Era mi invitada, ¿cómo no?, que miraba mi pito mientras lo señalaba y riéndose decía: tu pito. Lo había visto hacer en las pelis porno, por fín me estaba comiendo un coño, un poco peludo pero no me importó. Luego la vestí y quité las sábanas, las metí en la lavadora y las tendí cuando acabó. En mi mente deseé follármela aquella misma noche, pero no podía, pues mi madre podía volver en cualquier momento, así que decidí saciar mi sed de caricias. ¿Cuantos años tienes? pregunté yo inocentemente. La madre se fue para cambiarse y volvió ataviada con una blusa bastante transparente y unos shorts que me pusieron en alerta. |