Dímelo putita, me arremetía. El llegó al filo de media mañana, tocó el timbre y mi pulso se aceleró, al principio dudé pero la insistencia del timbre me hizo reaccionar y salí a abrir el portón, el solo me miró y me dijo que venía por el abono, le franquee el paso y el se dirigió a la sala, se sentó y me pidió agua, a lo cual acudí, cuando tomó el vaso me miró fijamente, como admirando lo que tenía al frente de el y que una vez fue suyo y seguramente pensaba tomar de nuevo. De pronto mi marido se paró y dijo que iría por su cartera para dar el pago inicial, aunque yo sabía que siempre la carga con el, se subió a la planta alta y me dejó sola con el vendedor, empezó a hacerme plática trivial, pero observaba que bajaba la vista cada que podía, me mostró un catálogo de ropa de mujer y me lo acercó, yo me estiré para agarrarlo a lo que mis piernas se abrieron un poco mas y creo que vio algo mas por que enseguida bajó la vista a ellas. La primera que me puse uno de esos hilos, fue un martirio al principio, me sentía incómoda con un pedazo de tela entre mis nalgas, que además eran amplias y se tragaban todo ese pedazo de tela, salir con el así fue torturante al principio pero una vez ya acostumbrada a sentirme prácticamente desnuda de las nalgas empecé a sentir cierto morbo, de andar entre la gente y sentir mi desnudez de las nalgas, aunado a eso el aprovechaba ciertos momento en que nadie veía y me acariciaba las nalgas. Un primer orgasmo fue el resultado de sus acometidas, aun no me reponía y ya estaba de nuevo agitando mis caderas buscando mas penetración, mientras me acometía empezó a decirme frases soeces, me decía que era una perrita caliente, una señora insatisfecha que el me llenaría, eso lo tomaba como un aliciente a mi excitación. me sugirió que me las probara, pero le dije que estaba algo sucia y no estaba preparada como para hacerlo y el me dijo que si quería podía bañarme rapidamente y el esperaba, me convenció y subí a bañarme, regresé ya limpia, solo con un ligero vestido, normal, sin ser corto ni esco |