Mi madre cruzó sus piernas por encima de las mías y me atrapó como una ventosa. Mi polla es larga y fina, su chumino calido, húmedo y generoso, de modo que la clavada fue portentosa. Magda tenía un chochito rosadito y encantador y unas tetitas deliciosas. Ese sábado pasé a recoger a mi madre como a eso de las dos y media de la tarde, aunque la boda era a las siete, pero mi madre quería llegar con tiempo suficiente para vestirse en el hotel y charlar con la familia antes de la ceremonia. Mis padres habían reservado habitación en el hotel donde se celebraba el convite, yo en cambio regresaría a Madrid cuando acabase la celebración. Vamos para fuera, te la voy a clavar en tu chochito a la vez que la empujaba hacía el exterior del hotel y nos perdíamos en el jardín. |