Sexuales, rojos, esperantes. No sé si era la belleza de la escultura, el desnudo de la estatua o que comenzaba ya a notar mi tendencia homosexual, la que hacían saltar las terminaciones nerviosas que circundaban mis genitales, pero cada que vez que miraba esa página mi pene elevaba su tamaño. Parte de ellos son recogidos en el Antiguo Testamento. Gordezuelos, húmedos, quemantes. Además de poder contemplar su bello rostro, como premio adicional, me ofreció contemplara la parte superior de su desnudo pecho y pudiese admirar sus dos oscuras y redondas aureolas resaltando sobre una suave y tostada piel. Para mí ese joven lindo, bello y maravilloso debiera tener por lo menos diez centímetros más de polla, aun estando flácida como aparece en la estatua. |