No me pude despedir como es debido. Levantó un poco el elástico de su braguita y la fresa fue a parar a donde yo quería tener metida la lengua con tanta transpiración, se me estaba secando la boca. Eso sí, sobándome la polla de paso, que ayuda mucho a soltar la lengua. Levantó un poco el elástico de su braguita y la fresa fue a parar a donde yo quería tener metida la lengua con tanta transpiración, se me estaba secando la boca. Hay un detalle que me indica, si ningún género de dudas, el carácter de la clienta: su reacción a la hora de plantarse delante del mostrador del hotel y pedir la habitación. ¿Ya dije que soy un eterno adorador de mujeres? Pues eso, ahí estaba yo dándole vueltas a la cabeza, y a una taza de café, observando a Ekaterina, una preciosa rubia caucásica de ojos azules que estaba al otro lado de la barra de aquella cafetería, atendiendo el aluvión de peticiones que le hacían los clientes, en plena hora punta de los chupatintas que bajan a tomar “el cafelito de las 10”. |