Bueno, los dejé gozando. Sin pararme a analizarlo, porque no había necesidad de hacerlo, esperé lo que venía a continuación. Alberto, o estaba demasiado concentrado para socorrerme, o había decidido que cada quien viera por sus asuntos durante el encuentro. En un primer instante sentí algo de miedo, pero de inmediato intuí que en el fondo era lo que quería y esperaba, sexo duro y para nada contemplativo. Carlos era ingeniero informático y tenía su propia empresa de administración de software, Alberto relató parte de su rutina como contador – auditor de una empresa dedicada a fabricar dulces y galletas; y por último, Helena y yo hablamos de la importancia de las tareas domésticas, y de los vicios comunes de nuestros esposos como: convertir la sala en un cesto de ropa sucia, comer en la cama, y pasar los domingos viendo los juegos de fútbol de toda la semana religiosamente grabados. Esta es nuestra historia. |