Lo mejor es recurrir al: “¿Te acerco a algún sitio?” y dejar que te meta mano en cuanto se sube al coche, siempre aparcado en el rincón más oscuro del parking subterráneo. Esos pechos protuberantes que apenas eran sostenidos por un Wonderbra de lujo, duraron segundos bajo mi vista, porque con su mano, agarrándose a mi nuca empotró mi cara contra ellos sin apenas aire con el que respirar, solo el olor de una hembra en celo que pedía necesitada ser generosamente alimentada. ¿Ves como no se llama Cristina? Cuando me despierto, me da por filosofar. Llámame, tenemos que hablar” manuscrito y la marca del pintalabios enmarcándolo todo. De ahí que nos presentemos como Lydia vs Masu, porque esta historia no surge de la complicidad,. Formaba un bultito muy mono, justo ahí. |