Ni siquiera me despedí. Entonces dirigió una de sus manos a mi entrepierna y empezó a jugar con mi chocha. Estaba triste, confundida, porque nunca lo había visto así, con esos gestos, con esa calentura. Y cuidado con hacerlo mal, porque si no te pego una bofetada que te mande bien lejos. No recuerdo nada después de eso, ni siquiera recuerdo haber visto a mi novio cuando salí de aquel lugar. Los días siguientes no podía quitar de mi cabeza la imagen de mi novio disfrutando de aquella chica en el night club. |