¡Pero, Nuri! – exclamó Jamona, que veía cómo sus últimas posibilidades de escapar del lío se esfumaban. Retomando el hilo del relato, estaba sentado en mi auto, esperando turno en la fila de taxis de la parada para coger viajeros. Fue Natalia la que ganó, y no se cortó un pelo en celebrarlo. Nuri, comenzó entonces a estrujarse los pechos, disfrutando como loca de la paja que yo le hacía. ¿Qué coño vas a hacer si la abres? ¿Tirarte del coche en marcha? – le espeté. Mientras, Jamona había deslizado una mano entre los muslos de su amiga, frotándole el coño por encima del pantalón. |