Aquello la encendió. No había ninguna duda que la tía era una redomada puta; al menos en ese momento, parecía que habíamos intercambiado los papeles…Se la metió de golpe en la boca y creo que rocé su garganta, pues al volverla a sacar, su respiración se hacía ahogada, pero lejos de amilanarse volvió al ataque ensartándosela de nuevo hasta la campanilla. Lo que me encontré, al despertar, fue con una tarjeta encima de los tres billetes. Menudo interrogatorio. CAPITULO IEstaba el viernes pasado viendo la tele: una serie americana que emitía cierta cadena por cable, especializada en estos bodrios. ¡Qué manera de chupar! ¡Menuda mamada me estaba haciendo!… Ella, al ver que yo me detenía captando miles de sensaciones en un solo punto, apretó mi cabeza para que siguiera con mi ración de nata. |