Comételo mi niño, es todo tuyo. Ibamos comentando la película hasta que llegó a una escena bastante subida de tono con lo que ambos quedamos súbitamente callados. Mi hijo fue aumentando el ritmo de sus caricias hasta alcanzar una rapidez endiablada corriéndose al fin en la taza del baño lanzando espesos goterones de semen. Escuché la respiración entrecortada de Jorge el cual se situó entre mis piernas y con las manos apartó a un lado mis braguitas dejando aparecer mi mojada vulva. ¿Y si mi tan ansiada necesidad de compañía masculina no se hallaba realmente tan lejos como imaginaba? Seguramente me consideréis una loca por albergar aquellos pensamientos impuros con mi hijo pero cuando el cuerpo te pide caricias y amor la razón queda en un segundo plano. Dios me corro otra vez. |