El caso es que con el toqueteo que me hacía con su mano me puse super cachondo y me emocioné pensando en cumplir mi sueño de aquel entonces de echar un polvo. Qué malo tenía después de todo, ella era mayor que yo en edad y no parecía disgustarle los juegos con mi pito como ella decía. ¡Eres un sol! afirmó dándome otro beso. Eso sí conseguí bajárselo un poco y verle los pezones, pequeños y sonrosados, luego se lo volví a poner. ¡Oh, yo creo que muy bien! exclamé anonadado. También le miraba sus muslos pues los tenía un poco abiertos y su carne asomaba morbosamente. |