A sus 18 años Marta se había convertido en toda una belleza. Esa noche dormí mejor que nunca antes y con una gran sonrisa en los labios, era un cornudo que se había follado a su preciosa hija, que más podía pedir. Recuerdo perfectamente la excitación del momento pero los detalles están borrados por el alcohol. ¿Por qué dices eso? le pregunte, evadiendo a la vez el tema. Después de aquello sabía que sería difícil no repetirlo, y además Marta seguro que no me dejaría no hacerlo. Me sorprendió que ella se hubiera dado cuenta de lo que pasó, mi hija era más avispada aún de lo que pensaba, ya que por muchas cosas que le contara su madre no creo que le hubiera dicho que me había excitado viéndola, aún así quise asegurarme. |