―Bien podrías aparentar diez menos – le dije a modo de cumplido aunque era cierto del todo. Cada vez que arrojaban agua sobre los ladrillos ardientes que colocaban sobre el bancal de piedra caliza el vapor subía a andanadas y el siseo que producían las piedras al emitirlo componía una agradable sinfonía que relajaba aún más porque los esclavos esparcían hojas de menta y eucalipto sobre los ladrillos que liberaban agradables aromas que respirábamos con placer. Sólo es una representación y podrás hacer de esclavo de tu hermana… para ella será como una presentación en la corte…Sheritra se llevó las manos a la boca para ahogar un grito de alegría. ―Mi pueblo… tu pueblo – rectificó al instante –, ha traído cien esclavos libios para ser inmolados en tu altar, Gran Diosa Madre. ―De acuerdo. La arquera comía con apetito. |