Y bien, esa es la historia. ¡AH! ¡DIOS! ¡ME CORRO! ¡ME CORROOOOO! – aullaba la morenaza mientras se derrumbaba sobre mí mientras yo no dejaba de juguetear con su chocho. Tenía el pelo negro, oscurísimo, teñido sin duda, y la verdad es que estaba bastante buena, aunque sin alcanzar los niveles curvilíneos de su compañera. No – dijo ella en tono bajo – Pero como Natalia se quedaba conmigo…Natalia. Empujando con fuerza, comencé a propinarle certeros culetazos a la espléndida grupa de Nuri, acariciando sus muslos, caderas y senos con mis inquietas manos. Nuri intervino entonces, mirando con sorpresa a su amiga. |