Sara asintió. Ante mis ojos apareció una linda morena de gafas y con una postura encorvada que delataba la opresión que sufría día a día. Mi lengua entraba y salía de su interior, sorbiendo los jugos que de ella emanaban. Cuando terminé, aguardé en la cocina a que llegara Sara, pero un chiflido me indicó que quería que fuera. Si esto funciona como piensa Hugo, el lunes que Sara vuelva a la oficina podrá zafarse del yugo que la oprime. Pasado un tiempo ella volvió para retirar la cera y permitir un nuevo intento. |