Asentí con la cabeza, no tenía muchas ganas de hablar. Quitándole el pantalón con ansiedad al paso que acariciaba sus piernas miraba su bulto palpitar bajo un bóxer blanco con guardas negras que le quedaba muy bien. Estaba sacadísimo. Aliviada con el dato le agradecí culminando la conversación. Mi cara se transformó al instante; y como si leyera mi pensamiento me tranquilizó: Descuidá, no te voy a dejar en banda, te traeré una de las mías hasta que esté lista la tuya. Caminamos un importante trecho hasta toparnos con un lugar de descanso, donde había una importante cantidad de banquitos de madera de color blanco que adornaban el sitio junto a unas mesitas haciendo juego. |