Dejas la guarnición, cierto, pero nadie te echa. Los ciudadanos del pueblo de Asuat, con sus Reinas a la cabeza, han sido y son mis hijos predilectos y es por ello que los protejo y los hago fuertes, inexpugnables. Quedó sorprendida de la extrema suavidad de las plantas de los pies de su soberana. —Cuéntame, bribón. Apenas probé bocado lo cual debió alegrar a los esclavos de la casa porque comían nuestras sobras. Le conté que un heraldo había traído invitación de palacio a mi hermana para asistir ese año a las fiestas privadas de su majestad en honor de las venusiadas. |