hacer.

Tomé lentamente su cinturón y comencé a desabrocharlo, lo saqué completamente, luego continué con el pantalón y lo bajé hasta los tobillos, tomé sus calzoncillos por el elástico y de igual manera los deslicé, debajo de ellos apareció un pene parcialmente erecto, pero aún así me pareció muy grande, iba acercando mis manos lentamente cuando él se tomó el pene y lo pasó suavemente por mis mejillas, yo lo tomé de las caderas y dejé que continuara acariciando mi rostro con su pene, yo movía mi cara disfrutando en cierto modo de aquella caricia, y entonces con su mano derecha tomó mi cabeza con la nuca y la acercó suavemente hacia su entrepierna, yo abrí la boca y permití que introdujera su falo, comencé a chupar con delicadeza y el emitió un gemido complacido.

Deslicé mis manos hasta sus glúteos y lo acaricié delicadamente, a él pareció gustarle, introducía y sacaba su pene lentamente aumentando la intensidad de sus gemidos. Sacó su pene por completo de mi boca y yo lo tomé con mis manos, comencé a masturbarlo mientras lamía su glande. Yo estaba excitándome, no me parecía para nada desagradable lo que estaba haciendo, al contrario, lo disfrutaba. Entonces se separó un poco de mí y me dijo: desvístete. Yo un poco inseguro, me levanté, caminé lentamente hacia un gran espejo que estaba en la pared, me miré durante unos instantes y dije: sabes nunca he hecho esto. Él me dijo de manera muy tranquilizante y condescendiente: llega hasta donde creas querer llegar. Entonces me quité la playera, desabroché mi pantalón y me lo quité, volví a mirarme en el espejo, vestido solamente con unos calzoncillos negros, los tomé del elástico y de repente, él me dijo:

No te los quites, por favor -añadió-. Yo le obedecí y me quedé parado. Él comenzó a desnudarse sin prisa, cuando terminó lo vi aproximarse a mis espaldas por el espejo, se arrodilló a mis espaldas y colocó sus labios detrás de mi rodilla derecha, justo donde termina el muslo. Comenzó a besarme suavemente y fue subiendo por todo mi muslo, sus manos acariciaban mis piernas de arriba hacia abajo, pasó su boca por mis glúteos y me besó la espalda, tomó mis calzoncillos y los deslizó lentamente hacia abajo, yo levanté primero mi pie izquierdo y luego el derecho para que me retirara por completo la prenda interior.

Cuando terminó, se levantó y me abrazó por detrás, poniendo sus manos en mi cintura, yo pasé mis manos por atrás de él y toqué nuevamente sus glúteos. Él instintivamente me abrazó con fuerza y acercó mi cuerpo al suyo, sentí su miembro en mi trasero y comencé a moverlo lentamente. La sensación que a continuación sentí me absorbió, entre caricias, besos y el roce de su cuerpo detrás del mío le dije completamente excitado: "llegaré hasta el final". Él continuó acariciándome y dijo: "yo también".

Se separó un poco de mi, me dio la vuelta tomándome de los hombros, me abrazó y caminó empujándome hacia el espejo. Cuando mi espalda tocó el frío espejo, pasó sus manos por detrás mío y tomó mis nalgas con firmeza, y sin pensarlo me besó, el beso fue corto pero apasionado, pero yo me quedé inmóvil, nunca esperé que hiciera eso, entonces me dijo: lo siento. Yo lo miré con una sonrisa y lo besé, esta vez el beso fue mucho más largo, acompañado de caricias. Entonces él me tomó de la mano y me dijo, vamos a la cama. Yo asentí con la cabeza y lo seguí.

Cuando llegamos a ella, el se detuvo y me dijo: recuéstate. Yo obedecí y me tendí en la cama boca abajo, con mis pies salidos un poco y levantando el trasero para facilitar la penetración. Él se puso de rodillas nuevamente, metió su mano entre mis piernas y tomó mi pene acariciándolo suavemente, con su otra mano apretó uno de mis glúteos y lo separó dejando expuesta mi entrada. Yo estaba a punto de explotar del placer que esto me producía, pero no sabía que iba a aumentar. Acercó su boca a mi entrada y sentí que me besó con ternura, sus besos se fueron haciendo más intensos hasta que utilizó su lengua para llegar lo más profundo que pudiera.

El éxtasis que esto me produjo me hizo gemir fuertemente, saqué lo más que pude el trasero y con una de mis manos alcancé una almohada, la puse debajo de mi cabeza y entonces comprendí la expresión para referirse a los gays "muerde la almohada", la mordí por el placer que me provocaba. Yo gritaba de placer y el me dijo: "ya no aguanto, voy a entrar en ti, voy a hacerte el amor". Absorto yo dije: "si, si hazlo, hazme el amor!!!". Tomó mis caderas y me empujó para que me subiera por completo en la cama. Yo lo hice entendiendo sus movimientos, él tomó con fuerza mis tobillos y prácticamente me dio vuelta.

Quedé boca arriba con mi pene apuntando hacia el techo, él se abalanzó sobre el y comenzó a chuparlo. Yo que no lo esperaba emití un gemido de placer, pensé que iba a venirme en su boca pero no fue así, se detuvo. Emití un jadeo de cansancio complacido, y el se levantó tomó fuertemente mis piernas y me jaló hacia él. Mi trasero golpeó contra su sexo y gemí nuevamente, rápidamente él tomó mis piernas y posó mis pantorrillas en sus hombros, recargó todo su cuerpo en mis piernas y dijo: "ya no puedo esperar más para tenerte". Con una mano tomó su pene y puso glande en la entrada de mi ano. Yo sabía lo que iba a hacer, me dejé llevar, dejé que me hiciera.

Comenzó a empujar contra mí y yo grité de dolor. Él no se inmutó y continuó, yo seguía gritando, el placer aumentaba y el dolor disminuía. Llegó hasta el fondo. Ahí se detuvo y me dijo: ¿quieres continuar?. Yo extasiado le dije que sí, él dijo: ¡Pídemelo!. Yo no supe que decir, estaba completamente excitado. ¡Pídemelo! -dijo- Pídeme que te haga el amor.

Entonces yo grité: ¡házmelo! ¡cógeme de una vez!. El excitadísimo por mi respuesta comenzó a meterme su miembro lentamente, lo sacaba y lo volvía a meter, yo seguía gritándole: ¡Cógeme!, ¡Cogeme!. él comenzó a hacerlo con rapidez. Así duramos unos minutos hasta que sentí que se venía dentro de mi, sentí un gran placer de sentir esa exquisita lubricación dentro de mi. Unos momentos después, él se detuvo, su pene estaba ya flácido y salió de mi culo, con toda su lechita.
Le tomé la pija y le chupé hasta la última gota...

Nos dimos un gran beso y nos echamos a descansar.

¡quien se acordaba de mi billetera en esos momentos?..

Gracias por leerme.

Autor: Benjammx