Me encanta. Turbado al verme sólo con los sostenes entró rápidamente al cubículo de hombres mientras tapaba su gran erección. Su agresividad conmigo había desaparecido y ahora era mi corderito. Entonces iniciaba las fotocopias, mientras hacía como que esperaba durante las pausas de la máquina. Se acercó Jaime y me ofreció un refresco, un zumo natural de los de la máquina. Los pezones se me marcaban sobre la tela humedecida y parecía que fuese desnuda, más todavía, si no llevara nada no habría misterio, así era todavía más excitante. |