¡Espera!. Solo un pensamiento se abría paso en su cerebro: Aun no, todavía no. ¡Hola! soy Carlos, el encargado de esta sección. Aprovechando su proximidad Carlos hundió su nariz en el hueco que deja el final del cuello y el principio de la clavícula ¡Humm, hueles deliciosamente! volvió a susurrarle en el oído a Helena. Con manos expertas Carlos se deshizo de las minúsculas bragas y con dedos magistrales fue describiendo círculos sobre el clítoris de ella para luego introducir dos de ellos suavemente en su vagina sintiendo la tibieza y humedad del interior inmediatamente. Aquello empezaba a tomar un cariz de lo más extraño, pero a Helena no le importaba; algo en él la incitaba a dejarse llevar y simplemente esperar el momento siguiente. |