¡Aaahhh! – Escapó de mi garganta un agradable gemido de aprobación. Vale – acepté a pesar de todo – pero. Sus jugos sabían extraños para mí, pero me afané en realizar bien aquella faena, mientras Javi seguía arremetiendo contra mí una y otra vez, haciendo que mi lengua se hundiera en el sexo de mi amiga. Con cada embestida de Javi contra mi culo, mi lengua se hundía más y más en el sexo de mi amiga y esta gemía cada vez con más fuerza, hasta que sentí que empezaba a convulsionarse, sus gemidos se tornaron continuos y luego emitió un largo y prolongado grito, señal de que se había corrido, llenándome la boca con sus abundantes jugos. No me costó introducir mis dedos en él y buscar el famoso punto g para acariciárselo. Durante los siguientes dos días estuve dándole vueltas a la propuesta de Javi, sopesando los pros y los contras. |