Ambos gimieron placenteramente. Perfecto, vamos para allá pues. Estaba sedienta de sexo. Se puso sobre mí, con sus piernas entre las mías y su polla rozando mi sexo. La miré a los ojos esta vez, en su cara se dibujaba el deseo y le pregunté:¿No es la primera vez que haces esto, verdad Barbie?Mi amiga negó con la cabeza, luego, cogiéndome de las pantorrillas tiró de mí, para que situara mi culo más al borde del sofá y así pudiera acceder más fácilmente a mi ya húmedo sexo. Como él me había indicado, yo lo había dejado todo en sus manos, sabía que podía confiar en él. |