Mi mano buscaba el trofeo que Enrique guardaba todavía bajo su interior, era algo más corto que el mío pero tenía un grosor que hizo que un escalofrío recorriera mi cuerpo de sólo imaginarlo abriéndose camino dentro de mi culo. Con una sonrisa pícara se acercó a mí diciendo que tendría que ayudarme a quitarme la ropa. Llegué a la oficina de Enrique pasada las 7:30 p. Una experiencia que la he vivido al máximo. Enrique tenía acumulada mucha hambre de sexo, ya que se afanaba tragando completamente mis 18cm sin ningún problema. m. |