Venga, métemela. Casi al mismo ritmo con el que mi madre se la chupaba a papá, yo sacudía mi pene. Al contrario de lo que siempre había imaginado, aquello no estaba tan mal. ¿Cómo iban a echarme la bronca por mirar cuando eran ellos los que lo estaban haciendo en un lugar público?Me quedé quieto, bien escondido, a un lado de la puerta. No servía de nada porque mis manos no eran lo bastante grandes como para taparlas pero, aun así, yo lo hice. No hubiese estado mal hacerlo, pero no quería que se me cayese el pelo después. |