Sexuales, rojos, esperantes. Si lo conseguí totalmente aun no lo sé, tendré que comprobarlo cuando pase un largo tiempo, lo que sí sé, que pasados varios días, aun perdura en mí el recuerdo de aquellos momentos placenteros, cuando alcancé la mayor ensoñación jamás imaginada, que hizo ascender la lechada desde mis testículos al lugar donde se prepara para salir al exterior y el sumo placer carnal y un desmadejamiento del cuerpo cuando el semen salió a borbotones por la punta de mi verga, manchando todas las teclas de mi ordenador, porque no deseé cambiar de posición ante tan importante instante de mi existencia. El nombre y la imagen de aquel niño tan valiente evocaron en mí cerebro infantil la aventura y el arrojo de un jovencito, al que deseé desde entonces, imitar. Las marcadas y negras cejas de mi interlocutor y sus largas y retorcidas pestañas que enmarcaban sus negros ojos, cual endrinas maduras, atrajeron mi atención cuando descansó su mirada sobre el relato que le había enviado y comenzó a leerlo. El jurado aceptaba fotografías de todos los jóvenes menores de veintidós años que quisieran optar a ser elegido el icono de la actual belleza masculina mundial. El escultor que ejecutará la obra en mármol de Carrara, como el de su antecesor, había sido ya elegido por unanimidad, entre los actuales escultores italianos, por un jurado internacional. |