Le seguí y entré al agua nadando hasta llegar donde se encontraba mi hijo. Se trataba de un pene de cerca de veinte centímetros pues la mano de Jorge apenas podía abarcarlo por completo. Tengo ganas de darme un buen chapuzón que hace un calor insoportable. Traté de calmarlo buscando hacer el momento lo más natural posible. Sin embargo pensé que la imagen de aquellos cuerpos desnudos no podría ser nociva para un muchacho joven como él. Me quedé con la boca abierta al ver a través de la rendija de la puerta como Jorge se masturbaba lentamente mientras mantenía los ojos fuertemente cerrados disfrutando de sus propias caricias. |