No eran mujeres salientes (que no salidas) necesitadas de engatusar a un hombre que supiera hacerlas más felices que un impersonal consolador de plástico. Sin embargo, la sonrisa se borró cuando el individuo, en un arrebato de sadismo, comenzó a estrujarle los delicados senos. Había dos gemebundas parejas practicando posturas sexuales inusuales más propias de contorsionistas que de parejas ordinarias, con las que debían de retardar considerablemente el orgasmo, en el supuesto de que acabaran alcanzándolo. La jovencita respiraba con agitación, mientras se ensalivaba los labios con frenesí. Francamente creía que la afluencia de sangre a los tejidos cavernosos de mi miembro, ya había cesado por saturación desde hacía unos inolvidables minutos, sin embargo, mi miembro aún se endureció más. Sin embargo, una despampanante rubia que cruzó junto a mí, dejando a su paso un aura intensa de perfume afrutado (si olía así de bien, cómo sabría) me hizo llegar a la conclusión de que concedería prioridad a atender otros apetitos más lascivos. |