Cariñosos, receptores, ardientes. Aquella superaba a todas las anteriores. En este instante querría follarte. Posé mi vista primero en su cara para volver a recrearme de la armonía de sus rasgos, la descendí luego por el cuello hasta el nacimiento de sus tetillas, mientras mis dientes imaginaban morder sus morenas puntitas, la deslicé después por el liso vientre, donde el hoyuelo de su ombligo atrajo mi atención, siguió hasta donde se iniciaba una carrera de abundante, negro y rizado vello púbico y quedó finalmente parada, absorta y quieta, observando, loco de excitación, donde se juntaban sus piernas y aparecía un duro e inhiesto trozo de viviente carne que empuñaba su mano derecha. Siento tanta admiración hacia esta estatua que si hubiera tenido ocasión de elegir un nombre cuando en la pila del bautismo me impusieron el que ahora disfruto, sé que me llamaría David. Me volvería loco que lo hicieras. |