“Pues falta para eso guarrilla. A estas alturas estaba con la cara roja y le importaba poco como la llamase. También compré unas pinzas para los pezones, un collar ajustado para el cuello con una anilla y un disfraz de asistenta de limpieza que consistía en un tanga negro de hilo dental, unas medias de rejilla, una falda negra muy corta que apenas le cubría las nalgas y abierta por ambas piernas y un pequeño delantal blanco que cubría sus pechos pero la tela era casi transparente. “Lámeme los huevos y el culo zorra”, le ordené y yo comencé a hacer lo mismo con su raja, empapada. Aunque me la mamaba de vez en cuando, nunca me dejó correrme en su boca. “¿Ah si? ¿Y qué vas a hacer para evitarlo zorra?”, le pregunté“Te vas a enterar cuando me desates, capullo”, respondió. |