Y lo hacían. Kamen está perdidamente enamorado de la noble Tajura, una mujer que lo domina hasta el ridículo. Los cincuenta esclavos porteadores que dormían a la intemperie repartidos alrededor del perímetro de la inmensa tienda que al día siguiente deberían levantar y cargar sobre sus maceradas espaldas pudieron escuchar los gritos de pasión de la reina y de la joven arquera. Tan buen punto hube terminado de azotarlo sentí que mi corazón daba un vuelco. Antes del cambio de guardia me presenté ante la princesa que se hallaba ya en sus aposentos, llevando a la pobre sirvienta a la que había torturado por indicación suya. Estaba un poco triste porque no le había dado su hoja de Cadmia para que se recuperase de su servicio de letrina, pero no olvidó las formas y se arrodilló para besar mis polvorientas botas. |