Me fijé en los senos de aquel cuerpo modélico. Al rato advertí que mi orgasmo se acercaba, sin embargo decidí no correrme en su interior, sino sobre sus blanquecinos senos. También podría decir, no sin cierta mojigatería, que Cupido flechó mi corazón en cuanto vi a la esplendorosa chica. Ella tenía la cara congestionada por culpa de la incomodidad de la postura que había adoptado, sin embargo él, a juzgar por cómo le chorreaba el sudor, aún acusaba más el esfuerzo. La vida está cargada de vicisitudes y perrerías, de modo que es fundamental encontrar una cómplice auténtica, que te inspire tranquilidad y, ante todo, que destile sinceridad por los cuatro costados. Opté por no interrumpirles y proseguí mi itinerante paseo por la mansión. |