Vamos a tener que castigarte…Asustado, el tontorrón de Fernando empujó a los chicas y salió corriendo de la habitación. Es usted un hombre inteligente y atractivo. Estaban usadas —el olor lo constataba—; una tenía la letra S bordada, mientras que la otra la letra M. Fernando se dirigió mareado a la cocina. Fernando cerró los ojos y pensó en las dos ninfas, la una ocupando el puesto de la fea, y la otra bajándose las bragas para sentarse sobre su cara. —No bromee con esas cosas —dijo de repente, triste y apocado, con un tono serio, al tiempo que bajaba los ojos en lo que parecía un reflejo ocasionado por la vergüenza del momento, pero que era, en realidad, la fuga al terrible hedor que desprendía la boca de aquella porcina mujer—, se lo ruego. |