Lo haces muy bien. Observé con satisfacción como las miradas de más de un hombre e incluso de alguna jovencita se quedaban fijas en mi desnudo cuerpo admirando mis duras tetas apuntando hacia delante. Especialmente quedé prendada con un joven mulato de unos treinta años que poseía la verga más enorme que jamás había visto. El paisaje era típicamente mediterráneo. Pero Jorge, no seas tonto. Cada vez que expulsaba aquella soberbia verga del interior de mi insaciable boca allí se encontraba mi compañera para brindarme sus cálidos labios los cuales se unían a los míos besándonos con suavidad. |