Casado y con un deseo frustrado

Un hombre de 58 años, casado y con un gran deseo de estar en la cama con otro hombre. La necesidad se vuelve deseo, el deseo pasión y la pasión locura.

Ramón tenía 57 años cuando lo conocí en una fábrica de ropa, era un hombre reservado que no hablaba mucho con los demás trabajadores, se dedicaba a su labor y al terminar salía casi corriendo. Al finalizar los tunos muchos, la mayoría de los trabajadores se daban un bañó antes de irse pero Ramón era de los pocos que no lo hacían, por lo menos no ahora pues al principio lo llegué a ver pocas veces y claro, a mí me volvía loco el solo verlo desnudarse.

Parecía ser de esos hombres machos que no les gusta que los vean desnudo pues procuraba no tardarse y siempre volteado hacia la pared. Aún así, se podía observar todo su cuerpo, poco por delante pero por atrás lo mismo estaba hermoso.

Yo procuraba por alguna razón acercarme a platicar algo pero nunca lograba mas que algunas palabras que aveces salían un poco nerviosas, aveces sin fuerza o aveces exasperadas, de la boca de Ramón. Sin embargo poco a poco creía lograr su atención por lo que más insistía yo.

La fábrica y la maquinaria estaba en un proceso de renovación y fue que nos enviaron a un curso como a 7 personas. 3 días de fastidiosos cursos. Lo bueno fue que el último día todo terminó mas o menos a medio día y ya no regresamos a trabajar. Los compañeros organizaron la ida a una cantina pero yo estaba un poco cansado por lo que preferí no ir. Ramón por su parte dijo tener cosas en su casa que realizar así que mientras los otros se dirigían a la cantina nosotros tomamos el lado opuesto de regreso. Fue allí que comenzó la aventura con Ramón.

Para llegar a la parada del camión teníamos que caminar cuatro cuadras, hacía calor, había llovido y las calles estaban con agua, mucha gente. Era un poco difícil caminar en esas condiciones y ya comenzaba a hacer hambre por lo que le propuse a Ramón comer por allí mismo. Me sorprendió su pronta aceptación.

Comimos con calma, platicamos de todo un poco incluyendo las preguntas por mi parte sobre su carácter serio, sus salidas a prisa de la fábrica y muchas otras cosas más. Salimos y tomamos el mismo camión de destino, el tráfico hacia un poco lento el avance y el rozar mi pierna con la suya me provocó una erección instantánea. Nunca lo había tenido tan cerca, nunca lo había sentido y ni me lo hubiera imaginado siquiera, incluso en algún momento perdí las esperanzas de siquiera verlo cuando por allí se escucho un rumor de su salida de la fábrica.

El movimiento del camión permitía que yo acercara más mi pierna y de vez en cuando una mirada hacia su bragueta por supuesto con algo de nervios y cierto temor. Mi erección se sentía más fuerte cuando lograba verle su bulto allí bien acomodado y apretado entre las piernas, era de esos hombres que al sentarse muestran los guevos, el pene o todo junto. Supuse usaría boxers o truzas no apretadas lo que mas acrecentaba mi excitación. De vez en cuando y entre silencio y silencio cuando el miraba por la ventana yo o me acomodaba el pito o me lo sobaba por la molestia de la erección, él más de una vez me descubrió pero nunca dijo nada, al contrario, se le notaba un poco nervioso.

Le dije que en realidad si tenía ganas de una cerveza pero que no me gustaban las cantinas por el ruido. El mencionó que hacía mucho no tomaba cerveza ni nada, que sería bueno un día de estos hacerlo.

-Y ¿porqué no hoy mismo?- le dije.

-No, no creo sea buen día.

-Bueno, para una cerveza no creo que deba haber día bueno o malo o un día especial, total, es una...¿no lo crees?

-Pues sí, tienes razón- y pensando un momento dijo: -a lo mejor ahora que llegue a casa me la tomo.

-Yo pensaba que después del día que tuvimos, la comida y esta platica de camión tal vez aceptaras una invitación a una cerveza, es temprano ¿no te parece?

-Pude ser pero....a ti no te gustan las cantinas.

-Bueno, si no te incomoda podemos ir a mi casa.

Muy animado dijo: órale, lo que no se hace hoy no se hace nunca.

Por supuesto eso retumbó en mi cerebro con todo y un eco interminable y pensé: "asi es Ramoncito, si no es hoy no es nunca"

Bajamos del camión, el calor aumentaba y el deseo mio más. Caminamos algunas cuadras y llegamos a la casa.     Le pedí se sentara mientras yo iba a sacar las cervezas. La imágen que me encontré al regresar la tengo aun grabada en mi mente, en mi memoria. Ramón sentado con las piernas abiertas y descansando sobre el respaldo del sofá, sus ojos cerrados con las manos atrás sosteniendo su cabeza. La barriga esplendorosa y presionada parecía pedir la dejaran salir pues la posición haciendo presión sobre su camisa blanca y los últimos botones, pegados a su bragueta parecían querer ser arrancados y de entre ellos algunos pelos negros lograban asomarse. La bragueta hacía curvatura hacia arriba escondiendo en inicio de la abertura y abajo, allí abajo, un bulto que me dejo sin aire. Se lograba percibir el tamaño de sus bolas que no eran nada pequeñas y casi, casi por encima del pantalón se marcaba la cabeza redonda del tronco que al igual que las bolas parecía nada chico.

Me quedé sin aire, trague saliva, mi verga volvió a levantarse en segundos interminables, la saliva se me atoró cuando en un impulso infantil quise aventarme y agarrarle ese bulto hermoso pero mi mirada subió hacia su cara que parecía de un hombre dulce, sin malicia y eso calmó un poco mi ansiedad.

Con voz ahogada logré hablarle y se acomodó en su asiento, sus ojos estaban un poco rojos pues al parecer en esos minutos había logrado dormitar, parecía cansado. Le tendí la cerveza y me senté enfrente. El no articulaba palabra y parecía aún mas nervioso, incluso algo mencionó de querer irse pero sin mucho afán y mucha insistencia. No tuve que convencerlo de nada por que ni el estaba convencido de querer hacerlo por lo que percibí. Sorbimos el primer trago y un ahhhh de la ronca garganta de mi amigo salió desde la profundidad.

-Hacia ya muchos meses que no tomaba cerveza- dijo- creo ya la necesitaba.

-Pues ¡salud!.

-¡Salud!- dijo haciendo su cuerpo hacia adelante para acercar el vaso al brindis. El primer brindis de muchos que habría en el futuro.

-Espero no te moleste si te dejo un momento solo, ¿sabes?, pensé tendría cerveza pero solo hay otras tres, salgo rápido a la esquina y vuelvo ¿te importa?- le dije con un poco de fastidio haciendo mueca de descontento y apenado.

-No que va, adelante, solo permíteme usar tu baño.

- ¡¡¡Claro!!! -dije- solo que no tiene puerta por que fui por el carpintero para que viniera a hacerle una reparación y me dijo que no podían que no había nadie a quien dejar en su local así que me ofreció llevársela para arreglarla allá lo que no me importó viviendo solo. Espero no te incomode usarlo así. Mira -dirigí mi mano haciendo seña de donde estaba- allí esta.

-No, no te preocupes dijo levantándose un poco con trabajo, por el tamaño de barriga y dirigiéndose al baño.

Era deleite mirarlo por donde fuera, su cuerpo grande, espalda ancha, su caminar lento pero firme, bueno, todo era espectáculo para mí.

No tuvo que abrir puertas si no solo abrirse la bragueta y sacar su tronco para orinar, si se escondió un poco por que el excusado estaba hacia el lado derecho por lo que si se ponía de frente quedaba de perfil mostrándose todo, el baño es muy pequeño.       Yo me quedé en silencio escuchando el chorro, hasta eso me excitaba y hasta envidia me entró del excusado que en esos momentos podía ver la verga de ese viejo hermoso, podía verlo como sacaba orín y me imaginaba yo allí agachado en el lugar del excusado viendo como expulsaba su semen en mi cara, en mi boca.

Me sacó de mis pensamientos cuando volteando con dificultad la cabeza preguntó:

-¿Siempre has vivido solo?

-Eh...no -respodí- viví aquí mismo con mi novia pero tuvimos problemas y decidió irse, hace ya cuatro años de eso.

-Y ¿no has tenido otra novia desde entonces?

-En realidad pasé por un momento muy difícil de mi vida, decisiones un poco radicales lo que cambiaron el rumbo de mi vida y creo así estoy mejor, claro, aveces me siento un poco solo pero pasa ¿no crees?

-No se, yo llevó viviendo muchos años con mi mujer aunque sí, aveces se siente la soledad y no entiendo por que -respondió y luego hizo una pausa para seguramente sacudirse el pito lo que me llevo a otros pensamientos imaginando esa verga tomada por su gruesa mano restregándomela por los labios, ofreciéndomela para chuparla, dándome algunos golpecitos en los cachetes, en la boca.

Cuando terminó pude ver como se subía el cierre y como se acomodaba su miembro por sobre el pantalón lo que me provocó un suspiro que él por supuesto escuchó.

-Parece que con lo que te pregunté te llegaron recuerdos tristes, perdona- me dijo

-No, es solo que...-no supe que decir- me quedé pensando que debe ser hermoso vivir con la persona que se quiere y estar a su lado por muchos años.

-No te creas, es difícil cuando no se tiene todo lo que uno desea.

-Y ¿eso que significa? acaso ¿no eres feliz? ¿te falta algo? -le inquirí

Note también su nerviosismo regresar con lo que levantando su vaso volvió a decir salud. Puse algo de música no sin antes preguntar por sus gustos, lo dejé unos minutos para ir por cerveza y así seguimos entre risas nerviosas, platica de la fábrica, los compañeros, las relaciones y muchas otras cosas hasta que llegó el momento que ya estábamos mucho mas relajados y riendo con mas soltura. Me habló de su vida, de sus amigos, de sus aficiones y algo de sus necesidades. de sus hijos, esposa incluso algunas cosas un poco íntimas.

El era un hombre como muchos del barrio pero se le veía siempre limpio, casi elegante en su ropa humilde. Ese día usaba un pantalón de un gris Oxford, camisa muy blanca y sus lentes de costumbre.

Yo cada que podía miraba el bulto que aparecía y desaparecía en sus movimientos, algunas veces se lo acomodaba como muchos hombres lo hacen, cosa nada elegante pero que me vuelve loco. Digo, la sexualidad tampoco es elegante.

En una ida al baño que me tocó lo note de nuevo nervioso por lo que me propuse averiguar el por que su nerviosismo y tal vez provocarlo un poco, creo ya comenzaba a imaginarme cosas mas allá de las posibilidades pero esto sucede a menudo cuando hay mucho interés por una persona y cualquier movimiento extraño ya nos parece que son señales que nos envían. Como fuera, decidí comenzar.

Comencé el juego de acomodarme también el pito y cuando lo hacía volteaba a ver a otra parte, alguna vez lo sorprendí mirándome allí mismo. No pregunté, solo seguí. Ayudó mucho que ya comenzábamos por sentirnos mas que mareados. Cuando la siguiente vez que fue al baño regresó con la bragueta un poco abierta, no se si por descuido, por el efecto de la cerveza o por que así lo quiso él, solo se que a si me provocó otra erección que ya no oculté pero si disimulé algo. Así se mantuvo y por los movimientos la bragueta comenzó por abrirse más y mas y más hasta casi estar por completo abierta. Yo casi me venía de solo pensar que allí, a poco, estaba escondido algo muy valioso y que deseaba con ansia ver, tocar, oler, saborear...la verga, la verga de un macho que además de ser hombre me gustaba mucho. Se levantó a no recuerdo que y oh sorpresa, de la bragueta salía en forma de bulto muy bien formado su calzoncillo igual blanco, el bulto que se formaba hacia que la bragueta se abriera mas por que allí mismo estaba todo.

No sabía que decir, me quedé mudo, estupefacto, acariciándome la verga sin casi darme cuenta. Tragué y tragué saliva, mi corazón palpitaba mucho más de lo normal. Era un tormento tenerlo allí, con la verga casi ofreciéndose y yo sin poder hacer nada. Me volvería loco si seguía esa situación. No podía hablar, no sabía que decir. Por cosa divina, por magia o que se yo me vino a la mente un dicho que en México se dice en esas circunstancias.

-Oye Ramón -volteó con todo su cuerpo diciendo solo un ¡eh!- o te subes la bragueta o me la bajo yo para andar iguales- continué

-Digo, no es justo, debemos andar parejos -y solté una risa forzada.

-El sin más rió fuerte y dijo- pues bájatela.

No esperé nada, me levanté a la velocidad de un rayo y me bajé la bragueta mientras él no perdió de vista el acto viendo por supuesto mi erección lo que lo turbo un poco.

-Y ¿eso?- preguntó señalando con la mirada

-¿Qué?- me hice el desentendido

Di la vuelta rápido y me senté. El siguió entre pensativo y mirándome...decidió ir al baño de nuevo. Regresó con la bragueta cerrada pero con un bulto mucho más grande. Se sobó un poco, se sentó, se levantó de nuevo, soltó una carcajada y otro silencio profundo. No entendía y le pregunté que que pasaba.

-Tengo miedo- dijo

-Miedo ¿de qué? -le seguí

-A todo, a mi vida, a...no haber vivido lo suficiente.

Entendí lo suficiente como para saber que su vida no era como él hubiera querido y que algo le faltaba, no estaba seguro si era sexo con hombres o no pero era obvio que no era feliz. El disco terminó y aumento el silencio. Nadie dijo nada en minutos. Cuando le hablé pregunté por la posibilidad de ayudarlo, de ofrecerle lo que pudiera hacer por él. Me miró directamente a los ojos y dio otro trago a la cerveza. Estaba tan concentrado pensando, o desconcentrado, que se yo, que algunas gotas cayeron a su camisa. Le indiqué con el índice las manchas y poniendo el vaso sobre la mesa de centro soltó una maldición queriendo limpiar las gotas lo que solo acrecentó las manchas. Le pedí la camisa para enjuagarla.

Con movimientos lentos y un poco torpes se fue desabrochando cada botón lo que para mí era un espectáculo hermoso; ver como se descubría esa barriga despacio, el pecho con pelos blancos en medio y los pezones abultados coronados por pelos negros, largos. El movimiento lento, la barriga que iba a pareciendo de a poco, más pelos negros adornando una panza increiblemente gruesa, grande, abultada. Se saco los faldones y se acomodó para sacarse las mangas. Tomé la camisa sin dejar de mirarlo, de admirarlo. Fui corriendo y quité las manchas, regresé y lo encontré sobándose la barriga.

-Si tomo otra cerveza seguro exploto- y rió de su propio chiste al que acompañe con una risa mas que de ganas por el solo gusto de verlo reir.

La tensión al parecer había desaparecido, seguimos tan normal como al inicio. Por el comentario y por necesidad le ofrecí un trago de tequila que aceptó con alivio por cambiar, ya no cabía mas cerveza. Fue momento de una tercera ida al baño y ya no lo dudé mas, decidí que mis pensamientos se harían actos. Al escuchar el chorro le dije que yo también me orinaba y que era urgente y le pregunté si le importaba que orinara ya mismo, dijo lo también común en estos casos. Que un mexicano nunca orina solo y se sonrió. Me acomodé a su lado pero por más que intenté no pude ver nada, solo chorro y más chorro. Se cubría bien con su mano. Yo no podía comenzar, la erección impedía salir el agua por lo que force mucho mi estómago. Cubrí mi erección lo más que pude mientras el estaba por terminando. Acomodó un poco su mano y se sacudió mientras comentaba algo que no puse atención por estar concentrado en ver su tronco. Entonces mirando fijamente hacia esa parte y le pregunté:

-¿Te ayudo?

Al momento de decir, a mitad de palabras estire mi mano y tomé por primera vez un pedazo de verga arrugada, grande, gruesa...pude sentir su consistencia, el olor parecía percibirlo con mi mano. Al instante el se retiro hacia a tras y salió del baño.

Cuando salí él ya había tomado su camisa y se la había puesto, yo estaba muy nervioso y pedí una disculpa tonta. Solo dijo:

-Me tengo que ir- y salió

Yo me quedé con mucha verguenza, con pena, con tristeza, con calentura. Muchas confusiones pero sobre todo con mucho miedo de lo que sería la siguiente semana de tener que verle a la cara.

Dos horas pase sentado lamentándome del hecho cuando tocaron la puerta. Eran ya las 8 de la noche. Con mucha molestia y enfado me levanté a abrir. Entendí menos y me confundí más. Venía despeinado, fumando (nunca lo había visto fumar) y con una botella en una bolsa.

_¿Puedo pasar?- preguntó

-Claro. claro, adelante.

Un vientecito frio entró por la puerta antes de cerrarla. Miré a Ramón que estaba parado sin decir palabra. Lo invité a sentarse mientras traje dos vasos limpios.

De allí la platica fue corta para lo que siguió.

Sigue la segunda parte...

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