Ella se quedó conmigo en la habitación, hablándome mientras yo miraba que ponerme, me contaba todo, pero con un toque de gracia e ironía, me quitaba ese agobio, me daban ganas de invitarla a venirse conmigo, pero ella no querría venirse con ‘niñas’. Se fue al servicio, yo me fui de nuevo con mis amigos a bailar, me bebí el resto de mi cubata de golpe, el alcohol me subió bastante, estaba en mi punto, no iba a beber más, el ritmo se había metido en mi cuerpo. No hay de que Inés, sabes que tú eres mi niña. Fue a la cocina a por algo de beber, trajo un par de vasos de tinto de verano y unas pipas, la tele estaba encendida, había una de estas típicas películas cutres de domingo, por lo que comenzamos a hablar y surgió el tema de la noche del sábado:Inés, si anoche hice algo que te molestara o que hiciera que te sintieras ridícula dímelo, lo siento mucho, iba un poco bebida de tu casa… se puso un poco seria. Desperté a la mañana siguiente con una leve resaca, me di una ducha, me vestí de manera cómoda, comí y le dejé algo de comer a mi madre, me fui a su cuarto y me tiré en su cama:¡y la niña! gritó tapándose la cara con la almohada. Abrió la puerta, estaba perfecta, ni ojeras ni nada, con una sonrisa de anuncio me dijo:bueno entra, que tenemos mucho que hacer… eso me sonó un poco extraño. |