Ninguna protestó. Pero, eso sí, había una cosa que sí estaba bien de trabajar en las zonas de marcha: las chavalas. Pues eso, que en lo que pasó después, influyó decisivamente el tiempo que llevaba sin echar un kiki. Mientras se corría, llevé una mano hasta sus soberbias tetazas, que estrujé con ganas, pues hasta ese instante no había podido tocarlas. Nuri siguió con sus expertas maniobras, tragando en cada embite un trozo más grande de nabo, acomodando poco a poco su garganta a la talla de mi instrumento. Pues tú verás, mis padres están fuera, así que…Decidí que era hora de dejar de lado al poli malo y probar con el poli bueno. |